miércoles, 1 de junio de 2016

Diario de un profeflauta motorizado, 718




Ocurren cosas extrañas en el mundo. Por ejemplo, si cuento yo que todas las mañanas hablo con un extraterrestre de la galaxia Seyfert, muchos dirán, con razón, que no ando bien de la cabeza. Dice un arzobispo cardenal católico que su dios nos ha hablado y que él y su jerarquía son los intérpretes legítimos de sus mensajes divinos y no pocos alaban su santidad. Por esta misma razón, he pasado años, en progresión creciente, exponiendo las bondades liberadoras de la desobediencia civil y no me han hecho ni caso o incluso han denostado de mí largamente por antisistema.  Sin embargo, llega el cardenal arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, pide a los católicos que desobedezcan aquellas leyes que consideran injustas basadas en "la ideología más insidiosa y destructora de la humanidad de toda la historia, que es la ideología de género", y aquí no ha pasado nada (el 26-J está cerca).

Los jerarcas católicos siempre pretenden jugar con ventaja y siempre quieren estar en posesión exclusiva de la Verdad (su verdad la escriben en mayúscula). En este caso, el señor Cañizares, don Antonio, tras procesionar el jueves pasado por las calles de tod@s, arengó a su rebaño y los lanzó  a "testimoniar que la realidad humana no se justifica sin referencia al creador". Y se queda tan tranquilo: solo hay una realidad humana digna y honorable, la que reconoce y queda sometida a su creador.


¿Y quienes no piensen como el señor Cañizares? Son herejes anatemas que pretenden imponer “la ideología de género que tratan de imponernos poderes mundiales más o menos solapadamente con legislaciones inicuas, que no hay que obedecer". Que no hay que obedecer… Que no hay que obedecer… Más claro, agua.

Ya desobedecieron los obispos católicos desde 1931 a 1936-39. La inicua Constitución democrática de la II República española debía ser desobedecida y torpedeada. Y los fue bien a los chicos. Continuaron y reforzaron su nacionalcatolicismo, desempolvaron los palios, afilaron sus nihil obstat. ¡Y a desobedecer toca!

¿Y los derechos humanos? ¿Y la libertad de expresión asociación, reunión, sindicación, pensamiento…? ¿Ideología judeomasónica? ¿Y la deuda pública ilegítima actual? ¿Y los millones de pobres, precarios, desempleados, hundidos en la mierda legal actual? No pasa nada, no es ideología de género, no toca el sexo libre ni la muerte libre. Los compinches del señor Cañizares se movilizaron con el divorcio, el aborto I, el aborto II, el aborto…, el matrimonio homosexual…, si bien tales movilizaciones ocurrían casi siempre con gobiernos socialistas y cesaban con los gobiernos de los buenos. Lagarto, lagarto…



“Si te mueves mucho, no te inyecto esos miles de millones de cada año, amén de los obtenidos en tu casilla en la Declaración del IRPF”. “Pues allá tú, porque puedes perder unos cuantos millones de votos de mis feligreses”. “Vega, vale, pelillos a la mar, vayamos jubilosos al altar de dios, en armonía, de acuerdo con “la justa autonomía de lo terreno y a la justa y sana laicidad".

Don Antonio se queja de desprecio y de ignorancia religiosa. Está equivocado: el diagnóstico exacto es indiferencia.



martes, 31 de mayo de 2016

Diario de un perroflauta motorizado, 717


El viento… Es el viento, el viento que sopla suave o fuerte, como un beso o un patadón en el cerebro cálido del afecto. Es ese mismo viento que pide paciencia a los impacientes, pues ya llegaré –dice- para llevar a cada una y a cada uno a su sitio.

El viento me llevó estos días a disfrutar de una cena estupenda con mis hermanas. Y a recibir el tesoro más alto con la estancia de Begoña el sábado y el domingo pasados (aún tengo agujetas en el corazón y siento cosquillas en el alma). Y a pringarnos con Jose de merengue industrial por la noche, imaginando la alegría de Aznar y Rajoy, padeciendo el narcisismo primario de un tal CR7. El viernes también tuve un encuentro entrañable con un amigo de hace muchos años, al que quiero, admiro y tanto debo. Hoy, podré dar un gran abrazo a Sergio y tener el privilegio de degustar las filigranas culinarias de Antonio. Ayer tomé un primer café con Paula, llena de vida y de emociones. Alguna vez, en mi juventud, he ascendido a montañas altas tras subir y bajar por valles y valles de todos los verdes posibles. Así me siento ahora. Bien, bien, a pesar de las agujetas, de apenas poder recuperar el resuello por tanto esfuerzo y tanta caminata y tanto subir y bajar.



