miércoles, 28 de diciembre de 2011

Un año más ante el espejo

Publicado hoy en El Periódico de Aragón
Francisco Mora, neurocientífico y profesor de­­­­­­­­­ Fisiología Humana en la Complutense de Madrid y en Iowa, nos invita en su libro El yo clonado a colocarnos ante el espejo en una situación algo más que insólita: contemplar nuestra cara en el espejo a los setenta años tras no haberla visto desde que teníamos veinte. La impresión emocional no solo sería mayúscula ante la visión de un ser extraño, aviejado y deteriorado, sino que probablemente no nos reconoceríamos, pues nos habríamos quedado con la imagen guardada cuando teníamos veinte años.
El hecho es que cada día nos miramos varias veces en algún espejo, aun sin el menor asomo de narcisismo: vamos al cuarto de baño por la mañana, encendemos la luz y la mirada se dirige generalmente al espejo, donde nos miramos también al cepillarnos los dientes, afeitarnos, maquillarnos, lavarnos las manos, peinarnos, etc. De paso, nos reconocemos y vamos sedimentando nuestra identidad, a la vez que integramos cada día los cambios, la cara ensanchada o alargada con los años, las arrugas, las cicatrices y las huellas del tiempo en esa identidad que queremos expresar cuando decimos “yo mismo”.
El espejo atestigua silenciosamente el paso del tiempo sobre nosotros. Sin embargo, también la mirada de los demás y hacia los demás cumple esa función. La mirada ensambla la imagen guardada del amigo en pleno vigor y juventud o del compañero con el que jugábamos con la imagen de ese amigo o ese compañero por el que el tiempo ha ido dejando huellas profundas. Nos sorprendemos de su imagen cuando llevamos mucho tiempo sin verlo y algo similar producimos cuando los demás nos ven tras un prolongado periodo de tiempo y su mirada se detiene en nuestra cara, nuestra piel, nuestras manos o nuestras canas.
Nos volveríamos locos si no nos identificásemos ante el espejo, si no lográsemos reunir en una sola identidad la imagen de nuestra madre joven y esa madre anciana que ahora tenemos ante los ojos. Seríamos unos inadaptados si no aceptásemos que también los demás observan todo lo que hemos ido cambiando a lo largo de los años. Hay personas que viven en la ficción de que el tiempo se ha detenido y han obtenido el secreto de la eterna juventud. De paso, se aplican pociones mágicas anti-edad y actúan como si su vida hubiese conseguido una prórroga sin término. Para esas personas, mirarse en el espejo puede llegar a ser una tortura, a la vez que un ejercicio diario de negación de lo que ven.
Por eso mismo buscamos gente en nuestro entorno que nos devuelva con su mirada la imagen apetecida. Las amistades y los colegas con quienes nos relacionamos no vienen desde el azar, sino desde la necesidad de quedar recíprocamente reflejados según nuestros deseos en la mirada del otro. En cada situación los demás nos devuelven una determinada identidad, que podemos aceptar o rehuir, y por esa misma razón los demás nos buscan o nos evitan, e incluso nos ensalzan o denigran. Al final el mundo es un inmenso poliedro de espejos en cuyas superficies nos vemos reflejados, aunque también podemos sucumbir a la tentación de cerrar los ojos o dirigir la mirada solo hacia donde no creamos dañadas nuestras conveniencias.
Hay otro espejo, interior, sujeto también al transcurrir del tiempo, desconocido para muchos por usarlo raramente. En ese espejo la imagen reflejada son nuestras convicciones y valores, nuestras horizontes y metas irrenunciables, nuestras posibilidades y limitaciones. A veces se nos rompe ese espejo, pero podemos siempre recomponerlo. En ese espejo recobramos la identidad más honda, la serenidad y la quietud, la firmeza en la zozobra, la indulgencia que alivia la fiebre, la palabra y el silencio, el placer y la alegría.
Dentro de unos días acabará un año y empezará otro. Repetiremos un año más la ficción de que nos es posible borrar a discreción los fantasmas pretéritos y confiar en que el año por empezar será venturoso y nuevo, pero los espejos serán los mismos: la mirada del otro, nuestra mirada hacia el mundo y los demás, la mirada en el espejo de cada día en el cuarto de baño de casa. Incluso alguno se adentrará en su espejo interior y contemplará allí los daños, los sueños, las heridas abiertas y los tesoros que siguen habitando dentro y confiriendo a sí mismo la identidad más veraz, en ocasiones también dolorosa.
Empieza otro año y te deseo cordial y sinceramente desde esta página donde cada miércoles te dirijo la mirada que los demás te asocien a un espejo amable y acogedor, que cuentes con muchos espejos amigables y cálidos, que busques cada día contemplarte con sosiego y sin prisas en ese espejo interior que debes procurar que no mienta, que no castigue y sobre todo que también te acaricie cuando lo necesites.






