miércoles, 2 de septiembre de 2015

Menos desahucios y más ganas de hacer bien las cosas




 PUBLICADO HOY EN ELDIARIO.ES  ARAGÓN
Recientemente publiqué un artículo sobre la tragedia diaria que viven las víctimas de los desahucios. En algunos sitios web hay listas sobrecogedoras con algunas de las personas que optaron por el suicidio al verse sin vivienda y sin futuro. La cosa viene de lejos. Por poner algunos ejemplos, según datos recogidos en Wikipedia, en el primer trimestre de 2012, según el Consejo General del Poder Judicial, se produjeron 46.559 desalojos forzosos por la vía judicial, 517 al día. En junio de 2013 el Gobierno de España manifestó que se produjeron las siguientes ejecuciones hipotecarias: 2006 (16.097), 2007 (17.412), 2008 (20.549), 2009 (37.677), 2010 (54.250), 2011 (64.770), 2012 (75.375). Las ejecuciones sin tramitar ascenderían a finales de 2012, a un total de 198.116. Y según el CGPJ en el primer trimestre de 2013  se ejecutaron 19.468 desahucios, lo que arroja una media diaria de 216.

Recuerdo un caso sangrante, Khalifa, un ciudadano senegalés, de 45 años, pequeño, algo canoso, 22 años en España, que una mañana, al regresar a su domicilio, vio a dos amigos suyos sacando a la calle sus pertenencias principales (un poco de ropa, un frigorífico y una lavadora), bajo la atenta vigilancia de dos policías y dos funcionarias. Al cabo de unos meses, operado de un tobillo y tras dos meses de hospitalización a resultas de acabar esposado por un mastodóntico policía, fue condenado a seis meses de cárcel y una multa de 60 euros como autor de un delito de resistencia y de una falta de lesiones.

Sentí vergüenza por aquella sentencia, al igual que me sentí preso de indignación, tristeza y rabia al irme enterando de los seres humanos que optaron por el suicidio como remedio para librarse de la pesadilla del desahucio. Precisamente por ello, me da tanto que pensar (también la misma rabia, indignación y tristeza, aunque por distintos motivos) la reciente noticia de que han sido paralizados los desahucios previstos para el mes de julio y de los que pudo tener conocimiento el actual Ayuntamiento de Zaragoza). Según declaraciones del actual concejal de Vivienda del Consistorio zaragozano, Pablo Híjar, estas acciones preventivas del desahucio pueden llegar a ser aún más efectivas y completas si, en colaboración con algunas plataformas como Stop Desahucios, trabajadores sociales o, directamente, con las familias que deciden ir Consistorio a referir su caso, puede contarse con una información veraz y completa de las situaciones en que se encuentra la parte de la ciudadanía más directa y urgentemente afectada por algún caso de desahucio.

Y la pregunta sigue en pie (de ahí mi rabia, mi indignación y mi tristeza): ¿qué habría ocurrido bastantes años antes si se hubiera puesto en marcha mecanismos institucionales que sirviesen de cortafuegos a los casos de desahucio? ¿En qué han estado pensando muchos de los responsables políticos anteriores, autonómicos y municipales, para no haber evitado tantos casos de desahucio realmente evitables? ¡Cuántas tragedias, cuántas muertes dolorosas podrían haberse evitado!

¿Acaso no es función primordial del gobernante preservar, defender y promover los derechos fundamentales de la ciudadanía? Pues bien, dentro de tales derechos está el recogido en el artículo 47 de la actual Constitución Española (“Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho”) y en el artículo 25.1 de la Carta Universal de los Derechos Humanos de la ONU (“Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios; tiene asimismo derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez u otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias independientes de su voluntad”).

De momento, son 18 los casos de desahucio evitados: cinco, a través del Convenio sobre la detección de supuestos de vulnerabilidad con ocasión del lanzamiento de vivienda familiar y medidas de carácter social firmado en junio de 2013 por el Gobierno aragonés, el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) y la Federación Aragonesa de Municipios, Comarcas y Provincias (FAMCP). En otros seis casos (de familias que no entraban dentro de los criterios de vulnerabilidad previstos en el Convenio antedicho) fue Zaragoza Vivienda, es decir, el propio Ayuntamiento, el que encontró una alternativa. En los siete desalojos restantes se llegaron a diferentes acuerdos: alquileres sociales, paralizaciones temporales en los juzgados, etc. En esta misma línea muy recientemente ha sido creada la Oficina Municipal de Vivienda que se ocupará de informar, asesorar y apoyar a personas y familias prevenir en peligro de perder su vivienda habitual en la capital aragonesa.

