viernes, 19 de diciembre de 2014

Obsolescentes, sí, pero no idiotas


PUBLICADO el 18 de diciembre  EN EL HUFFINGTON POST
Echo un vistazo a los aparatos y cacharros que tengo en casa y todos parecen estar condenados a una muerte pronta, que no será llorada por nadie, pues se van silenciosamente de nuestro entorno sin que tengamos que derramar una lágrima. Algunos llaman a este fenómeno obsolescencia programada, desde el supuesto de que todo ha sido creado para que nos sea útil, y su vida está calculada de antemano por el fabricante desde que están ensamblando sus piezas para que pueda nacer en el mercado de las obsolescencias programadas, donde todas han de morir pronto (inútiles, inservibles y no funcionales) y podamos sustituirlas  en un plis plas por otras nuevas y tan condenadas a morir como las anteriores. Y si algún loco pretende resucitar sus cacharros y aparatos llevándolos a arreglar, procurarán disuadirle de tan demente ilusión, pues el arreglo será siempre más caro que la compra de otro cachivache nuevo, más moderno, más perfecto quizá, pero tan programadamente mortal como sus antecesores.
Suele señalarse como inicio de la programación de los productos obsolescentes en masa el año 1924, en el que el cartel Phoebus (básicamente, los tres fabricantes de bombillas más importantes del mundo) acordó el control y la venta de bombillas mediante el establecimiento de la duración máxima de una bombilla (1.000 horas de media) y un precio mínimo de la misma, según la zona en que se vendiera. Así se inició el endurecimiento del corazón de los humanos ante la muerte de un producto obsolescente: ¿Se ha fundido una bombilla? Voy al cajón de un armario donde tengo otras tres bombillas de repuesto. ¿No funciona la lavadora? Voy a la tienda y compro otra que le da mil vueltas en tecnología y botones a la ya fenecida. ¿Me ofrecen un móvil nuevo si cambio de operador telefónico? Regalo el que tengo o lo llevo a un “Punto Limpio” de reciclaje, pues soy muy ecologista y no lo tiro al cubo de la basura orgánica.
La música, la moda, la literatura, la política, la tecnología, etc. van transformándose cada vez con mayor rapidez en mercancías obsolescentes. Nuestras propias mentes están ensambladas dentro de un sistema de obsolescencia programada por la que hasta el momento nos hemos estado inclinando cíclicamente por el PSOE o el PP, González o Aznar, ZP o Rajoy, o por otros subproductos quizá con defectos de fabricación que algunos seguimos obstinados en votar.
Ahora nos enfrentamos a un grave dilema, pues al parecer una parte considerable de la ciudadanía considera obsolescentes a la rosa, a la gaviota y a los productos obsolescentes programados como minoritarios (IU, UPyD, CiU, PNV…), mientras aparece en pleno proscenio, rutilante, Podemos, lo cual nos plantea la madre de todas las preguntas: ¿Es Podemos otro producto obsolescente programado para que la gente, cansada de tanta obsolescencia, se ilusione comprando el ofertón de tres productos nuevos por uno en el mercado de la obsolescencia? ¿Es, más bien, Podemos el producto que cumplirá su promesa de acabar con la obsolescencia del país, del planeta y de la galaxia entera?
Carezco de respuestas consistentes, que superen a mi propia obsolescencia. Me limito, pues, a contar un cuento que seguramente usted ya conocerá y que nada tiene de invención, pues es tan real como el teclado obsolescente de este ordenador obsolescente donde estoy escribiendo lo que usted lee en estos momentos. Había una vez una bombilla de 60 watios (aunque dicen que hoy su potencia apenas supera los 4) que lleva luciendo ininterrumpidamente desde hace 110 años en el cuartel de bomberos número 6 de una pequeña ciudad californiana, llamada Livermore. No pocos científicos se preguntan cómo una pobre y más que centenaria bombilla esté teniendo tan larga vida (descontado que, por ser bombilla, ni bebe ni fuma ni nada de nada).
Pues bien, quizá podemos ser como esa bombilla de Livermore, pues hay algo en cada uno de nosotros que está más allá de cualquier obsolescencia: la propia dignidad, refractaria a cualquier programación, y los derechos fundamentales en los que reside nuestra propia humanidad y nos identifica como humanos, obsolescentes, pero no idiotas.







