lunes, 6 de junio de 2011
miércoles, 1 de junio de 2011
¿Y esas bolsas de plástico negras?
Publicado hoy en El Periódico de Aragón
Alguno que otro aún se preguntará que habrá sido de esas tres bolsas de
plástico negras que contenían 1,5 millones de euros en billetes de 500 y que
mediante algún portento divino o
humano fueron mutando en 1,2 millones a las pocas horas y en 450.000
euros al día siguiente. La pregunta no interpela solo a las moradoras del
monasterio cisterciense de Zaragoza, poseedoras del dinero, sino sobre todo a
las posibles pesquisas, diligencias e investigaciones que la policía, la
inspección de Hacienda y la fiscalía deberán de estar realizando sobre el
asunto. Y a los medios de comunicación. La cosa es que tras su efervescencia
inicial, como nada se ha vuelto a saber y la noticia se ha esfumado, desconozco
si ello se debe al vertiginoso devenir de las noticias en la sociedad en que
vivimos o más bien a los desvelos de algunos por que algunos eventos queden
enterrados en el monte del olvido.
El mayor riesgo de tanto fulgor fugaz y tanta amnesia posterior de una
noticia es que la valoración de la vida y del mundo puede quedar diluida en el
baúl colectivo de lo que la “opinión pública” sitúa como importante o ya pasado
de moda. Por ejemplo, que seis de los diez imputados del PP en Madrid por lo
que Esperanza Aguirre calificó de
“tonterías” (prevaricación, malversación, tráfico de influencias…) hayan
logrado la alcaldía (la Comunidad Valenciana de Camps desborda cualquier tratamiento serio y decente). O que Carlos Fabra deje la Diputación
conservando el sueldo, coche oficial, chófer y guardaespaldas, y pase a cobrar
90.000 euros anuales de la Cámara de Comercio de Castellón. El común
denominador de estos y otros muchos hechos similares, incluidas las bolsas de
plástico negras, es que al ciudadano solo le restan las preguntas, la
impotencia y la indignación.
Seguramente, Luisa Fernanda Rudi
será la próxima Presidenta de Aragón. Independientemente de lo que diga y haga
durante su mandato, resultará intrincado pasar por alto que en plena campaña
electoral, desde el lema “gobernaré para todos”, boicoteó a EL PERIÓDICO DE
ARAGÓN, no concediendo entrevistas ni publicidad de campaña, por “discrepancias
con la línea editorial”. Su postura solo tiene un nombre y revela un talante
que da miedo y está poco sujeto a interpretaciones. No se trata de parapetarse
tras el muro de la revancha y la animosidad, sino de recordar el talante
definitorio de una persona con responsabilidades públicas de primer orden, el
hilo conductor que conecta su ideario y sus actuaciones políticas.
Rueda y rueda la piedra de Sísifo arriba y abajo de la montaña, sin rumbo
y sin criterio. En una semana los socialistas, sin digerir uno solo de los
amargos bocados que han debido tragarse por deméritos propios, han pasado de
una estrepitosa derrota electoral, al dilema congreso-primarias, la renuncia de
Chacón y la entronización
dedocrática de Rubalcaba. Sin
embargo, al hablar de cambio no dicen qué y hacia dónde quieren cambiar, y
cuando hablan de ganar solo parecen referirse a las elecciones, obviando qué
quieren hacer si las ganaren, dado la espalda, una vez más, a la ciudadanía. Es
decir, el eterno retorno del mismo discurso, la misma miopía, el mismo autismo
político.