Procuro no enterarme de la precampaña electoral. Me produce arcadas, asco y cabreo. Ni que decir tienen que votaré a Unidos Podemos. (Y sin tan claro tienen ahora que pueden si están unidos, ¡¿POR QUÉ NO LO HAN HECHO AAANTEEEEEES?! A propósito de votaciones, no solicitaré esta vez el voto por correo, pues mi hermano Jose ha solicitado representar a nuestra opción electoral en mi colegio electoral y así poder ayudarme a llegar hasta la urna (existe una rampa que es un sarcasmo de rampa,que hace imposible subir hasta allí por mí mismo, solo, en mi silla de ruedas).

Wilco me insiste y me insiste en cantar aquí y ahora. ¡Gracias, amigos míos! Claro que sí, siempre una sonrisa…







¡Qué país el de El País!

Anteayer, domingo, 29 de mayo, me quedé atónito leyendo un artículo de Carlos Yárnoz en El País. Es, en mi opinión,  paradigmático de la manipulación informativa de un medio supuestamente informativo. Me limito a transcribirlo sin tocar, quitar o añadir una sola palabra y a subrayar algunas palabras o expresiones en rojo que, a mi juicio, son especialmente manipuladoras. Puede leerse en http://internacional.elpais.com/internacional/2016/05/28/actualidad/1464457608_765156.html

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TÍTULO: El rechazo al cambio provoca el peor estallido social en 20 años en Francia
Una descafeinada reforma laboral de un Gobierno debilitado alienta en todo el país la revuelta de un sindicato radicalizado


En un país ya conmocionado por el terrorismo, la batalla entre un Gobierno debilitado y un sindicato radicalizado ha llevado a Francia al caos a cuenta de una rebajada reforma laboral. Hacía dos décadas que no se veían gasolineras sin combustible, refinerías bloqueadas y cientos de miles de manifestantes en las calles. (Repárese en la asociación de estos tres elementos) También entonces, en 1995, el estallido se originó por una reforma, la de la Seguridad Social. Francia no admite reformas profundas. En todo caso, revoluciones.
Un directo colaborador del presidente François Hollande, el experimentado ministro de Finanzas, Michel Sapin, el máximo dirigente sindical y analistas consultados no se atreven a augurar cómo acabará esta grave crisis. En juego está el modelo social de Francia, el futuro de la izquierda, el papel de los sindicatos o el futuro de Hollande y su primer ministro, Manuel Valls.
¿Por qué ahora? Es incomprensible que Hollande haya lanzado su más dura reforma, no incluida en su programa electoral, a solo un año de las presidenciales y a tres meses de la Eurocopa. Ha avivado la división en la izquierda y la respuesta en la calle le ha devuelto al récord de solo un 15% de popularidad. La oposición afirma que “está acabado”. “No tiene autoridad ni credibilidad”.
Un colaborador del Elíseo explica que la primera parte de su mandato tuvo que dedicarla a equilibrar las desbocadas cuentas públicas, sobre todo el déficit. La segunda, a mejorar la competitividad de las empresas con 40.000 millones en ayudas y ventajas. “Ahora tocan las reformas estructurales”.
Pocas y rebajadas reformas. Pese a llamarla “la legislatura reformista”, Hollande y Valls han aprobado muy pocas y rebajadas. “Llevan 30 años diciendo que son necesarias, pero son siempre homeopáticas”, dice el historiador Benoît Pellistrandi. Cita como ejemplo las cuatro “insuficientes” reformas de las pensiones entre 1993 y 2013.
Implosión socialista. La ley originó de inmediato otro foso en la izquierda y en el propio Partido Socialista, hoy en riesgo de implosión. 24 diputados rebeldes –con otros 32 de la izquierda radical- apoyaron son su firma una frustrada moción de censura contra Valls. Ahora han pedido a Hollande que abandone “estas reformas que inquietan legítimamente y dividen inútilmente a la izquierda”. Falto de apoyos en la Asamblea Nacional, donde perdió la mayoría hace año y medio, Valls aprobó la reforma por decreto. Hace dos años predijo que “la izquierda corre el riesgo de morir” si no hace reformas. Hoy augura algo peor: “Este país se muere por sus conservadurismos, por la imposibilidad de reformarse”.