jueves, 22 de diciembre de 2011

Denuncia de Europa Laica



EUROPA LAICA DENUNCIA QUE EL JURAMENTO Y LA TOMA DE POSESIÓN DE LOS CARGOS INSTITUCIONALES ANTE SÍMBOLOS NETAMENTE CONFESIONALES POR PARTE DEL JEFE DE GOBIERNO, MARIANO RAJOY, Y DEL NUEVO GOBIERNO ESPAÑOL Y ANTE EL JEFE DEL ESTADO, VULNERAN EL PRINCIPIO CONSTITUCIONAL DE LA ACONFESIONALIDAD DEL ESTADO Y SUS INSTITUCIONES


La toma de posesión de su cargo por parte del nuevo Presidente del Gobierno, D. Mariano Rajoy, y de los ministros entrantes vulnera el principio constitucional de la aconfesionalidad del Estado, sus instituciones y sus representantes, al haberse efectuado ante símbolos confesionales (en concreto, un crucifijo católico y un libro considerado sagrado en el judeocristianismo) y mediante un juramento igualmente de signo confesional.  
El Estado de un país realmente democrático ha de garantizar el ejercicio pleno de los derechos y las libertades en total libertad e igualdad de condiciones, sin discriminación ni privilegios a ningún sector privado de la ciudadanía. En este marco, las instituciones y los representantes de un país realmente democrático han de garantizar el cumplimiento del derecho fundamental de la libertad de conciencia, que atañe a toda la ciudadanía por igual.
 El derecho universal a la libertad de conciencia de la ciudadanía ampara, respeta y es garante de las opciones ideológicas, organizaciones y asociaciones pertenecientes al ámbito privado de la ciudadanía (del que forma parte la libertad religiosa y de culto). Por ello mismo, Europa Laica declara que el Estado y sus instituciones deben poner incondicionalmente de manifiesto que su ámbito de competencia y acción es exclusivamente el público, común a toda la ciudadanía, debiendo abstenerse de que lo público se vea invadido o contaminado por actos, creencias, símbolos y ritos de carácter confesional, vulnerando así también el principio constitucional de igualdad de todos los ciudadanos, sin discriminaciones o privilegios democráticamente  injustificables. 
Por otro lado, dado que la actual Jefatura del Estado, la corona española, además de parlamentaria, arrastra abiertamente la tradición de autoproclamarse católica y estar impuesta por el régimen anterior a 1976, aunque en su día llegara a formar parte del consenso constitucional de una parte de los políticos de la época, Europa Laica considera que ha pasado ya suficiente tiempo para que el pueblo y la ciudadanía, en quienes reside la soberanía, tengan la oportunidad efectiva de decidir democráticamente la forma de Estado, aún más si nos atenemos a la opacidad de la institución, a su carácter hereditario, y a su carácter fácticamente confesional. De esta forma, en un considerable número de actos institucionales (entre ellos, presidir la toma de posesión de los miembros del Ejecutivo español) se vulnera igualmente el principio constitucional de la aconfesionalidad del Estado y de sus instituciones (en este caso, del Jefe del Estado mismo).
Europa Laica rechaza, en fin, que cualquier acto público institucional por parte de las instituciones y los representantes del Estado vulnere sistemáticamente el principio constitucional de la aconfesionalidad del Estado, el derecho fundamental de libertad de conciencia de toda la ciudadanía y el principio constitucional de igualdad, sin discriminación alguna.