Entretanto, se crea una comisión para decidir cómo hacer del Valle de los
Caídos un “lugar democrático de reconciliación”, cuando Auschwitz o Dachau
jamás han pretendido ser lugares democráticos ni reconciliar a nadie, sino solo
recordar el horror y denunciar el crimen. A Rouco Varela solo se le ocurre decir sobre los acampados del 15M y
sus reivindicaciones que “no hay cosa más económica que rezar" y que
“tienen problemas con sus almas”, disintiendo así del consejero de Interior de
la Generalitat, Felip Puig, que
comandó el desalojo violento de los acampados en Plaza de Cataluña escudándose
en hipócritas razones higiénico-sanitarias. Fukushima ha dejado de existir y Netanyahu rechaza el plan de paz
propuesto por Obama, contraviniendo
una vez más las resoluciones de la ONU, sacando también a la luz la espinosa
cuestión de quién manda realmente en Naciones Unidas y en el mundo. En medio de
esta bruma amnésica, una mujer es detenida por conducir en Arabia Saudí, allí
donde no bombardea la OTAN ni urden los “aliados” nuevos planes de guerras
preventivas para defender los derechos humanos. Por su parte, Belloch toma diariamente dos tazas del
caldo que antaño no quería y ya no invoca a su dios para que impida un
tripartito de izquierdas en el ayuntamiento zaragozano.
Mientras, Brecht clama en el
desierto: “No os dejéis consolar.
Vuestro tiempo no es mucho”. Al escucharlo, muchos amnésicos le responden,
divertidos, que no necesitan consuelo porque las gaviotas prometen un futuro
mejor y las rosas ya han brotado también en fase de tiernos capullos.
lunes, 30 de mayo de 2011
Discurso de Gervasio Sánchez en La Zarzuela
DISCURSO DURANTE LA ENTREGA DE LA GRAN CRUZ DE ORO DE LA ORDEN CIVIL
DE LA SOLIDARIDAD SOCIAL EN LA ZARZUELA (26 DE MAYO DE 2011)
Majestad, Ministra de Sanidad, Política Social e Igualdad, Secretaria General de Politica Social y Consumo, señoras y señores
Me toca la difícil tarea de hablar en nombre de todos los premiados, personalidades con curriculums impecables que ha dedicado sus vidas a luchar por un mundo mejor.
Mujeres y hombres que combaten contra la exclusión de los más marginados y se enfrentan diariamente a la incomprensión social. Mujeres y hombres que superponen el sacrificio sobre la comodidad y que arriesgan sus vidas por salvar las de los demás. Mujeres y hombres cuyos comportamientos impecables representan los valores que dignifican a una sociedad.
No me queda ninguna duda de que cualquiera de estas personalidades debería ocupar este lugar porque sus prestaciones sociales y conductas ejemplares son más valiosas que las de este humilde fotógrafo y periodista.
Por ello me siento aún más agradecido al Estado español y al Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad por la concesión de la Gran Cruz de Oro de la Orden Civil de la Solidaridad Social.
Llevo más de la mitad de mi vida viendo con mis propios ojos los desastres de las guerras. Siempre cerca de la sal de la tierra donde se revuelcan los olvidados de este inmenso barrizal de violencia y cinismo que soportamos. Viendo lo fácil que es morir cuando no se ha tenido la suerte de nacer en nuestras sociedades privilegiadas.
Sólo en el último mes he visto tantas historias sobre el sufrimiento y la desgracia humana en Afganistán que ni siquiera me queda espacio en la conciencia para guardarlas.
He visto a niños condenados a la muerte por falta de un equipo de diálisis, cuyo coste es menor que cualquier bomba inteligente.
He visto a mujeres, incluso a niñas, condenadas a la violación permanente por culpa de matrimonios forzosos. He visto a jóvenes inmoladas, deseosas de quitarse la vida para liberarse de las tradiciones sociales que las aniquilan como seres humanos.
De nuevo he conocido a decenas de afganos que desconocen cómo es un país sin guerra. Que, como tantos millones de seres humanos en el mundo, nacieron en guerra y morirán en guerra.
Hace dos décadas vendimos armas a Sadam Hussein con las que gaseó y asesinó a la población civil de su país. Hace menos, unos meses quizá, vendimos armas a Muammar el Gadafi con las que aniquila a la población civil de su país.
Incluso algunas nuestras empresas multinacionales como Repsol ampliaron sus volúmenes de negocios en Libia sin importarles el carácter criminal de su régimen.