Diario de un perroflauta motorizado, 409

 Frío y niebla espesa que ha dejado paso al sol al final de la mañana. Despedidas de algunos que se van, parabienes de otr@s pensando en las próximas fiestas del solsticio de invierno.



La próxima semana iremos al portal solo el 22 y 23 (lunes y martes). Hemos pensado que el 23, martes, podríamos llevar cada un@ alguna tontería para celebrar, junt@s, el solsticio de invierno.


He contado hoy en el portal que ayer recibí en el buzón de casa (consecuencia de colgar tantas veces mis alegaciones y escritos oficiales, con mi dirección completa, en este Diario, por ejemplo) una carta postal, franqueada, en la que un hombre de cuyo nombre no quiero ni querré  acordarme me acusa, entre otras cosas, “de estar privando a la juventud española”, con mi actitud y reivindicaciones, de “lo más importante de la vida humana” (la religión, que identifica con las clases de religión en la escuela).
Vuelvo a escribir en este Diario y por enésima vez mi opinión sobre las clases de religión en los centros de enseñanza.
Vamos a ver, si alguien está muy interesado en que sus hij@s adquieran una sólida formación religiosa, lo tiene la mar de fácil: entre lo que ell@s observen y escuchen en casa y lo que les digan en la catequesis o la parroquia, asunto arreglado. Si sus deseos son también que amplíen su educación religiosa en la escuela, aún le queda (de momento) otra vía más: los colegios privados confesionales. Si quiere además que asistan a clase de Religión y Moral Católicas en la escuela pública, que sea una asignatura de rango idéntico al resto de las asignaturas, que el sobresaliente en Religión que seguramente obtendrán sus hijos contribuya a la media de sus estudios, que el profesor sea designado a dedo por el obispo católico de turno no siempre según criterios precisamente académicos (algunas no renovaciones de contratos que han ido apareciendo en los medios de comunicación así lo confirman), entonces ha de concluir que le interesa mucho más lo que tiene de clase que lo que tiene de religión; o, si se me apura, más de poder e influencia que de formación y educación.

Es curioso, pero no ha habido en toda la historia de España una época con mayor libertad de cultos y creencias que la actual. Y, sin embargo, desde la Iglesia Católica siguen pataleando en cuanto atisban la posibilidad de una revisión del status quo existente e incluso pretenden quedar como víctimas  del laicismo y la persecución que supuestamente padecen. Y es que, según les convenga, van saltando de mata en mata, apelando a lo que les parece más oportuno: la necesidad de la dimensión trascendente del ser humano, la conveniencia de conocer algunos datos y hechos relevantes para la historia del arte o… el Concordato, con sus privilegios y sus dineros.
En realidad, se está dejando de lado el aspecto nuclear del asunto: en un centro educativo (al menos, público), se imparten saberes, no creencias; se estudian ciencias de la naturaleza y ciencias del espíritu (sigamos hoy la nomenclatura de Dilthey), pero no tienen cabida doctrinas y adoctrinamientos. La fe y las confesiones religiosas son respetables como tales, pero no constituyen materia de asignatura alguna. La insistencia en las clases de Religión y Moral católicas tiene mucho más que ver con las parcelas de poder que la jerarquía católica ha poseído desde hace muchos siglos que con la religión como tal. Ese poder está condensado fundamentalmente en el Concordato y en los Acuerdos entre el Estado Español y la Santa Sede. No hace falta ser doctor en lógica para concluir que lo que realmente debe ser revisado (o derogado) son tales Acuerdos y no simplemente la modalidad y las condiciones de las clases de religión en los centros educativos españoles.
Y aquí ya hemos nombrado a la bicha… No ha habido un solo Gobierno español desde 1975 que haya osado poner sobre el tapete la revisión o la revocación de tales Acuerdos. Asistimos frecuentemente a intromisiones abiertas de la jerarquía católica en materias éticas, sociales, legales y políticas de nuestro país. Dentro de ellas, la clase de religión en la escuela pública es uno de los temas más recurrentes.
Quizá llegue pronto una día en que esta cuestión sea abordada en su raíz y quirúrgicamente. No creo que haya alguien realmente creyente que vea amenazadas sus convicciones y vivencias religiosas por la desaparición de una asignatura de religión en los centros públicos de enseñanza (deseo que en un día no lejano todos los centros sean públicos). Sus convicciones trascienden con mucho semejante casuística y sus vivencias le resultan bastante ajenas al pulso que el episcopado español pretende hacer sistemáticamente con los sucesivos Gobiernos. Por el contrario, tendrá tan claro como cualquier otr@ ciudadan@ que se trata de intereses creados, de poder de distinto sesgo y signo, y de carácter no precisamente trascendente, sino marcadamente terrenal.

