martes 14 de julio de 2009

Certero

Ya, pero razonar les parece peligroso

lunes 13 de julio de 2009

Pensar razonablemente

Artículo a publicar en El Periódico de Aragón, el próximo miércoles, 15 de junio

Tengo un hermano en Murcia, profesor de Historia, que me cuenta que allí, salvo muy raras excepciones, todos están incondicionalmente a favor del trasvase del Ebro, en flagrante contraste con lo que se piensa en Aragón. Ante unos mismos datos objetivos, se aducen razones por cada lado que suenan a razonables. Sin embargo, la adscripción a una determinada tesis frente a la contraria es muy fuerte, dependiendo básicamente del territorio al que se pertenezca. Si eres murciano, Aragón es egoísta, no deja que llegue el agua a tierras sedientas y se prefiere desperdiciar el agua en el mar. Si eres aragonés, Aragón tiene sed, hay que contar con esa agua para el desarrollo del propio territorio y no está el agua para llenar piscinas y campos de golf de macrourbanizaciones. Como se diga algo diferente de las tesis habituales en ambos territorios (Aragón y Levante), es probable la llegada de una avalancha de vehementes argumentos y un alud de descalificaciones. Al plantear esta misma cuestión en mis propias clases, podía constatar que habitualmente los seres humanos pensamos a veces con el sistema límbico del cerebro al rojo vivo, llevados por las emociones y algo alejados del análisis racional, aunque cada facción esté convencida de estar en posesión de la razón plena frente a la irracionalidad achacada a la otra parte.

Que el Presidente autonómico valenciano reciba trajes caros y vete a saber qué más (y que haya mentido dentro de la red de tráfico de influencias, blanqueo de dinero y pelotazos económicos del caso Gürtel) es una nimiedad y una gilipollez o un delito que debería conducir a los tribunales y a la dimisión, dependiendo, salvo muy contados casos, de pertenecer al PP o no. Los populares invocan ahora con suma diligencia el derecho constitucional de Camps a la presunción de inocencia, pero se pasan por el forro de sus caprichos ese mismo derecho si en el punto de mira tienen al ex ministro de Justicia Bermejo o al juez Garzón. Y, asombrosamente, en ambos casos obran con la plena conciencia de tener en exclusiva la verdad y la razón.

Unos mismos datos científicos llevan a unos a prohibir la enseñanza de la teoría de la evolución en los centros de enseñanza, mientras que a otros les conduce a declarar como primer principio explicativo de la naturaleza la selección natural. El creacionismo es admitido por unos como una prueba evidente de la acción de su Dios, mientras que para otros no tiene lugar entre los conocimientos empíricos y verificables de la ciencia. Unos ven en una catástrofe aérea en la que mueren 168 pasajeros más la tripulación, pero sobrevive un niño con solo quemaduras de tercer grado, una catástrofe; otros, en cambio, un milagro y la prueba de la bondadosa intervención divina. Karol Józef Wojtyła sufre un intento de asesinato en 1981 y cree que sobrevivió porque la virgen de Fátima desvió la bala, mientras otros muchos se preguntan por qué entonces la virgen de Fátima no redondeó el trabajo y evitó que la bala impactase contra él o si parte del mérito también lo tiene el equipo de cirujanos que lo operaron (en Richard Dawkins).

En las escuelas y en los hogares se aprenden muchas cosas, algunas de ellas de utilidad e interés, pero raramente se aprende a pensar verdaderamente por uno mismo: tras comprender y asimilar unos datos o hechos, sopesar objetivamente sus pros y sus contras, a fin de adoptar una postura crítica, así como una determinación práctica personal ante los mismos. Los temas y cuestiones son múltiples a este respecto: como botones de muestra, ecología, derechos humanos, religión y laicismo, república y monarquía, gustos literarios, libertad, drogas, sexualidad, inmigración, etc… En la escuela y en el hogar nadie debería ser un sujeto pasivamente receptor de datos, costumbres, normas y pautas de acción, teorías, saberes, juicios y prejuicios…, al que muy raramente o nunca se le ofrece elaborar y desarrollar su propio criterio personal frente a todo ello. Aunque se indaga con la curiosidad y el interés, y no con la sumisión y la obediencia, aunque se piensa con el cerebro, y no con las vísceras, muchos niños y jóvenes seguirán comportándose como buena parte de sus progenitores y familias, que, por ejemplo, votan con más fobias que filias contra un determinado candidato por las razones más peregrinas, y sin haber leído el programa o el folleto del partido al que votan. Lamentablemente, de no cambiar las cosas, el criterio supremo del pensar y del obrar seguirá siendo en no pocos casos el televisor.