Hace menos, incluso, hoy mismo seguimos haciendo negocios de la muerte con gobiernos que violan sistemáticamente los derechos humanos.
Se me ha condecorado por mi “labor de sensibilización social y concienciación de la opinión pública sobre el sufrimiento de la población civil, y especialmente los niños, en los conflictos armados”.
Majestad, por estos valiosos principios me siento obligado a recordar al público que el gobierno actual, liderado por el presidente José Luis Rodríguez Zapatero, una de las personas que más han usado, instrumentalizado, abusado y retorcido la palabra paz en las dos últimas legislaturas, ha cuadriplicado la venta de armas españolas desde 2004 y nos ha convertido en la sexta potencia del mundo.
Por estos valiosos principios quiero recordar que los culpables por acción son los que ordenan matar y los que matan en el campo de batalla.
Pero también existen unos culpables por omisión, aquellos que permiten los crímenes, aquellos que los silencian o los excusan. Aquellos que negocian tramposamente los contratos bélicos, violando las propias leyes parlamentarias de control de armas.
Nuestro país ocupa un lugar estelar en la órbita de la violencia. Es muy desolador saber que batimos records anuales en venta de armas.
Preferiría como ciudadano español que nuestros gobernantes se dedicasen a la labor de sensibilización y concienciación de la opinión pública mundial y de los gobernantes más belicistas en aras de reducir el gran negocio que es la guerra y de poner fin al sufrimiento de la población civil y, especialmente los niños, atrapados en tantos conflictos armados mediáticos y olvidados.
Muchas gracias
Majestad, Ministra de Sanidad, Política Social e Igualdad, Secretaria General de Politica Social y Consumo, señoras y señores
Me toca la difícil tarea de hablar en nombre de todos los premiados, personalidades con curriculums impecables que ha dedicado sus vidas a luchar por un mundo mejor.
Mujeres y hombres que combaten contra la exclusión de los más marginados y se enfrentan diariamente a la incomprensión social. Mujeres y hombres que superponen el sacrificio sobre la comodidad y que arriesgan sus vidas por salvar las de los demás. Mujeres y hombres cuyos comportamientos impecables representan los valores que dignifican a una sociedad.
No me queda ninguna duda de que cualquiera de estas personalidades debería ocupar este lugar porque sus prestaciones sociales y conductas ejemplares son más valiosas que las de este humilde fotógrafo y periodista.
Por ello me siento aún más agradecido al Estado español y al Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad por la concesión de la Gran Cruz de Oro de la Orden Civil de la Solidaridad Social.
Llevo más de la mitad de mi vida viendo con mis propios ojos los desastres de las guerras. Siempre cerca de la sal de la tierra donde se revuelcan los olvidados de este inmenso barrizal de violencia y cinismo que soportamos. Viendo lo fácil que es morir cuando no se ha tenido la suerte de nacer en nuestras sociedades privilegiadas.
Sólo en el último mes he visto tantas historias sobre el sufrimiento y la desgracia humana en Afganistán que ni siquiera me queda espacio en la conciencia para guardarlas.
He visto a niños condenados a la muerte por falta de un equipo de diálisis, cuyo coste es menor que cualquier bomba inteligente.
He visto a mujeres, incluso a niñas, condenadas a la violación permanente por culpa de matrimonios forzosos. He visto a jóvenes inmoladas, deseosas de quitarse la vida para liberarse de las tradiciones sociales que las aniquilan como seres humanos.
De nuevo he conocido a decenas de afganos que desconocen cómo es un país sin guerra. Que, como tantos millones de seres humanos en el mundo, nacieron en guerra y morirán en guerra.
Hace dos décadas vendimos armas a Sadam Hussein con las que gaseó y asesinó a la población civil de su país. Hace menos, unos meses quizá, vendimos armas a Muammar el Gadafi con las que aniquila a la población civil de su país.
Incluso algunas nuestras empresas multinacionales como Repsol ampliaron sus volúmenes de negocios en Libia sin importarles el carácter criminal de su régimen.
Hace menos, incluso, hoy mismo seguimos haciendo negocios de la muerte con gobiernos que violan sistemáticamente los derechos humanos.