Y ahora Vinos Chueca, estupenda banda (musical e incluso también algo de forajidos –es broma…) de Casetas (Zaragoza), aprovecha el río revuelto, como acostumbra, y nos canta “Si fuese Dios”, canción que viene pintiparada con lo que he estado escribiendo, y cuya letra y música no tienen el menor desperdicio. 

Hasta mañana



jueves, 18 de diciembre de 2014

Diario de un perroflauta motorizado, 408

    Me advierten algunas personas que saben de leyes y me aprecian de que sea cauto y tome alguna medida antes de que entre en vigor la ley mordaza. La prudencia me dice que no les falta razón. Mi sinrazón congénita me impele a mandar a tomar vientos a las leyes como las del tartufiano Fernández Díaz y el Gobierno de Rajoy.
Estoy contento por la reanudación de relaciones Cuba-EE.UU.: no será en ningún caso el chocolate del loro, pero servirá para hacer justicia. Veremos ahora qué dicen los terroristas del Tea Party. 
Hoy sale publicado en el Huffington Post mi artículo Obsolescentes, sí, pero no idiotas.
Mañana positiva y luminosa la de hoy. Algunas escuelas públicas han parado en el portal y hemos podido hablar durante un rato con alumn@s y profesor@s. Ha sido una delicia poder estar un rato con esos chavales.




Esta mañana me ha encontrado, perdido, un papel donde dormía un poema escrito en septiembre de 1976  en medio del horror por el asesinato de Carlos González, un estudiante de Psicología de 21 años, a manos de un comando de extrema derecha.

Recuerdo estar conmocionado durante unos días por la noticia. Carlos González se dirigía a casa de su novia, en Fuencarral 115 (la oficina donde yo trabajaba durante unos seis años estaba en Fuencarral 123) y coincidió con una manifestación en memoria del  primer aniversario del fusilamiento de cinco personas el 27 de septiembre de 1975 (las últimas ejecuciones del dictador Franco). Cuatro balas acabaron con la vida de Carlos González, bajo el son del “¡Viva Cristo Rey!” de uno de los pistoleros asesinos. La crónica de aquellos sucesos me sigue llenando de ternura, tristeza y rabia. Este es mi poema encontrado hoy (¿por casualidad?):

A Carlos González

                                                A finales de un triste mes de septiembre
                                                una bala dogmática segó su vida.

