lunes, 27 de junio de 2016

Diario de un profeflauta motorizado, 736. Es una simple fotografía


Ya acabó todo. El PP triunfa y vence. La historia interminable. España, camisa blanca. Hemos disfrutado de cinco minutos de gloria en el colegio electoral y de sorpassos en los días anteriores. Ahora son ellos quienes vuelven a tenernos en sus manos durante cuatros años más. Menudo negocio...
Vuelvo a recurrir a la teoría de la fotografía:  hoy tenemos una fotografía exacta de este país, nos guste o no nos guste. Podemos mirarla o no, romperla o tenerla en cuenta, pero la realidad que refleja es la que es. Este es mi país hoy. Soy ciudadano hasta el último día de mi vida, ciudadano de este país y del mundo. Ayer, mientras iban apareciendo los resultados electorales, emergía una fotografía que no me gustaba. Pero la miré. Aquí está. No me gusta un pelo. Pero esto es lo que hay. No hay más. La democracia es una mierda. La democracia no sería tal si no hubiese medios en manos de los que son, propaganda, mentiras… Aun en el supuesto de que hubiesen ganado los de mis simpatías políticas (los que menos antipatías me suscitan).
Es una fotografía en un país donde la corrupción embota todos y cada uno de los agujeros del cuerpo, donde crece la miseria y la precariedad, donde todos estamos constipados del airazo que producen tantas puertas giratorias. Aguardan cuatro años más de recortes, de desigualdad social creciente, de prepotencia de los dictados de la Troika, del Íbex35, de todas las heces que viven y mueren tranquilamente en Españistán. No pasa nada. Nada de nada. Y quien no lo crea, que mire la fotografía.
Una fotografía es una fotografía: muestra lo que ha captado en una situación y un momento determinados, refleja exactamente lo que hay. Las fotografías de la vida reproducen fielmente qué hay y qué no hay en nuestro acontecer cotidiano. Es un error hacer ahora como que no existe o no se ve, que nunca ha existido, o distorsionar la imagen, o que aparezca borrosas o veladas.


¡Qué fotografía! El ratoncito sale de la madriguera, recorre mi espalda y se pone a comer un envoltorio de magdalena que se me cayó ayer en la cocina. Magdalena de mi entrañas. Ratoncillo de mi alma. Mi vida, mi vida, mi vida…
Es un ruido sordo, puntual como la luz de cada día. Son arañazos en cada rincón del cerebro. Está a pocos metros, quizá centímetros, pero se limita a permanecer quieto, paralizado, calado de incertidumbre, también de pesadumbre. Aquel ruido (rac, rac, rac, rac, rac, rac...) es la fotografía de mi propia vida. Lo que en realidad roe es mi cerebro y mi corazón.

rac, rac, rac, rac, rac, rac. rac, rac, rac, rac, rac, rac. rac, rac, rac, rac, rac, rac. rac, rac, rac, rac, rac, rac. rac, rac, rac, rac, rac, rac. rac, rac, rac, rac, rac, rac. rac, rac, rac, rac, rac, rac. rac, rac, rac, rac, rac, rac. rac, rac, rac, rac, rac, rac. rac, rac, rac, rac, rac, rac. rac, rac, rac, rac, rac, rac.



domingo, 26 de junio de 2016

Diario de un profeflauta motorizado, 735, Las circunstancias de una urna


Voté. Esta mañana. Siguiendo todo el ritual. Paso a paso. Todo ha quedado grabado entre las cañas del cañaveral. Una rana croa y croa: -13, -12, -10, -9, -8, -7, -6… La rana sonríe al sol y al leve cierzo de la jornada. Beethoven le invita por la tarde a tocar para ella sola la Novena. “-0”, croa la rana. Y Beethoven siente y comprende. La Novena…

La rana ha entrado a votar bien entrada las diez de la mañana. “Colegio La Milagrosa”, se lee en la pared central del colegio electoral. A ese colegio hemos de ir todos y todas, si queremos votar. Nos toca el Colegio La Milagrosa. “Ninguna confesión tendrá carácter estatal”, dice el artículo 16.3 de la sacratísima Constitución española, recuerda la rana. “Otra mentira descomunal más de este falsario sistema”, croa la rana. Hace de tripas corazón y entra. Hay que votar. Hay que ejercer el derecho a votar de la ciudadanía.