Divertido e inocente

martes, 20 de diciembre de 2011

Dignidad y verdad frente a calumnia


A publicar mañana en El Periodico de Aragón
La Audiencia Provincial de Madrid confirmó la semana pasada la condena a Miguel Ángel Rodríguez, portavoz del Gobierno durante la Presidencia de Aznar, por injurias al médico Luis Montes, ex coordinador de Urgencias del Hospital Severo Ochoa de Leganés. Según la sentencia, Rodríguez deberá pagar una multa de 30 euros diarios e indemnizar con 30.000 euros por llamar "nazi" al doctor Montes en varios programas de televisión. Ante esa sentencia, cabe la pregunta de si determinados tertulianos y presuntos periodistas aprenderán finalmente a evaluar y hablar con respeto y educación.
Quien conozca al doctor Montes, quien se haya ocupado de informarse verazmente sobre lo sucedido en el hospital Severo Ochoa de Leganés, quien haya leído el libro El caso Leganés, quien se proponga obrar con la razón y el corazón en lugar de solo con y por las vísceras más viles, tiene todo el derecho de formarse su propio criterio sobre el derecho a morir dignamente, decidir libre y responsablemente sobre la propia vida y su acabamiento, auxiliar al paciente terminal a evitar el dolor y no prolongar innecesariamente sus últimos días.
Como común denominador está el reconocimiento de que quien ha de dirimir el plazo y la forma de afrontar una muerte digna es la persona misma, el enfermo mismo. Este principio rector es el que impulsó al doctor Montes y a su equipo a la hora de aliviar los momentos terminales de una persona, movidos por los valores de humanidad, cercanía y medicina positiva, en vez de ensañamiento terapéutico y abandono del enfermo a los designios de terceras entidades, terrenales o celestiales.
Tengo el honor y la fortuna de conocer personalmente al doctor Montes y a algunos médicos y personal sanitario más del equipo de Leganés, y solo me cabe decir que el mundo iría y sería mejor si nos fuésemos pareciendo más a ellos, si compartiésemos su talante y su amor por la vida y por los seres humanos. Es posible disentir de sus posturas y actitudes, pero en ningún caso es de recibo olvidar la responsabilidad de un tertuliano o periodista en un medio de comunicación y verter sobre otra persona injurias y calumnias graves, escudándose, como hace Rodríguez, en que una tertulia es también y sobre todo una especie de show en el que se pide a los tertulianos que sean “vivos, locuaces y agresivos”.
Dice Ortega y Gasset que la verdad es siempre indecente, pues, acudiendo al concepto clásico griego de verdad como aletheia, la verdad consiste en des-tapar, des-ocultar, des-cubrir, pero esa ocurrente visión de la verdad como indecencia nada tiene que ver con la sordidez, la grosería, la desvergüenza y el cinismo demagógico que llevan a tachar a unos médicos honestos de nazis y asesinos.
Nos hemos acostumbrado a padecer en los últimos años los malos humores de la derechona hispanovisigótica, cada vez más militante también en los medios de comunicación. En cuanto aparece algo o alguien que tienen por disidente montan la bronca como ambiente general entre la ciudadanía. En las dos últimas legislaturas ha sido habitual esa bronca en el Congreso y el Senado, en el seno del poder judicial, en las tertulias, en las calles, en las manifestaciones. El doctor Montes y su equipo de Leganés no iban a ser menos, claro.
La derechona se siente a gusto si y solo si vocifera contra un presunto enemigo que se sale de sus lindes y esquemas, lanzando contra él cuantos exabruptos, embustes y calumnias se le pongan a mano. Por eso tiene ahora un problema, pues de la habitual bronca sistemática debe pasar a gobernar y proponer en positivo.
Ahora debe manifestar su postura ante lo que antes se limitaba a invalida o liquidar. Ahora debe explicar a la ciudadanía cómo salir del paro y crear puestos de trabajo, qué hacer con los movimientos independentistas vascos y la consolidación del fin de la violencia, cómo van a sacarnos de la recesión a base de recortes, cómo afrontar la corrupción sistémica en el entramado de las instituciones y cargos públicos del Estado, qué será de los derechos laborales, cívicos y sociales conseguidos hasta ahora, hacia dónde nos lleva la privatización de los recursos más rentables del Estado, cómo se relacionará con Cataluña si ha recurrido su Estatut ante el Constitucional, cómo puede invocar la democracia, la igualdad y la equidad con su postura institucional ante la negación de Amaiur como grupo político en el Congreso, si prohibirá el matrimonio homosexual, qué decir a la Conferencia Episcopal católica sobre el aborto y sobre las tradicionales manifestaciones católicas, apostólicas y romanas por parte de una considerable parte de su más fiel electorado en defensa de la familia y en contra del aborto, etc.
Ah, y también la derechona ha de poner de manifiesto qué va a decir a una persona que ha decidido libre y responsablemente vivir y morir con dignidad.

Lo que diga Moody´s


jueves, 15 de diciembre de 2011

miércoles, 14 de diciembre de 2011

¿Hacia dónde salta Europa?


Leíamos el otro día que las decisiones adoptadas en la Cumbre de jefes de Estado de la UE en Bruselas eran “un salto para la Europa del euro”, pero la noticia no aclaraba hacia dónde se daba ese salto y si también es posible que estuviese saltando incluso hacia alguna suerte de abismo. Se nos ha presentado el evento como una derrota de la “pérfida Albión” y un triunfo de los demás países europeos, pero cuando uno se pone a escarbar encuentra pocas razones reales para estar demasiado contento.