Hace unos años, una mujer zaragozana, tras contar sus desventuras con su banco y su hipoteca, escribía: “He colgado. He ido al baño y he estado 10 minutos vomitando. Parece que ya me echan de mi casa en 15 días, no sé. Busco trastero barato, Besos”. En pocos lugares he aprendido tanto como a través del contacto con gente buena y generosa de Stop Desahucios. Esa mujer, Maite, fue una de esas personas.

Juan de Mairena me hace entrega en la zaragozana Puerta Cinegia de una cuartilla para que la lean los dirigentes, los políticos, los gobernantes que hicieron menos de lo que debían en el pasado en relación con los desahucios, y sobre todo los dirigentes, los políticos, los gobernantes en cuyas manos está la posibilidad de paliar y ¡ojalá! resolver tantas tragedias, tantas amarguras a causa de la privación de la vivienda habitual personal y familiar. La cuartilla dice así: “Hay que tener los ojos muy abiertos para ver las cosas como son; aún más abiertos para verlas otras de lo que son; más abiertos todavía para verlas mejores de lo que son. Yo os aconsejo la visión vigilante, porque vuestra misión es ver e imaginar despiertos, y que no pidáis al sueño sino reposo”.


Diario de un profeflauta motorizado, 556


Marisol y el profeflauta se han liado hoy a hablar hasta tal punto que la mañana se ha ido y nadie sabe cómo ha sido, y se han olvidado de sacar fotografías para la posteridad.
Mañana destemplada en su primera parte. Los árboles comienzan a amarillear. Guillermo llega hoy para pasarse varios días en Zaragoza, así que hoy y el resto de lo días son festivos.
Gianna Nannini nos acaricia el corazón con esta maravillosa criatura de canción.



hasta mañana

Divagaciones acerca de lo sanitario y la vida sana




 PUBLICADO HOY EN HERALDO SANITARIO DE OREGÓN
¡Mira que no caer! ¡Mira que no darme cuenta de que el nombre completo de este sitio web es Heraldo SANITARIO de Oregón! Reconozco mi superficial mirada, acepto las correcciones fraternales de algún que otro lector. Me pongo manos a la obra para corregirme de inmediato. Me impongo atenerme a lo que me vaya ilustrando sobre este asunto el Diccionario de la Real Academia de la lengua Española.
Sanitario es lo “perteneciente o relativo a la sanidad” (vg. medidas sanitarias), a “las instalaciones higiénicas de una casa, de un edificio, etc.”, o “a las instalaciones de agua de mar empleada para limpieza y usos higiénicos”, al “individuo del cuerpo de Sanidad militar”, a “la persona que trabaja en la Sanidad civil”,  al “dispositivo o pila de higiene instalado en un cuarto de baño” (vg. la bañera, el bidé, etc.; de ahí que se hable de “aparatos sanitarios”). Por tal razón es normal y usual aplicar el término “sanitario” al auxiliar técnico, la ciudad sanitaria, el cordón sanitario, el cuarto sanitario, el servicio o servicios sanitarios, la toalla sanitaria…
No obstante todas estas aclaraciones y superando mi cortedad de miras, me percaté de que “sanitario” (del latín sanitas, -atis) proviene directamente de “sanidad”, por lo que no tuve más remedio que volver a acudir al Diccionario de la RAE. Así, “sanidad” equivale a “cualidad de sano” y de “saludable”, al “conjunto de servicios gubernativos ordenados para preservar la salud del común de los habitantes de la nación, de una provincia o de un municipio”, al “conjunto de servicios para preservar la salud de los habitantes de una nación, de una provincia”, a “sanidad gubernativa” o “que tiene establecidos sus servicios y los presta en las costas y fronteras nacionales” o “que ejerce su ministerio propio dentro del Estado o país” (vg. sanidad marítima) o  a la sanidad que es “parte de la exterior que radica en los puertos y atañe a la navegación”.
Habida cuenta de mi inveterada torpeza a la hora de aclararme ante un conjunto de elementos análogos y dispares al mismo tiempo, dejé al fin de perderme entre los numerosos árboles del bosque y fijar mi mirada en el bosque en su conjunto: sanitario y sanidad me condujeron a salud, común denominador e inspirador común de todas y cada una de las acepciones anteriores.
Pues bien, siempre gracias al Diccionario de la RAE, “salud” significa en primer lugar el “estado en que el ser orgánico ejerce normalmente todas sus funciones”, así como aquellas “condiciones físicas en que se encuentra un organismo en un momento determinado”. Posteriormente, el Diccionario recoge derivaciones religiosas, corteses, sociales, etc. como “estado de gracia espiritual”, salvación o consecución de la gloria eterna”, “inmunidad de quien se acoge a lo sagrado”, “actos y expresiones corteses” (vg. beber a la salud de alguien”, “brindar a su salud”), precavidas (vg. curarse alguien en salud), etc.
Total, que concluyo pensando que en el Heraldo de Oregón, incluso en su específica identidad de Sanitario, cabe todo (eso sí, a condición de que lector y escritor sean personas de buena voluntad, cosa que no siempre se cumple) mientras se refiera a salud (buena o mala) o, en otras palabras a un cierto estado de bienestar o de equilibrio, ya sea percibido y expresado a nivel subjetivo o más o menos aproximado al objetivo. Salud puede contraponerse a enfermedad, sí, pero también puede fundirse con cuanto de bondad, utopía y deseo de libertad y felicidad hay en el ser humano.
Homo sum, humani nihil a me alienum puto” ("Hombre soy; nada humano me es ajeno"), dejó escrito Publio Terencio Africano en su comedia Heautontimorumenos (El que se atormenta a sí mismo”). Con ese mismo espíritu y con inmenso placer escribo en este Heraldo Sanitario de Oregón, también a sabiendas y en la conciencia de que sanitario viene de salud, que a su vez anhela incondicionalmente la felicidad y la solidaridad con los intereses y la problemática de todos y cada uno de los seres humanos del mundo, sean sanitarios, colombianos, japoneses, libios, extremeños, israelíes, canadienses, iraníes, afganos, bosnios, sirios, alemanes, ibicencos, esquimales, ugandeses, taustanos, argelinos, irlandeses, peruanos, serbios, chechenos, leperos, kurdos, de ultraderecha, de ultraizquierda, creyentes en Alá, en Yahvé, en la Virgen del Rocío, en el Juventus de Turín, en la Lotería Primitiva, en nada, en algo, homosexuales, heterosexuales, bisexuales, transexuales, asexuales, fóbicosexuales, adictosexuales, enanos, gigantes, chepudos, paralíticos, militares, monjas de clausura, disminuidos y discapacitados de todo tipo, con turbante, con cofia, con boina, con casco, con gorra deportiva, con cachirulo, calvos, con tupé, rubios, morenos, engolados, chorizos, gorrones, santos, héroes, artistas, canónigos, ciclistas, jardineros, y un sinfín más de hombres y mujeres pertenecientes a la extensa fauna y  flora humana, a los que deseo de corazón una buena y hermosa salud, una buena vida sana y una sana vida buena.