Pero la rana no puede acceder al Colegio La Milagrosa. Las ranas en silla de ruedas no pueden acceder porque una rampa tramposa le invita y le impide pasar, a la vez. Sin embargo, la gente es buena: policías, interventores, curiosos y otras ranas del cañaveral que andaban por allí empujan y empujan hasta conseguir acceder a la falsaria planta baja del Colegio La Milagrosa.

Ya está dentro la rana. ¡Bien! Y sus ojos saltones como los de un hipertiroideo se van topando con esculturas y dibujos de todo tipo. “Adrede”, masculla para sus adentros la rana, “lo hacen adrede”.

Jesucristos en su trono mostrando corazones sin arterias coronarias. Vírgenes. Angelitos. Dibujos infantiles, a modo de Dumbos, Dálmatas o Bambis, muestran a un cura y a una monja (creo que antes del nombre llevan algo así como “San”), que deben de ser sus fundadores. Encuentro los nombres en el web del Colegio La Milagrosa: San Vicente de Paul y Santa Luisa de Marillac. Sigo leyendo: el Colegio quiere ser “un centro coherente con su identidad Vicenciana que sea reconocido por la educación y vivencia de la Fe”. La rana se dice a sí misma que allá las familias que llevan a sus hijas e hijos a ese Cole de identidad Vicenciana, pero al menos la jornada electoral un colegio electoral ha de ser laico (no antirreligioso ni anticlerical, sino laico). La rana siente como si le empezara a crecer pelo en aquel lugar, aunque finalmente descubre que no es pelo, sino un molesto sarpullido. La rana quiere salir de allí pitando.

Misma operación de bajada con la silla de ruedas de la rana. Mismos policías, interventores, curiosos y otras ranas del cañaveral hacen ahora de freno para que la rana no se rompa la crisma con semejante desnivel. Se pregunta la rana si esa rampa forma parte de la identidad Vicenciana de la que habla el web del Colegio La Milagrosa. Pocos niños en silla de ruedas se matricularán allí. Y pocos gitanos y pocos niños y niñas maleducados y marginales, de familias de inmigrantes de baja estofa y quinquis. Leo en Wikipedia que el fundador de la citada congregación religiosa se dedicó sobremanera a niños pobres, expósitos, abandonados… De ahí nace ni más ni menos que las “Damas de la Caridad”. O sea, parecido al Colegio La Milagrosa y similares.

Ya está fuera la rana. Se toma un cortado. Se da una vuelta por el barrio. Encuentra a Ricardo, un buen hombre, encargado de un restaurante cercano a su casa. “¿Qué, ya has votado?”, le pregunta la rana por si las moscas. “Por supuesto”, contesta Ricardo. “¿A Vox?”, insiste la rana. Ricardo no sabe qué es eso, por lo que aclara: “A Ciudadanos. Pero, vamos, votaría a cualquiera salvo a los demonios esos de Podemos”.

La rana croa y croa hasta su casa. -13, -12, -10, -9, -8, -7, -6…



Buena pregunta


Diario de un profeflauta motorizado, 734




Dentro de un rato, voto. Toda una apuesta, un compromiso por que otro mundo es posible, por que la utopía (lo óptimo) es posible y necesario. El Cañaveral viene a grabar el último croar de una rana. Me dice esa rana que se lo toma como un acto de amistoso acompañamiento del concierto monotonal de ese batracio. Nuestros hijos, nuestros nietos quizá no sepan nunca de esas apuestas y esos compromisos de este viejo, pero ante la urna estaré pensando en ellos, principalmente en ellos.