Aunque a nuestros gobernantes se les llena la boca de buenas intenciones de crear empleo, finalmente los montes han parido un ratón que poco o nada tiene que ver con la propaganda oficial. Repiten que solo se puede crear puestos de trabajo si se cuenta con la confianza de los únicos y verdaderos dioses del universo, los “mercados”, para lo que previamente hay que reducir el déficit y la deuda pública. Callan, sin embargo, que la deuda pública española es menor que la de otros países supuestamente boyantes (de hecho, está por debajo de la media europea).
Silencian asimismo que la deuda que grava la economía española es la privada, principalmente la de los bancos, que los Gobiernos convierten en publica por medio de organismos, creados por decreto-ley, como el Fondo para la Adquisición de Activos Financieros (FAAF) o el Fondo de Reestructuración Ordenada bancaria (FROB), instrumentos de rescate del sector financiero. Como botón de muestra, el 45% de la deuda soberana española pertenece a los propios bancos españoles, y los acreedores de los dos tercios del 55% restante son establecimientos financieros europeos, no españoles. Es decir, el 77% de tal deuda española ha sido adquirida por entidades financieras europeas, y sólo el 23% restante se halla en manos de establecimientos no europeos. En otras palabras, la deuda verdaderamente preocupante en España es la bancaria, que, por ejemplo, en 2012 deberá pagar 200.000 millones de euros a otros bancos europeos. ¿De qué Europa y de qué deuda nos han estado hablando entonces en Bruselas la semana pasada?
Lo cierto es que el nuevo y pingüe negocio de “los mercados” es la deuda, a través de cuya emisión se financia y recapitaliza a los propios mercados, mientras ellos mismos especulan con el aval del Estado. Cuando leemos en grandes titulares “Europa, ahora o nunca”, resulta difícil saber a qué Europa se están refiriendo y qué significado real tiene ese ultimátum. ¿Volvería hoy el Consejo de Europa a decidir como himno de Europa el An die Freude de Schiller y la Novena Sinfonía de Beethoven? ¿Su bandera tendría aún doce estrellas como símbolo de perfección, unidad y completitud? ¿Su lema seguiría siendo “unida en la diversidad”, sin que sonara a demasiado sarcástico?
En realidad, somos víctimas de un verdadero terrorismo financiero, manejado por “los mercados”, es decir, por los grandes bancos y compañías de seguros, etc. que juegan al Monopoly con fondos especulativos de inversión, de pensiones, fondos soberanos, fondos de alto riesgo, etc., que han conducido finalmente a esta quiebra económica y moral, llamada ahora “crisis”.
Si se sigue escarbando, puede verse que las “medidas de ajuste” se reducen, de hecho, a 1) la “flexibilización (llamada también ¡”modernización”!) del mercado laboral (sin rubor alguno, la ciudadanía trabajadora ha mutado en pura mercancía); es decir, contratos basura y despido barato y libre; 2) la bajada de salarios (no de beneficios) y 3) la merma constante y progresiva de los derechos laborales, sociales y cívicos.
Ni una palabra, en cambio, de aumentar los impuestos de las rentas con mayores ingresos, de eliminar las ventajas fiscales de las rentas de capital que han obtenido beneficios sustanciosos, de nacionalizar las grandes empresas privatizadas en el pasado, de establecer un impuesto a las transacciones financieras (la economía real anual en el mundo crea una riqueza (PIB) de unos 45 billones de euros, mientras los “mercados” mueven capitales por un valor de 3.450 billones de euros: 75 veces lo que produce la economía real).
¿Por qué no empiezan por recortar, por ejemplo, los 10.000 millones de euros que percibe anualmente la iglesia católica del erario público, o los 30.000 millones de euros (3% del PIB español) que nos cuestan los “programas  especiales de armamento”, con la consiguiente deuda del Gobierno español por 26.000 millones que no puede pagar o los 400 millones anuales que cuesta mantener operativas esas armas? ¿Por qué las televisiones públicas, cargadas de deudas año tras año y costeadas con el dinero público de toda la ciudadanía,  pagan millones y millones de euros por participar en los derechos televisivos de la Liga española de fútbol y de la Champions League?
¿Quién puede creerse ya que salimos ganando si cada vez estamos más empantanados en una Europa dirigida por los mercados y los mercaderes, en detrimento de la ciudadanía?