Dispara ya.
Tus balas rompen el mapa casi niño de mi historia,
no la ilusión compartida que me tiene en la calle
ni el calor con que venzo mi miedo.
Dispara, apaga mi aliento,
aprieta el gatillo, trunca mis pasos.
No conozco todavía el umbral del fruto maduro.
Me he dejado mecer en la brisa que enamora.
He querido que todos plantaran vergeles
y me encuentro convertido en guiñapo,
cegado el deseo,
mientras el resguardo de reciente inscripción
en el nuevo curso
tiene un agujero
gris, socarrado,
junto al lapicero que ya no sirve,
junto al último verso, empapado en sangre.
¿Tanto crees que vale tu idea?
¿Tan poco mi vida?
Dispara ya.
Hazlo por la espalda, como siempre.
Que suceda todo de repente,
que muera
sin que robes mis gritos y mi canto,
mi risa, mi pasión...
Es absurda tu mano en el gatillo,
 tu ausencia de razones,
tu locura convertida en asesina.
Es absurda mi muerte
y el sudor helado de mi cuerpo
encerrado ahora entre tablas oscuras
que quiebra las manos de tantos
que mueren un poco
conmigo,
que lloran mi suerte.
Vamos, dispara,
dispara ya.

La tarde del 27 de septiembre de 1975 compuse también esta canción

Hasta mañana


miércoles, 17 de diciembre de 2014

Diario de un perroflauta motorizado, 407

Mañana polícroma, con una señora preguntando a gritos destemplados de qué comen los de la pública si estamos allí “en defensa de la escuela pública”. Como compensación han llegado nuestr@s querid@s compañer@s de http://www.educatribu.net y nos han alegrado la mañana.



Hoy he recibido dos ejemplares del nº 80 de la excelente revista Libre Pensamiento, donde se publica un artículo que me habían solicitado (páginas 74 y siguientes) titulado: “Crónica de una denuncia ininterrumpida durante año y medio por la escuela pública y laica”.


Como la revista y el artículo aún no están en Internet, dejo esta evocadora canción, copio y pego el artículo y me despido hasta mañana.




CRÓNICA DE UNA DENUNCIA ININTERRUMPIDA DURANTE AÑO Y MEDIO POR LA ESCUELA PÚBLICA Y LAICA


Desde principios del mes de junio del año 2013, Antonio Aramayona, profesor de filosofía jubilado acude diariamente en su silla de ruedas con otros compañeros y compañeras al portal de la vivienda de la Consejera de Educación, Universidad, Cultura y Deporte del Gobierno de Aragón, Mª Dolores Serrat Moré, en defensa de la escuela pública y laica y en contra de los recortes perpetrados en el ámbito educativo desde esa Consejería. El autor nos relata el día a día, los muchos avatares que han ido sucediendo y la resistencia noviolenta y cívica que lleva a cabo diariamente desde principios del verano de 2013.



Hola, soy el “perroflauta motorizado”
El 3 de junio de 2013 fui al portal de la vivienda de la Consejera de Educación, Universidad, Cultura y Deportes del Gobierno de Aragón, María Dolores Serrat, esgrimiendo como única arma un cartel que reivindica la escuela pública y laica, y denuncia los recortes perpetrados en educación desde esa Consejería. Meses antes había habido un escrache en las inmediaciones del domicilio de la Consejera en protesta contra los recortes en becas de comedor escolar, del que salieron varios detenidos, sancionados y llevados posteriormente a un juicio que quedó en nada por incomparecencia final de la señora Consejera.
Como voy en silla de ruedas desde hace siete años, a los pocos días, Fernando Soler,  un buen amigo médico y cargo directivo de DMD (Derecho a Morir Dignamente) me puso el nombre de “perroflauta motorizado”, que porto muy a gusto hasta la fecha.