Cesiones inmediatas. El Gobierno limó y edulcoró la ley, que facilita y abarata los despidos, tras las primeras protestas en marzo. Es lo habitual en Francia. Ahora está abierto a negociar “más modificaciones”, pero la CGT le exige “simple y sencillamente” que retire la ley, como repite el líder de ese primer sindicato, el duro Philippe Martinez.
Valls: “Este país se muere por sus conservadurismos, por la imposibilidad de reformarse”.
Dimisión de Valls. El Gobierno apuesta sin fisuras por “la firmeza”. Está obligado para no perder la escasa credibilidad que le queda. Si retirase la ley o la rebajara más, Valls, que admite “errores” en la gestión del proyecto, tendría que dimitir. Lo asumen en el Ejecutivo, aunque añaden: “Ese escenario no existe. Hollande no puede cambiar por segunda vez de primer ministro en dos años”.
Oportunidad para la CGT. Con 690.000 afiliados (llegó a tener más de tres millones), la CGT perdía miles cada trimestre y la CFDT, sindicato reformista que apoya el texto edulcorado, amenaza con quitarle el liderazgo. Hollande ha puesto en bandeja a Philippe Martinez y a su radicalizado sindicato la oportunidad de recuperar fuerza al movilizarse contra una ley denostada por más del 60% de los franceses, porcentaje igual al de los convencidos de que el Ejecutivo se rendirá. Como prueba de su radicalización, Martinez ha participado en incendios de barricadas ante centros de producción.
Eurocopa a la vista. A pocos días de la Eurocopa en Francia, que empieza el día 10, la capacidad de presión de los sindicatos es “brutal”, reconoce el Ejecutivo. La CGT y sus seis organizaciones aliadas han pactado esta semana “ampliar las movilizaciones”. Junio arrancará con paros indefinidos en ferrocarriles y aviación civil. El 14 habrá una manifestación gigante en París. ¿Acaso no era previsible una enorme protesta contra la reforma laboral? “La meteorología social es una ciencia muy aproximativa”, respondía el viernes el ministro Sapin en una reunión con cuatro periodistas, uno de EL PAÍS.


Sólo el ultraderechista Frente Nacional pesca en este río revuelto
Huelgas en el ADN. Los paros, huelgas y manifestaciones “están en el ADN de los sindicatos franceses”, comenta Martinez. “En 10 años ha habido 30 huelgas en el sector de la enseñanza”, recuerda Pellistrandi. El sector privado apenas participa en los paros. No cierra ninguna tienda.
Privilegiados. Entre los cientos de miles de asistentes a las manifestaciones hay cuatro colectivos identificables. La mayoría son representantes sindicales de empresas públicas o semipúblicas, como las de energía o transporte público. “Son trabajadores con más privilegios que el resto, con mejores condiciones laborales o de jubilación”, asegura Pellistrandi. “Una minoría”, insiste Valls.
Otro grupo lo componen estudiantes. El tercero lo integran grupos ácratas e indignados. Por último, cientos de encapuchados violentos actúan regularmente por toda Francia y originan continuos enfrentamientos con la policía. Ha habido ya más de 400 policías heridos y más de 200 jóvenes detenidos.
Le Pen gana. El ultraderechista Frente Nacional pesca en este río revuelto, coinciden los sondeos. Su líder y candidata, Marine Le Pen, y los suyos rechazan la reforma, censuran a la CGT por ser de “la extrema izquierda” y critican al Gobierno por no emplear la mano dura en la calle. Nadie duda de que el año que viene ganará la primera vuelta de las presidenciales. El ministro Sapin tiene claro el porvenir: “La izquierda está dividida. La derecha está dividida. Quien se califique para la segunda vuelta frente a Le Pen será quien esté menos dividido”.


jueves, 26 de mayo de 2016

La necesaria gratitud a quienes ayudan a morir bien y dignamente




 ARTÍCULO PUBLICADO AYER EN EL HUFFINGTON POST
Mal que les pese a algunas personas e instituciones, es un derecho inalienable poder disponer libre y responsablemente de la propia vida. Nos reconocen sin ambages (otra cosa es que mucho de ello quede en papel mojado) el derecho de llevar una vida digna, con todo lo que conlleva (vivienda, trabajo, sanidad, educación, pensiones…) y una vida libre (expresión, reunión, opinión, asociación, información…), pero se multiplican las trabas y los obstáculos cuando se plantea la terminación de esa misma vida: una muerte digna y una muerte libre.