martes, 1 de septiembre de 2015

Diario de un profeflauta motorizado, 555


Primer día de nuevo en Puerta Cinegia, por los derechos fundamentales y las libertades ciudadanas y contra los recortes perpetrados por el PP. Toda una hazaña de la voluntad. Todo sigue en su sitio: la calle Alfonso, la plaza, las tiendas, las cafeterías, los camareros de las terrazas…
No obstante, me recuerda eso de que “todo sigue en su sitio” el planteamiento de Hume, Kant, recogido por Hawking en su libro El gran diseño: 

“¿Cómo sé que una mesa existe si salgo de la habitación y no puedo verla? ¿Qué significa que cosas que no podemos ver, como electrones o quarks –partículas de las que están formados, según creemos, los protones y los neutrones- existen? Podríamos tener un  modelo en que la mesa desapareciera cada vez que salimos de la habitación y reapareciera en la misma posición cundo volvemos a entrar, pero ello sería embarazoso ya que ¿qué pasaría si ocurriera algo cuando estamos fuera, por ejemplo si cayera el techo? El modelo en que la mesa desaparece cuando salimos de la habitación, ¿cómo podría explicar que cuando volvemos a entrar la mesa reaparecerá rota bajo los cascotes? El modelo en que la mesa sigue existiendo da una explicación mucho más simple y concuerda con la observación. Es todo lo que le pedimos”.
Incluso Hawking da una vuelta de tuerca y plantea con Feynman que hasta el observar mismo modifica lo observado: “¿No podemos, como cuando nuestro director tiene una mancha de mostaza en la barbilla, observar discretamente pero sin interferir? No. Según la física cuántica, no podemos “tan solo” observar algo. Es decir, la física cuántica reconoce que para efectuar una observación debemos interaccionar con el objeto que estamos observando”.
En fin, que desenredando la madeja, “¿todo sigue igual en Puerta Cinegia?”

Marisol, Marga, Beatriz y yo hemos estado allí, hemos guardado a las 12 del mediodía un minuto de silencio por las víctimas del accidente en Pirotecnia Zaragoza con seis personas fallecidas y varias heridas graves. Después hemos cantado por tres veces el Canto a la Libertad. Emocionante, en verdad.




Una bonita canción interpretada por M. Knopfler y R. Moody para empezar septiembre:


Hasta mañana