domingo, 11 de diciembre de 2011

Mentira repetida


La gran regresión

Artículo de I. Ramonet publicado en Le Monde Diplomatique

Está claro que no existe, en el seno de la Unión Europea (UE), ninguna voluntad política de plantarle cara a los mercados y resolver la crisis. Hasta ahora se había atribuido la lamentable actuación de los dirigentes europeos a su desmesurada incompetencia. Pero esta explicación (justa) no basta, sobre todo después de los recientes “golpes de Estado financieros” que han puesto fin, en Grecia y en Italia, a cierta concepción de la democracia. Es obvio que no se trata sólo de mediocridad y de incompetencia, sino de complicidad activa con los mercados.
¿A qué llamamos “mercados”? A ese conjunto de bancos de inversión, compañías de seguros, fondos de pensión y fondos especulativos (hedge funds) que compran y venden esencialmente cuatro tipos de activos: divisas, acciones, bonos de los Estados y productos derivados.
Para tener una idea de su colosal fuerza basta comparar dos cifras: cada año, la economía real (empresas de bienes y de servicios) crea, en todo el mundo, una riqueza (PIB) estimada en unos 45 billones (1) de euros. Mientras que, en el mismo tiempo, a escala planetaria, en la esfera financiera, los “mercados” mueven capitales por un valor de 3.450 billones de euros. O sea, setenta y cinco veces lo que produce la economía real…
Consecuencia: ninguna economía nacional, por poderosa que sea (Italia es la octava economía mundial), puede resistir los asaltos de los mercados cuando éstos deciden atacarla de forma coordinada, como lo están haciendo desde hace más de un año contra los países europeos despectivamente calificados de PIIGS (cerdos, en inglés): Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España.
Lo peor es que, contrariamente a lo que podría pensarse, esos “mercados” no son únicamente fuerzas exóticas venidas de algún horizonte lejano a agredir nuestras gentiles economías locales. No. En su mayoría, los “atacantes” son nuestros propios bancos europeos (esos mismos que, con nuestro dinero, los Estados de la UE salvaron en 2008). Para decirlo de otra manera, no son sólo fondos estadounidenses, chinos, japoneses o árabes los que están atacando masivamente a algunos países de la zona euro.
Se trata, esencialmente, de una agresión desde dentro, venida del interior. Dirigida por los propios bancos europeos, las compañías europeas de seguros, los fondos especulativos europeos, los fondos europeos de pensiones, los establecimientos financieros europeos que administran los ahorros de los europeos. Ellos son quienes poseen la parte principal de la deuda soberana europea (2). Y quienes, para defender –en teoría– los intereses de sus clientes, especulan y hacen aumentar los tipos de interés que pagan los Estados por endeudarse, hasta llevar a varios de éstos (Irlanda, Portugal, Grecia) al borde de la quiebra. Con el consiguiente castigo para los ciudadanos que deben soportar las medidas de austeridad y los brutales ajustes decididos por los gobiernos europeos para calmar a los “mercados” buitres, o sea a sus propios bancos…
Estos establecimientos, por lo demás, consiguen fácilmente dinero del Banco Central Europeo al 1,25% de interés, y se lo prestan a países como, por ejemplo, España o Italia, al 6,5%… De ahí la importancia desmesurada y escandalosa de las tres grandes agencias de calificación (Fitch Ratings, Moody’s y Standard & Poor’s) pues de la nota de confianza que atribuyen a un país (3) depende el tipo de interés que pagará éste por obtener un crédito de los mercados. Cuanto más baja la nota, más alto el tipo de interés.
Estas agencias no sólo suelen equivocarse, en particular en su opinión sobre las subprimes que dieron origen a la crisis actual, sino que, en un contexto como el de hoy, representan un papel execrable y perverso. Como es obvio que todo plan de austeridad, de recortes y ajustes en el seno de la zona euro se traducirá en una caída del índice de crecimiento, las agencias de calificación se basan en ello para degradar la nota del país. Consecuencia: éste deberá dedicar más dinero al pago de su deuda. Dinero que tendrá que obtener recortando aún más sus presupuestos. Con lo cual la actividad económica se reducirá inevitablemente así como las perspectivas de crecimiento. Y entonces, de nuevo, las agencias degradarán su nota…
Este infernal ciclo de “economía de guerra” explica por qué la situación de Grecia se ha ido degradando tan drásticamente a medida que su gobierno multiplicaba los recortes e imponía una férrea austeridad. De nada ha servido el sacrificio de los ciudadanos. La deuda de Grecia ha bajado al nivel de los bonos basura.
De ese modo los mercados han obtenido lo que querían: que sus propios representantes accedan directamente al poder sin tener que someterse a elecciones. Tanto Lucas Papademos, primer ministro de Grecia, como Mario Monti, Presidente del Consejo de Italia, son banqueros. Los dos, de una manera u otra, han trabajado para el banco estadounidense Goldman Sachs, especializado en colocar hombres suyos en los puestos de poder (4). Ambos son asimismo miembros de la Comisión Trilateral.
Estos tecnócratas deberán imponer, cueste lo que cueste socialmente, en el marco de una “democracia limitada”, las medidas (más privatizaciones, más recortes, más sacrificios) que los mercados exigen. Y que algunos dirigentes políticos no se han atrevido a tomar por temor a la impopularidad que ello supone.
La Unión Europea es el último territorio en el mundo en el que la brutalidad del capitalismo es ponderada por políticas de protección social. Eso que llamamos Estado de bienestar. Los mercados ya no lo toleran y lo quieren demoler. Esa es la misión estratégica de los tecnócratas que acceden a las riendas del gobierno merced a una nueva forma de toma de poder: el golpe de Estado financiero. Presentado además como compatible con la democracia…
Es poco probable que los tecnócratas de esta “era post-política” consigan resolver la crisis (si su solución fuese técnica, ya se habría resuelto). ¿Qué pasará cuando los ciudadanos europeos constaten que sus sacrificios son vanos y que la recesión se prolonga? ¿Qué niveles de violencia alcanzará la protesta? ¿Cómo se mantendrá el orden en la economía, en las mentes y en las calles? ¿Se establecerá una triple alianza entre el poder económico, el poder mediático y el poder militar? ¿Se convertirán las democracias europeas en “democracias autoritarias”?
(1) Un billón = un millón de millones.
(2) En España, por ejemplo, el 45% de la deuda soberana lo poseen los propios bancos españoles, y los dos tercios del 55% restante, los detentan establecimientos financieros del resto de la Unión Europea. Lo cual significa que el 77% de la deuda española ha sido adquirida por europeos, y que sólo el 23% restante se halla en manos de establecimientos extranjeros a la UE.
(3) La nota más elevada es AAA, que, a finales de noviembre pasado, sólo poseían en el mundo algunos países: Alemania, Australia, Austria, Canadá, Dinamarca, Francia, Finlandia, Países Bajos, Reino Unido, Suecia y Suiza. La nota de Estados Unidos ha sido degradada, en agosto pasado, a AA+. La de España es actualmente AA-, idéntica a la de Japón y China.
(4) En Estados Unidos, Goldman Sachs ya consiguió colocar, por ejemplo, a Robert Rubin como Secretario del Tesoro del Presidente Clinton, y a Henry Paulson en esa misma función en el gabinete de George W. Bush. El nuevo presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, fue también vicepresidente de Goldman Sachs para Europa de 2002 a 2005.