No se trata de obligar a nadie a morir como y cuando no quiere, sino de permitir que cada persona, si quiere, tenga el derecho de decidir (o no decidir) cómo y cuándo morir. Es vergonzante comprobar las reticencias que ponen muchos grupos políticos y asociaciones a plantearse y aún más a dejar plasmado este derecho en la legislación. Se llega así en algunas Comunidades a legislar sobre el proceso de la muerte o los enfermos terminales (Andalucía, Aragón, Canarias, Galicia…), pero aclarando sin dilación que en ningún caso se trata de eutanasia. ¡El temor a la pérdida de votos y a la crítica feroz es enorme entre buena parte de la clase política!

El poder ideológico vigente en España desde hace siglos ni siquiera se resigna a perder una micra de su poder. De hecho, ha tenido atado y bien atado al pueblo principalmente mediante la culpa y el miedo en dos ámbitos principales: la sexualidad y la muerte.

Concretamente, el momento de la muerte (la incertidumbre ante el “más allá”) ha sido inculcado paradójicamente por los predicadores de la vida eterna como el momento del veredicto, de la salvación o la condenación. Los pecados pesan como montañas, la culpa consiguiente solo puede ser aliviada por los funcionarios de la iglesia peregrina (estamos de paso) y el miedo se apodera de la mayoría. En algunas culturas la muerte es el final de un proceso más de la naturaleza. Por el contrario, en las culturas semitas (vg. la judeocristiana) la muerte es un tránsito, glorioso o terrible, hacia el paraíso o las tinieblas. Culpa y miedo. Incluso el tránsito se presenta en todo su esplendor en el martirio o la autoinmolación, envuelto en bombas, llevándose por delante a quien sea. ¡Casi nada!

Baldío sería dirigirme a la clerecía sobre el inalienable derecho a disponer de la propia vida. Me queda la duda (¿la esperanza?) de que la clase política, jurídica y médica, más allá de sus convicciones e ideas individuales, atienda la realidad de muchas personas que desean morir bien, dignamente. Finalizar una vida con tranquilidad y entre el cariño de los allegados es mucho más importante que las encuestas electorales y las posibles campañas linchadoras por parte de los medios afines a la derecha y la reacción.



Pues bien, en nombre de todas las personas que se han visto obligadas a topar con la chapuza o con una obligada ocultación con ocasión de la propia muerte o de la muerte de un ser querido debido a una legislación rácana, timorata e insuficiente sobre el derecho inalienable a disponer de la propia vida, necesito escribir aquí y ahora que me avergüenzan y ofenden todos y cada uno de los responsables políticos y legislativos que no lo han permitido por acción o por omisión. Todos ellos deberían saber que si la vida ha sido valiosa y digna ha de desembocar igualmente en una muerte digna y apacible. Cualquier político que busque que sus conciudadanos vivan bien debería hacer posible que pudieran afrontar con una sonrisa su propio acabamiento, si así lo deciden libre y responsablemente.

Algunas personas ayudan a morir dignamente, a que los últimos momentos de una vida sean apacibles, dignos, coherentes. Lamentablemente, sin embargo, algunos tachan a estas personas de medio delincuentes. Muy al contrario, disponer libre y responsablemente de la propia vida es un derecho y ayudar a llevarlo a cabo es un acto solidario, humanitario, tan lleno de dignidad como la propia muerte que se acompaña. Nadie está obligado a permanecer en la vida más de lo que se desea. Por eso es imprescindible la libertad de decidir también cómo vivir y morir, y de ahí también que sea radicalmente ajeno a la vida que la obliguen a pervivir. Precisamente por ello, hay personas buenas (heroicas, desde mi punto de vista) que arriesgan su libertad y su bienestar ayudando a morir con sosiego y dignidad. Finalizar la propia existencia sobre el derecho a disponer de la propia vida es el último acto de amor a la vida. Por lo mismo, ayudar a alguien a morir digna, libre y responsablemente es igualmente un inequívoco acto de amor y de humanidad.

Mi mayor gratitud a todas las personas que ayudan a morir bien y dignamente a quienes lo solicitan y necesitan.