No sé si será mucho pedirles desde su pasado, hoy, que hagan lo mismo con las generaciones que les seguirán. Esa urna adquiere pleno sentido solo en ellos y con ellos y para ellos. Su futuro vive hoy en mí como viven en mí la pasión y la noche cerrada. En sus miradas encuentro la calma tranquila del grito dormido, al igual que reposan mis sueños inquietos en sus vidas por hacer. Ese voto para el Congreso y ese otro para el Senado juegan en la cálida nieve de sus almas en flor y truncan en mi boca toda vana palabra. Sueño hoy que les llega un rescoldo rebelde que pronto quizá se apague, el murmullo de un viento que quiere besar siempre sus caras. Dos papeles en dos sobres. Mi apuesta por ellos, mi aire dispuesto a limpiar sus casas, transmitiendo risas, pintando de sol y de sangre cada mañana que amanezca ante ellos. Ellos rozan ahora los labios del viejo sediento, la furia de cientos de miles de gotas de lluvia mojando mi cara. Por eso y para eso voto hoy.

Por vosotros sigo estando dispuesto a convertirme en piedra, romperme en pedazos, hundirme sin miedo en el barro, seguir la vereda hasta el último paso, hasta donde fuere preciso. A través de esa urna nada ni nadie podrá separarnos, aunque poco o nada sepáis de mí ya. Allí estaré yo, cuidando esa hoguera encendida que ampare del frío la noche que aguarda. Os pido, no sé si es mucho pediros, que sigáis queriéndome, aunque no tenga para vosotros rostro o nombre.


sábado, 25 de junio de 2016

Jornada de reflexión



Diario de un profeflauta motorizado, 733. Re-flexionando


Día de re-flexión. Para re-flexionar hay que hacer antes flexiones o flexionar (doblar o encorvar el cuerpo o algún otro elemento de la naturaleza o de la gramática). Los rayos de luz, por ejemplo, reflexionan cuando inciden en una superficie, chocan en ella y se desvían y regresan al medio que salieron formando un ángulo igual al de la luz incidente. Y un ser humano reflexiona cuando decide pensar atenta y detenidamente sobre algo, para lo cual precisa penetrar en su interior, flexionar sobre sí mismo, y allí re-flexionar el tiempo que necesite para volver al mundo y a la vida desde sí mismo, desde sus propios valores y convicciones. He deseado siempre y sigo deseando que, re-flexionando, cada persona sea capaz de llegar hasta sí misma (la madre de todas las reflexiones): una opción política es votable si y solo si, y en la medida en que respete, promueva y haga realidad los derechos humanos fundamentales (vivienda, trabajo, sanidad, educación, pensiones, muerte digna, dependencia…) y las libertades cívicas (expresión, opinión, reunión, etc.). Mañana votaré. He re-flexionado mucho y bien.

La jornada transcurre bajo el toldo de metacrilato del brexit británico. Particularmente, pienso que los británicos tienen el mismo derecho de estar dentro o fuera de la UE. Pero pienso –deformación profesional- en Hume, Locke, Whitehead, Russell, Ockham, Moore, Stuart Mill, Darwin, Spencer, Hawking, Conan Doyle, Dickens, Oscar Wilde, Tolkien, Tomás Moro, Newton, Watt, Agatha Christie, Wells, Orwell, Kipling, John Lennon, Mc Cartney, Beatles, Rolling Stones, Iron Maiden, Jethro Tull, Hugh Laurie… ¡Tantos! 

Mi vida sería distinta –no sería- sin ellos. Mi vida sigue igual porque siguen conmigo. ¿Brexit? Quizá de instituciones, Bancos y primas de riesgo, exit también que conduce al abandono de cientos de miles de refugiados, etc.  La UE ha terminado por ser el ratón parido por la montaña. Pero Gran Bretaña y mis amigos británicos y yo somos los mismos que anteayer, cuando el brexit era solo un fragor de patrioterismo, egoísmo, chauvinismo. Curiosamente, al parecer han votado Fuera de la UE los de más edad,  mientras que por la permanencia estaban los de menos edad. Visto lo visto, incluso yo estaría fuera de la UE, a la vista de los estragos sociales que está causando su neoliberalismo entre el pueblo, entre la ciudadanía. Sin embargo, nunca podría estar fuera de Europa, porque entonces me arrancaría el cuerpo y el alma, mi propia identidad. El pensamiento, la cultura, tú, yo, todas y todos, lo más grande y lo más insignificante somos producto de 2.500 años de historia europea (no solo de crónica histórica –Historie-, sino de desarrollo del transcurrir de  la vida y de los seres humanos en esta parcela del planeta Tierra –Geschichte-).