Ignacio Ramonet – Consejo Científico de ATTAC España







  


  

sábado, 10 de diciembre de 2011

Del corrimiento hacia el azul y los agujeros negros


 Publicado hoy en ATTAC España

Léese en el portal de la UE que su bandera está formada por doce estrellas doradas dispuestas en círculo sobre fondo azul. Allí se explica también que el número de estrellas no tiene nada que ver con el número de estados miembros: hay doce estrellas porque ese número simboliza tradicionalmente la perfección, lo completo y la unidad (de ahí 12 signos del Zodiaco, 12 apóstoles, 12 dioses griegos principales, 12 tribus de Israel, 12 meses del año, etc.).
Hoy parece cada vez más certera la predictiva visión de los creadores de esa bandera para que el fondo fuera azul: el espectro de la radiación europea (y mundial) se desplaza cada vez más hacia el azul, y menos hacia el rojo. Sin embargo, obviaron que no todas las estrellas son iguales: las hay enanas, gigantes, rojas, blancas, amarillentas, de neutrones, cuásares…, y que ninguna de ellas es perfecta y completa, pues nacen y mueren como todo lo demás en el cosmos, y que tampoco tienden a la unidad, pues se engullen unas a otras, si no se esfuman antes como una bola de algodón de azúcar.
No previeron tampoco que la bandera podría quedar hecha un día un guiñapo por la explosión de una supernova: incapaz la UE de desarrollar más reacciones en su núcleo, se ha estado contrayendo sobre sí misma, y está a punto de colapsar, por que estamos en un tris de saltar todos por los aires. De hecho, no es otra cosa lo que ahora está ocurriendo: “los mercados” están llevando al colapso el sistema donde hasta ahora hemos habitado y ahora viajamos hacia ninguna parte que no sea donde nos digan los mercaderes.
De paso, nos está saliendo en el trasero otra estrella en forma de agujero negro que todo lo engulle y deja a cualquier ciudadano de a pie al otro lado del horizonte de sucesos. Se nos está muriendo una estrella que creíamos gigante y roja, y sobre un fondo inmaculadamente azul nos va dejando en cueros vivos, incluso sin luz y sin luces. El sector financiero europeo se ha merendado en poco más de dos años (2008-2010) 1,6 billones de euros de dinero público (3.200 euros por ciudadano de la UE). A su vez, el sector financiero hispano-visigótico se ha zampado 146.000 millones en el mismo período. Enfermos de la más preclara de sus virtudes, la codicia, especularon hasta la saciedad a costa de la ciudadanía y han seguido especulando después, cerrando a la vez el grifo crediticio a familias y empresas. Pretendieron recapitalizar la banca, ayudarle a cubrir sus activos tóxicos con el dinero de todos (13% del PIB europeo), mas no sirvió de nada, pues son los amos del cotarro, y ya se sabe, los señores de los mercados van a lo suyo. A cambio, la UE a refundar dejo en 11.700 millones (la mitad del año anterior) destinados a la economía real y a ayudas directas.
Los mercaderes llaman a esto “refundación de la UE”, pero en realidad es solo la encarnación rediviva del timo del tocomocho, por el que nos hicieron creer que éramos sumamente afortunados y ahora nos encontramos que tenemos unas estampitas muy bonitas llamadas “euros”. De momento, solo en este rincón de la galaxia mercantil denominado España cinco millones de parados contemplan cómo las medidas refundadoras de la UE son la merma ininterrumpida de los derechos sociales, económicos, laborales (englobados en lo que hasta ahora se llamaba “estado de bienestar”), la “regulación” (llamada también ¡”modernización”!) del empleo (más barato a la hora de contratar y despedir al trabajador) y desaparición progresiva de todo lo que suene a público, especialmente la sanidad, la educación y las pensiones.
Sobre el mismo fondo azulón, algunos se susurran al oído que tal refundación implicará una “pérdida de soberanía” de los países miembros, como si el pueblo no hubiese perdido ya su soberanía a manos de los mercaderes. Merkel y Sarkozy son dos mandados más: un día perderán las elecciones, les sucederán otros y las cosas seguirán exactamente donde y como estaban. Standard&Poors, así como el resto de las agencias de calificación, no dejan de ser unos cuatreros extorsionistas que viven a costa de la carroña que van dejando por las cunetas y actúan al dictado de sus amos.
Sobre un inamovible fondo azul, siempre nos quedarán París y una buena zambullida final en el agujero negro de ese pozo ciego refundado apodado Unión (¡!) Europea (¡!).