Sin embargo, no se sabe si, cuándo, cómo o con qué criterio crítico piensan el PAR y sus colegas socialistas de gobierno, al menos en lo que respecta a los dolores que provoca La Muela del juicio. Ni Boné ni Biel ni otros muchos abren la boca, por lo que nos dejan pensativos si discurren desde el lóbulo frontal o desde el sistema límbico o vaya usted a saber desde dónde.

viernes 10 de julio de 2009

Buenas preguntas

martes 7 de julio de 2009

Los escolares pagan el pato

Artículo a publicar el miércoles, 8 de julio, en El Periódico de Aragón

Según el ministerio de Sanidad, nuestros escolares consumen menos cocaína, igual cantidad de tabaco, alcohol y cannabis (marihuana y hachís), y se ha incrementado la cantidad de borracheras entre los que ya bebían profusamente, lo cual ha dado para suculentos titulares en los medios de comunicación y algún que otro artículo sobre lo mal que va nuestra juventud. No obstante, la realidad parece más tranquilizadora, si nos fijamos en que la botella está bastante más que medio llena: el 94,9% de los escolares no ha probado nunca cocaína y el 96,4% no la ha consumido en los últimos seis meses. Es decir, aunque siempre es deseable que no se acuda nunca a la cocaína, podemos afirmar que es ínfimo el porcentaje de los escolares que están en sus cercanías.

Sin embargo, se constata una vez más el silencio oficial sobre el consumo de drogas, legales e ilegales, en otros estratos de la población. Si llegan a España, por ejemplo, toneladas y toneladas de hachís y cocaína, y no están destinadas principalmente a los escolares, ¿por qué apenas se habla entonces del consumo de las drogas ilegales entre los no escolares? Quizá se oculta así, de hecho, a los ojos de opinión pública otros hechos poco tranquilizadores: los adultos y los jóvenes ya no escolares consumen más drogas y en mayor cantidad, entre otras cosas porque tienen más dinero y menos trabas para adquirirlas y consumirlas.

Ciertamente, tiene muy poca gracia que el 58,5% de los escolares ha consumido alcohol en los últimos treinta días; tabaco, el 32,4%; cannabis, el 20,1%. En cualquier caso, mucho menos que los adultos que deberían ser su modelo. Llama la atención así que el 29% de la población escolar se ha emborrachado alguna vez en los últimos 30 días, lo que pone de manifiesto la capacidad de mimetismo e imitación que tienen los adolescentes respecto de los mayores, pues son estos quienes van a la cabeza en la ingesta de alcohol.

Ya en los primeros días en la aplicación de la reforma del Código Penal en materia de seguridad vial, se supo que del más de medio millar de diligencias abiertas por Tráfico y posteriormente en manos de los jueces, el 98% de las mismas se debieron al excesivo consumo de alcohol (548 por alcoholemia y solo 10 por exceso de velocidad). Si nuestros escolares no tienen edad para conducir automóviles, habrá que preguntarse por qué las encuestas oficiales suelen centrarse solo en ellos y si con ello se evita conocer y hablar sobre otros problemas y costumbres, igual o más preocupantes, que conciernen a la población no escolar. Si las narices de la ciudadanía quedan aplastadas contra el árbol de los escolares, no se estará en condiciones de contemplar la panorámica del bosque de nuestra sociedad. En esta misma línea, el domingo pasado apareció la noticia de que, según datos de la Policía Local zaragozana, ocho de cada cien automovilistas circulan bebidos por la ciudad. Huelgan comentarios.

Hace unos días, los grupos municipales del PSOE y PAR (que gobiernan el Ayuntamiento de Zaragoza) alcanzaron un acuerdo con el grupo municipal del PP sobre la prohibición del botellón en todos los espacios públicos de la ciudad. Si la ingesta de alcohol e incluso las borracheras pueden llevarse a cabo en los recintos autorizados, lo importante no es tanto la salud cuanto no molestar al vecindario. Uno puede beber cuantas copas quiera en los locales más elegantes de la ciudad con tal de que pueda pagarlas. Ahora bien, si no se tiene dinero, queda el botellón, con tal de que se vaya a los lugares decretados por las autoridades. Como común denominador queda un dato sobre el que habría que pensar detenidamente: una parte considerable de la ciudadanía, escolar y no escolar, adulta y juvenil, considera que la fiesta y la diversión van indisolublemente asociadas al consumo de alcohol (cannabis y cocaína merecerían un capítulo aparte).

Si nuestros gobernantes nacionales y mundiales han tomado medidas cada vez más tajantes contra el tabaco, ¿consideran que el alcohol perjudica menos gravemente la salud? ¿Cuántas finanzas de tantas personas altamente valoradas en nuestra sociedad quebrarían si se cortara de raíz el tráfico internacional de las llamadas “drogas duras”? ¿Cuántas economías de algunos gobernantes y vigilantes perderían en ese caso buena parte de su poder adquisitivo? ¿Realmente se quiere luchar contra el tráfico y consumo de drogas? ¿Por qué solo algunas son consideradas ilegales? ¿Por qué tanto temor a la legalización de las drogas?

No hace falta recurrir, por ejemplo, a los efectos beneficiosos del cannabis para paliar las náuseas y el malestar producidos por la quimioterapia en algunos enfermos. En realidad, un cigarrillo de marihuana es menos perjudicial que cualquier glamuroso Daiquiri y está lejos de la creencia mítica de ser la puerta de otras drogas, más duras. La irracionalidad y la ilógica reinan entre la somnolencia y los intereses de los gobernantes y los legisladores.

lunes 6 de julio de 2009

Sí, es rarísimo de lo claro que está

El elefante tiene mucha razón