Ingrid me escribía ayer un email en el que recordaba “un poema de Valente, precioso, que podría responder(me)”: “Porque es nuestro el exilio. No el Reino”. Da en el clavo. El Reino es el sistema del poder, que nos dice cómo vivir, que traza los límites del bien y del mal, según sus intereses, aun yendo contra lo humano del ser humano. Por eso hay que exiliarse. Ese Reino no lo quiero, no quiero ningún Reino. Por eso me exilio. El exilio es la búsqueda de la condición humana en su anhelo primigenio, es el anhelo del vivir y del convivir de verdad. Verdad es des-cubrir, des-velar lo que el sistema del poder en-cubre, cubre con un tupido y rancio velo. Debemos exiliarnos. Yo, al menos.

Por eso mañana votaré. Sin ingenuidad, sin la inocencia política de hace treinta o cuarenta años. Votaré caminando hacia el exilio (no he querido hacer otra cosa a lo largo de mi existir), a sabiendas de que el exilio ya tiene destinos definitivos para mí. Noto ahora la respiración de Aristóteles, de Newton, de Marx, de Jung, de Nietzsche. Soy su futuro. Ellos y muchos otros son mi pasado y mi presente. Voto porque soy un quark llamado strange que con otros muchos quarks formaré parte de un barión y un protón que se incrustará en el corazón mismo del futuro y de los anhelos de millones de seres que desean ante todo y sobre todo ser felices. Son mi futuro.






viernes, 24 de junio de 2016

Diario de un perroflauta/profeflauta motorizado viajero, 732


Ayer viví una jornada, una tarde, una noche inefable. Era la “noche de San Juan” (enésima cristianización de un evento cósmico como es el solsticio de verano).

Reímos, compartimos, recordamos. Lloramos lágrimas de cariño. Nos abrazamos. Nos quisimos tan fuerte como seguimos queriéndonos. Seis representando a miles. Seis personas brillando a la luz de la luna, danzando y bailando al ritmo del corazón, pensando que un día el sol no saldrá para todos, sintiendo que mientras haya una persona que albergue en su interior a otra, ambas hollarán el sendero de la pasión por la vida.

Seis personas en un solo regalo. Otras personas cuidando de que no se perdiera un solo trazo de esa noche inefable. Inefable, que no se puede explicar ni expresar con palabras. Quisiera que tú me entendieses a mí sin palabras…

El brexit británico y las elecciones del domingo y las astracanadas del ministro del Interior, Fernández Díaz, supernumerario, tan sapo Iscariote como sus ancestros ideológicos, histrión de sí mismo. Hay personas como él que no dejan vivir (bien) ni tampoco morir (bien). Desde siglos llevan siendo la desgracia de España y los salvadores de su Españistán. No conocen camino humano, pero tienen su Camino. ¿Hasta cuándo no acabarán arrojados al mar desde un acantilado alto, muy alto?

Ingrid, Silvia, Sergio, José Manuel, Noemí, Adrián… Es decir, miles, interpretando una rapsodia, nuestra rapsodia, desde la que brota el alma del mundo a borbotones, ensamblados por la canción de la vida, paseando –como la película de John Huston- por el amor y la muerte. Ayer, esos miles me entregaron uno de los mejores y mayores regalos de mi vida.

Gracias, gracias.

Ingrid me envío ayer un correo en el que me quería hacer “un regalo, es muy especial para mí, forma parte de mi última creación, y de mí. Es para ti. Con todo mi cariño”. Cariñosa bienvenida y dulce epitafio. Tierra, aire, fuego, agua.