Esta, y no otra, es la realidad


Sobre la corona


miércoles, 7 de diciembre de 2011

Purísima Constitución


El calendario marcaba 7 de diciembre de 1585. Los Tercios españoles, cercados por las tropas del almirante Holak en los Países Bajos, se encontraban en una situación casi desesperada, apenas sin víveres y ropas secas. Sin embargo, viendo que no se rendían, el almirante holandés hizo abrir los diques de algunos ríos, por lo que a los Tercios no les quedó otro refugio que un montecillo de nombre Empel. Y como el cielo siempre ha manifestado su predilección por España, la pala de un soldado español que cavaba una trinchera dio con una tabla flamenca con la imagen de la Inmaculada Concepción, signo inequívoco de los favores divinos por llegar al corto plazo. En la madrugada del 8 de diciembre un viento gélido congeló todas las aguas que rodeaban la isla, los Tercios atacaron por allí al enemigo y obtuvieron una gloriosa victoria: había nacido “el milagro de Empel”. Desde entonces, la Infantería española, heredera de los Tercios, tiene por patrona a la Inmaculada Concepción.
Desde hace siglos la Inmaculada concepción ha sido fiesta de guardar en todos los reinos de su Majestad Católica, es patrona de numerosas localidades y comarcas e incluso en Toledo es tradición que su alcalde (el último, el socialista E. García-Page) jure publica y solemnemente “delante de Dios omnipotente (..) defender que la Virgen María fue concebida sin pecado original”.
Otra cosa es que  se sepa qué es eso de la Inmaculada o la Purísima Concepción. El punto de partida es que hubo una primera pareja de la que descendemos todos los humanos y que cometió un pecado primero,  “original”, fuente de todos los males de la humanidad y que todos y cada uno de los seres humanos contraemos al ser concebidos por nuestros padres. Este punto de partida es incontrovertible, pues, si no, no tendría explicación que un bebé sea bautizado en el catolicismo para lavar su “mancha original” y renunciar a las pompas del demonio. Tampoco tendría explicación la creencia de que Jesucristo murió en una cruz para salvarnos de “todos los pecados”, también y principalmente del pecado original de un ser inocente que muere antes de tener conciencia de sí y de su libertad. Ese pecado original acarreó la muerte, el trabajo, el sufrimiento, el dolor al parir, las “tendencias pecaminosas”. Y por eso mismo, porque dios no podía consentir que la madre del divino Jesús de Nazaret naciese con ese pecado y esa proclividad al mal, realizó el milagro de que ella fuese concebida sin mancha o pecado alguno, incluido el original, ni fuese víctima de las malas inclinaciones que acarrea. La Inmaculada Concepción nada tiene que ver, pues, con esa otra creencia católica de que Jesús fue concebido sin intervención de varón y su madre mantuvo intacto el himen antes, durante y después del parto.
España tiene como festivo el 8 de marzo (conmemorativo del milagro de Empel en beneficio de los Tercios de Flandes) desde 1644. Que cada persona se crea o no se crea el mito del pecado original y el dogma católico de la exención divina de dicho pecado en beneficio de María de Nazaret es una cuestión estrictamente personal, que merece el mismo respeto que cualquier otra creencia dentro del derecho a la libertad religiosa y de culto, integrante del derecho a la libertad de conciencia, común a toda la ciudadanía. Que en pleno siglo XXI tal creencia sea aún día festivo en el calendario civil de un país cuya Constitución declara que ninguna confesión tendrá carácter estatal es un despropósito. Que la Infantería de las Fuerzas Armadas españolas, institución pública del Estado, conserve como patrona a la Inmaculada Concepción está en abierta contradicción con el principio constitucional de la aconfesionalidad del Estado y sus instituciones. Que los Colegios Oficiales de Farmacéuticos y las Facultades de Farmacia, estas últimas igualmente instituciones públicas del Estado, la tengan asimismo como patrona, es un anacronismo y contradice el antedicho principio constitucional, respectivamente.
Desde el respeto a todos los credos y ritos confesionales, la consecución de un Estado realmente laico y aconfesional constituye una de las asignaturas pendientes más importantes en nuestro país, pues es la única vía adecuada para garantizar a la ciudadanía el libre ejercicio de sus derechos, en el marco del derecho inalienable a la libertad de conciencia y de la plena igualdad, sin privilegios ni discriminaciones.
De hecho, cualquier privilegio (la iglesia católica disfruta de muchos, gracias al Concordato franquista aún vigente desde 1953 y los Acuerdos de 1979) es incompatible con el derecho universal de ser iguales ante la ley y disfrutar de todos los demás derechos sin discriminación por motivos de nacionalidad, raza, creencia, sexo o cualquier otro motivo.
Hoy, a caballo entre el Día de la Constitución española y una celebración de carácter confesional, es preciso reafirmar el principio constitucional de la aconfesionalidad del Estado y sus instituciones.





viernes, 2 de diciembre de 2011

Pues sí...