Los antecedentes
Unos meses antes, un grupo de zaragozanas y zaragozanos habíamos estado ocupando semanalmente alguna entidad financiera de la ciudad, pues nos parecía que aguantar diariamente la situación socioeconómica del país sin hacer nada, resultaba insostenible para nuestros ánimos y nuestras almas. Algunos bancos se mostraban bastante tolerantes, considerando que las personas manifestantes dentro del banco lo hacíamos en silencio, mostrando solo unos carteles (“Auditoría a los responsables de la crisis”, “Deuda de bancos no es deuda del pueblo”, “La deuda pública ilegítima es inaceptable”, “Banca pública”, etc.). Otros bancos, en cambio, llamaban enseguida a la policía para echar a los manifestantes de la entidad financiera.
Por aquellas fechas, en plena búsqueda de acciones contundentes y noviolentas contra la política gubernamental española, europea y mundial, Toni Gabaldón, otro buen amigo de ATTAC TV España, con el que hablo de vez en cuando por Internet, me envió un artículo de Jean Ziegler, Vicepresidente de Derechos Humanos de la ONU y autor, entre otros, del magnífico libro Destrucción Masiva. Geopolítica del hambre (Península), donde tras analizar la situación económica dominante en el mundo, recomienda “ocupar masivamente los bancos, nacionalizarlos y confiscar las arrogantes riquezas robadas por los especuladores financieros”. La idea fue madurando en mí y acabó en una pregunta que no podía quitarme de encima: ¿por qué solo las entidades financieras? En cualquier caso, ¿a qué estamos esperando?
Leí en el artículo de Ziegler que vivimos en un “orden mundial criminal y caníbal”, donde los especuladores financieros deciden de forma legal (las leyes y las principales instituciones están al servicio de los señores del dinero) quién va a morir de hambre y quién no. De hecho, Ziegler señalaba que la crisis tiene unos culpables y responsables que hay que denunciar, auditar y juzgar ante un Tribunal similar al de Nüremberg. No es de recibo, por ejemplo, que contando con los recursos agroalimentarios suficientes para alimentar al doble de la población mundial actual, casi una quinta parte de los seres humanos sufra y muera de hambre e infraalimentación.

La desobediencia civil va abriéndose camino
El campo reivindicativo fue así ampliándose, a la vez que iban habitando en mi interior cada vez más personas iniciadoras del movimiento de desobediencia civil como Thoreau, Gandhi o Mandela, hasta que un día decidimos una veintena de personas citarnos dos veces a la semana en la céntrica plaza de España en Zaragoza para convertirla en una concentración similar a la de “Plaza de las Madres de Mayo”, donde cada uno podía reivindicar y denunciar lo que deseare mediante carteles y siempre en silencio y desde la noviolencia.  El grupo fue consolidándose, pero personalmente veía que aquello adolecía de falta de contundencia, pues el poder y las fuerzas que están al servicio de su “orden”, ni siquiera se sentían concernidas ni denunciadas. En resumidas cuentas, entre una veintena y una treintena de personas de enorme corazón y generosos ideales se estaban convirtiendo, a pesar de sus deseos y planes,  en un espectáculo folclorista más de la ciudad, que suscitaba las simpatías de unos, las fobias de otros y la indiferencia general de la mayoría.

Centrando la lucha en la educación
La evolución interior desembocó ese tres de junio de 2013 en el portal de la vivienda de la Consejera de Educación del Gobierno de Aragón. Nunca había hecho algo parecido en solitario y estaba lleno de incertidumbre. He dedicado gran parte de mi vida a la educación mediante la enseñanza de Filosofía y de Ética en diversos Institutos de Secundaria de Madrid y Zaragoza, y me he considerado siempre un perpetuo aspirante a filósofo (es decir, a intentar constantemente aproximaciones al mundo y a la vida con otra mirada), por lo que he procurado siempre enseñar apasionadamente filosofía y ética (pienso que cualquier otra forma de enseñarlas sería un acto mecánico y baldío). Con gran indignación y pesadumbre iba viendo la demolición sistemática de la escuela pública y del derecho universal a la educación gratuita y de calidad en mi país y en el mundo entero. Cada mañana, al levantarme, sentía verdadero malestar, casi dolor, ante este panorama. De ahí mi resolución final: un lunes, tres de junio de 2013, estaba plantado allí, en el lado izquierdo del portal de la Consejera de Educación, sin plantearme hasta cuándo iba a permanecer allí, pero con mucha claridad sobre el porqué y el para qué de esa acción. A los pocos días fueron uniéndose otras personas en el portal, y raro es hoy el día que allí no hay un puñado de ciudadanas y ciudadanos reivindicando la escuela pública, laica y de calidad.

Recortar en derechos es una acción des-humanizadora
El derecho universal a la educación, al igual que todos los demás derechos recogidos en la Carta Universal de los Derechos Humanos son simplemente un re-conocimiento de un hecho fundamental: son esos derechos los que expresan y constituyen la humanidad misma de todos y cada uno de los seres humanos; dicho de otro modo, sin esos derechos (alimentación, vivienda, sanidad, educación, libre opinión y libertad de expresión, reunión y manifestación, autodeterminación, libertad de conciencia, etc.) el ser humano queda privado de los elementos primordiales que lo constituyen como humano y queda sometido a un proceso de des-humanización. De ahí que los recortes realizados por el Gobierno español al dictado de la Troika ponen de manifiesto el proceso des-humanizador que está padeciendo la ciudadanía española, europea y mundial, y –por consiguiente- reivindicar los derechos humanos y las libertades cívicas fundamentales rebasa con mucho el ámbito de la acción sociopolítica, en su sentido estricto, y cobra su pleno sentido en la defensa de la humanidad misma de cada ser humano, que lo constituye como humano. Centrando la cuestión en el derecho universal a la educación y en la presencia de unos ciudadanos en el portal de una Consejera autonómica de Educación en defensa de la escuela pública y laica y contra los recortes llevados a efecto en este ámbito, es un posicionamiento diario a favor de que otro mundo es posible, libre, justo, en paz, sostenible: en resumidas cuentas, humano.

El poder manda una y otra vez a las fuerzas de su “orden”
Es fácilmente comprensible que las reacciones por parte del poder no se hicieron esperar. Las identificaciones por parte de la Policía Nacional han sido numerosas, si bien en ningún momento han sido motivo de conflicto pues se han comportado con la misma educación y civismo con que han sido tratadas por nosotros. Hacia octubre de 2103 Marisol Ibáñez y yo fuimos multados por la delegación del Gobierno con una sanción de 200 euros por “desobediencia a la autoridad” (negarnos a “obedecer las órdenes policiales” de abandonar el portal de la Consejera). Marisol recurrió la sentencia y aun se encuentra metida en los vericuetos legales de un recurso de alzada. Personalmente, además de negarme a pagar, he decidido no alegar ni recurrir esas y otras posibles sanciones venideras, pues considero que la institución sancionadora (en este caso, la Delegación del Gobierno en Aragón) está demoliendo sistemáticamente la escuela pública y laica, y está atentando directamente contra una serie de derechos humanos y libertades ciudadanas fundamentales (en este caso, el derecho a una educación universal, pública y laica, sin discriminaciones y en igualdad de condiciones). Por ello, no puedo ni quiero ni debo considerar dotados de legitimidad a estos gobernantes ni reconocer su presunta potestad de sancionar legítimamente una conductas que se limitan a defender públicamente la escuela pública y laica, y a denunciar los recortes perpetrados en este ámbito.