El Valle de los Caídos debe seguir tal como está


Publicado hoy en El Periódico de Aragón

Una gigantesca cruz de 150 metros de altura, cuyos brazos miden 46 metros, es visible a decenas de kilómetros de distancia del Valle de los Caídos. Allí están hoy enterrados J.A. Primo de Rivera, fundador de Falange española, y el general golpista y dictador hasta su muerte, Francisco Franco, quien mandó construir ese monumento de estética y significado netamente fascistas. Allí están sepultados decenas de miles de españoles (centenares de ellos sin el consentimiento de sus familiares), muertos en una delirante y criminal guerra civil, que terminó con la democracia y la República española.
            Decenas de miles de prisioneros republicanos trabajaron allí con el obligado señuelo de la redención de penas (¡penas por cometer el delito de defender el orden constitucional!), excavaron 200.000 metros cúbicos de roca, sufrieron y murieron, para que los vencedores erigieran una basílica de 262 metros de longitud, regentada (cómo no) por monjes de la SICAR (Santa Iglesia Católica Apostólica Romana). Allí está enterrado desde 1975 el criminal mayor, el “sapo iscariote”, como escribió León Felipe Camino. También allí se congregan cada 20-N los nostálgicos de la barbarie.
El hasta ahora ministro de la Presidencia, Ramón Jáuregui, ha rogado que no se meta en un cajón un informe elaborado por unos peritos, donde se propone una reconversión del Valle de los Caídos en un “centro de meditación” y de “memoria reconciliada”. Los que se van han tenido ocho años para hacer lo que no han hecho. Los que vienen dicen que hay asuntos más urgentes en España, lo cual, además de ser verdad, anuncia que no tienen la menor intención de hacer algo. La SICAR, como siempre, no sabe/no contesta: Rouco Varela se limitó a retirar sin más explicaciones de la comisión a su obispo representante.
Franco decretó la construcción del Valle de los Caídos para “...perpetuar la memoria de los caídos de nuestra gloriosa Cruzada [...], los heroicos sacrificios que la Victoria encierra y la trascendencia que ha tenido para el futuro de España esta epopeya”. El Valle de los Caídos es un monumento del fascismo y la dictadura, que nadie venga, pues, con desodorantes y maquillajes, pretendiendo cambiar lo que no debe ser cambiado.
Eso me recuerda la visita que realicé a inicios de los 70 al campo de concentración de Dachau, aprovechando que pasaba por una carretera secundaria del norte de Baviera muy cercana del campo. Dachau era y sigue siendo un inequívoco lugar para la memoria de la brutalidad nazi, sin más aditamentos. En Dachau no hay nada ni nadie que reconciliar, sino solo que ver, mirar, recordar y quedar sumido por unas horas en el horror y la zozobra. Dachau, como Treblinka, Mauthausen, Auschwitz y tantos otros campos de concentración, están conservados para mantener la memoria nuda, sin edulcorantes ni moralinas.
Hay quien ha pedido colaboración para tal “reconversión” del Valle de los Caídos a la SICAR, la mayor suministradora de la ideología que mantuvo al régimen fascista del bando rebelde. ¿Habrá leído alguna vez, por ejemplo, la “Carta Colectiva del Episcopado español a los obispos del mundo entero” de 1937? ¿Cómo pedir colaboración para reconciliar al pueblo a quienes justificaron un levantamiento militar contra la legalidad constituida, a quienes condenaron en vida y a muerte a decenas de miles de seres humanos en nombre de su cruzada contra el comunismo, el judaísmo y la masonería?
El Valle de los Caídos es un monumento fascista, construido desde y por el nacionalcatolicismo, que aspira a ser por decreto lugar de “memoria reconciliada” en un país donde la verdadera memoria ha sido negada y obstruida.  Que le pregunten, si no, a Baltasar Garzón cómo le ha ido en su investigación de los crímenes de la represión franquista. Que les pregunten también a tantas personas que trabajan incansablemente por restituir memoria y tumba dignas a tantos asesinados por el franquismo.
Hace escasos meses la oposición tuvo que exigir aún que Millán Astray deje de ser definitivamente “hijo predilecto” de A Coruña. ¿Es eso memoria reconciliada? Quien propugne asimismo memoria reconciliada, puede ir denunciando el Concordato de 1953 –jamás derogado- y los Acuerdos de 1979 entre el Estado español y el Estado del Vaticano, pues solo puede conseguirse un marco real de convivencia entre todos los ciudadanos españoles sobre la base de una democracia real y de un Estado aconfesional y laico.
El Valle de los Caídos debe quedar como está, con su mastodóntica cruz y sus basílicas y grutas, como monumento a la barbarie y el fanatismo. Así, los hijos de nuestros hijos y los nietos de nuestros nietos tendrán ocasión de ver con sus propios ojos lo que nunca se debe ser, lo que jamás debe hacerse y consentirse.

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