Otra vuelta de tuerca y más sanciones
El 3 de junio de 2014 un centenar de personas celebramos en el portal de la Consejera durante una maravillosa mañana y una maravillosa tarde el primer aniversario de nuestra presencia y nuestra reivindicación de una escuela pública y laica. La policía identificó a todo el mundo, para después acordonar una zona de una decena de metros por ambos lados de la céntrica y peatonal calle Alfonso I de Zaragoza, donde se halla el portal. Sin embargo, lejos de desistir en las celebraciones, hubo actuaciones de todo tipo y una presencia firme y alegre de todas esas personas ante el portal de la Consejera y después en las cercanías del mismo.
La reacción del poder no se hizo esperar. Al día siguiente, 4 de junio de 2014, varios coches de la policía estaban custodiando el portal de la Consejera desde primeras horas de la mañana y a los pocos minutos de mi llegada, ante mi negativa de abandonar el portal mostrando mi cartel de siempre, recibí otra sanción, cuyo monto aún no me ha comunicado la Delegación del Gobierno. Al día siguiente, por los mismos motivos, la Policía Nacional volvió a sancionar a otra compañera, Marga Ribas y a mí. Permanecimos allí hasta que finalizó el horario habitual de nuestra protesta desde el primer día, ese 3 de junio de 2013: de 11 a 13 horas, todas las mañanas del año, de lunes a viernes. 
Aquella mañana del 5 de junio de 2014, un Policía alto y mesurado, recitó impasible las nuevas directrices que le habrían comunicado por la mañana y sobre las que diligentemente nos informó: a) es deber de la policía “proteger a cualquier persona de cualquier acoso que pueda estar sufriendo” y nosotros estábamos acosando a una persona que tiene un cargo público en una institución pública; b) a partir del día siguiente, las multas iban a ser diarias; c) el importe de estas multas venideras podría ascender hasta 3.000 euros; d) no era descartable que fuera la propia Consejera quien se personase en el Juzgado para denunciarnos por acoso personal. Aquella información suponía una nueva vuelta de tuerca por parte del poder para hacernos desistir de estar cada día el portal de la Consejera de Educación. Sin embargo, nos limitamos a firmar el volante de la sanción y permanecer en el portal, como si nada nuevo hubiese ocurrido.
El 6 de junio, viernes, prensa y agencias estaban en el portal a la espera de que apareciese y ejecutase la prometida primera sanción diaria de hasta 3.000 euros, pero nadie apareció: ni un coche policial ni un solo agente a pie. El martes de la semana siguiente se despejó la incógnita: Marisol Ibáñez, Marga Ribas y yo fuimos citados para el tres de julio a un juicio por lo penal inmediato por “desobediencia a la autoridad”, al negarnos, siempre desde la racionalidad, el civismo y la noviolencia, a retirarnos del portal donde reside la Consejera aragonesa de Educación.

El juicio
El juicio se celebró a las diez de la mañana del 3 de julio de 2014 con normalidad, si bien más de un centenar de personas se dieron cita en el Edificio Fueros de Aragón de la Ciudad de la Justicia, apoyando, animando y vitoreando la libertad de expresión y la escuela pública, laica y de calidad. A los pocos días recogimos la sentencia.
Pues bien, según sentencia 305/14 del Juzgado de Instrucción nº 7 de Zaragoza de fecha 7 de julio de 2014 en relación con el Juicio de Faltas (I) 84/14, además de resultar absueltos Marga, Marisol y yo, que un ciudadano se niegue a una orden policial de irse de donde está no significa que  incurra en una falta de desobediencia a los agentes o a la autoridad.  Como piedra angular de la sentencia, se establece el reconocimiento de que la libertad de expresión, noviolenta y cívicamente ejercida en la vía pública, está por encima de la potestad sancionadora de los poderes públicos del Estado, dado que  la libertad es uno de los valores superiores y la seguridad jurídica uno de los principios configuradores del Estado de Derecho.
Siguiendo este hilo conductor, afirma la sentencia que, no siendo ningún poder público ilimitado  y estando la potestad sancionadora del Estado sujeta a unos estrictos límites, dicha potestad sancionadora se “deslegitima” si de algún modo se traspasan tales límites.

La sentencia y su alcance
Ni que decir tiene la importancia que ello tiene para el ejercicio de la libertad de expresión no solo de los tres encausados en el domicilio o despacho de un cargo público (en este caso, la vivienda de la Consejera aragonesa de Educación), sino de toda la ciudadanía que decida manifestar noviolentamente en la vía pública sus ideas, sus valores, sus reivindicaciones y sus denuncias.
Por otro lado, la sentencia establece que la desobediencia a la autoridad ha de suponer previamente que la orden de los agentes cuenta con “una base legal que la sustente”. Pues bien, dado que en el caso de la presencia de las tres personas encausadas durante más de un año en el portal de la Consejera aragonesa de Educación los agentes policiales adujeron  solo como norma legal el artículo 26 h de la Ley de Protección de Seguridad Ciudadana, dictamina el juez que no se dan en mi actuación los casos contemplados como acción contraria a la seguridad ciudadana, por lo que el magistrado no encuentra “base para la emisión de la orden recibida por los agentes”, más teniendo en cuenta el comportamiento cívico y educado que mantuvieron en todo momento tanto yo como los mismos agentes. 
Insiste la sentencia en que  tampoco ha habido vejaciones, molestias o coacciones al cargo público en cuyo portal se encontraba (concretamente, la Consejera aragonesa de Educación), ni esta ha interpuesto denuncia alguna por tal motivo, por lo que no caben medidas sancionadoras cuyo objetivo fuere prevenir la reiteración de mi conducta (permanecer diariamente en ese portal), pues no ha habido una previa denuncia por parte de la Consejera. Más aún, recuerda el magistrado que la señora Consejera aragonesa de Educación no se personó en el juicio por un escrache anterior en las inmediaciones de su domicilio y que ella misma había denunciado por vía penal, por lo que deduce algo irónicamente el juez que no parece necesaria protección alguna de una acción de la que ya antes desistió la Consejera y que ahora no pretende (hasta el momento ni ha denunciado ni se ha querellado por esta causa).

Ventanas y puertas abiertas a toda la ciudadanía
La absolución de Marga Ribas, Marisol Ibáñez y Antonio Aramayona de las faltas contra el orden público no solo refuerzan la reivindicación no violenta de los derechos y libertades fundamentales y la denuncia de las lesiones de tales derechos y libertades en la vía pública por parte de la ciudadanía , sino que ponen en cuestión el concepto mismo de “orden público” en el que sustentan a menudo sus medidas, órdenes y acciones algunas autoridades y poderes públicos del actual Gobierno.
Al mismo tiempo, abren nuevas vías, amparadas ahora legalmente, a toda la ciudadanía de ejercer pública, libre y cívicamente el derecho a la libertad de expresión en defensa de las ideas y los ideales, de los valores, los derechos y las libertades que cada persona o colectivo de personas juzguen adecuadas y necesarias o como denuncia de la política de demolición sistemática de tales derechos y libertades por parte de los poderes públicos del Estado.

Quedan la huelga general indefinida y la desobediencia civil
He asistido a muchas manifestaciones y concentraciones, he redactado y apoyado muchos escritos en defensa de la escuela pública y contra los desmanes cometidos regularmente por distintos gobernantes. Durante una temporada ocupé también Bancos, Cajas, Delegaciones de Hacienda, pero observé que nada de eso hace daño al poder instituido (daño, nunca violento, solo en el sentido de efectividad y contundencia). Por eso resolví permanecer cada mañana, de lunes a viernes, en el portal de la vivienda de una Consejera de Educación de este país. Y mantengo la esperanza de que un día prenda la mecha y haya muchos “portales” en muchas ciudades defendiendo los derechos y las libertades de la ciudadanía y denunciando la demolición sistemática de los mismos. En cualquier caso y ocurra lo que ocurra, siempre nos restarán la huelga general indefinida y la desobediencia civil, polícroma, noviolenta y ajustada a cada circunstancia. También, ocurra lo que ocurra, seguiré en el portal de la vivienda de la Consejera aragonesa de Educación por la escuela pública y laica y contra los recortes.

Antonio Aramayona
@antaramayona