Se me ha condecorado por mi “labor de sensibilización social y concienciación de la opinión pública sobre el sufrimiento de la población civil, y especialmente los niños, en los conflictos armados”.
Majestad, por estos valiosos principios me siento obligado a recordar al público que el gobierno actual, liderado por el presidente José Luis Rodríguez Zapatero, una de las personas que más han usado, instrumentalizado, abusado y retorcido la palabra paz en las dos últimas legislaturas, ha cuadriplicado la venta de armas españolas desde 2004 y nos ha convertido en la sexta potencia del mundo.
Por estos valiosos principios quiero recordar que los culpables por acción son los que ordenan matar y los que matan en el campo de batalla.
Pero también existen unos culpables por omisión, aquellos que permiten los crímenes, aquellos que los silencian o los excusan. Aquellos que negocian tramposamente los contratos bélicos, violando las propias leyes parlamentarias de control de armas.
Nuestro país ocupa un lugar estelar en la órbita de la violencia. Es muy desolador saber que batimos records anuales en venta de armas.
Preferiría como ciudadano español que nuestros gobernantes se dedicasen a la labor de sensibilización y concienciación de la opinión pública mundial y de los gobernantes más belicistas en aras de reducir el gran negocio que es la guerra y de poner fin al sufrimiento de la población civil y, especialmente los niños, atrapados en tantos conflictos armados mediáticos y olvidados.
Muchas gracias
domingo, 29 de mayo de 2011
miércoles, 25 de mayo de 2011
lunes, 23 de mayo de 2011
Escrito bajo el paraguas
A publicar en El Periódico de Aragón el próximo miércoles
No voy a entrar en datos y detalles, pues otros muchos se están
encargando de hacer serios y sesudos análisis sobre las elecciones del domingo
pasado. El PP ha arrollado al PSOE de un modo que no tenia precedentes, y ahora
solo les resta a los partidos el trueque en algunos casos de municipios y
poltronas, como niños intercambiando cromos de futbolistas: te doy esto, pero a
cambio tú me das esto otro. Prefiero, pues, hacerme preguntas cuyas respuestas
no terminan de asentarse en mi cabeza por falta de lógica.
No me explico, por ejemplo, que un buen número de ciudadanos hayan
seguido dando mayorías absolutas, prescindiendo de que su municipio o comunidad
están gravemente infectados de corrupción. Por ejemplo, en el Castellón de Fabra, en la C. Valenciana de Camps y en tantos territorios
salpicados por el caso Gürtel han seguido apoyando con mayorías absolutas a
políticos imputados como si nada hubiese ocurrido. Ciertamente, la corrupción
de unos (vg. en Andalucía) ha sido duramente castigada poniendo en su lugar a
otros directa o indirectamente consentidores de otras corrupciones, pero su
común denominador pone de manifiesto que la sociedad donde vivimos y la
política que rige la vida ciudadana están enfermas, enfermas de visceralidad,
por un lado, y de carencia de criterios realmente éticos, por otro.
Han pretendido hacernos ver que la política consiste en una contienda
bipolar en la que dos Partidos, denominados mayoritarios, se reparten cada
cierto tiempo el poder como si de dos equipos de fútbol antagónicos se tratase:
de ahí la visceralidad de sus partidarios y votantes, de ahí la falta de un
criterio racional que no sea ganar a toda costa, echar la culpa de todos los males y machacar al
contrincante; de ahí también que la clase política esté al borde del marasmo.
Sigo echando de menos a un político que reconozca que se ha equivocado en
algo. Quisiera oír a menudo que la vida política debe dar un giro de muchos
grados y sintonizar con la sensibilidad popular aglutinada en el Movimiento
15M. Me pregunto asimismo si para el PP 300.000 votantes vascos (Bildu segundo
partido en Euskadi, primero en Guipuzcoa) siguen siendo proetarras. La cosa es
que Rajoy preconizó la noche del domingo el advenimiento de una nueva era, lo
que seguramente es cierto y por lo que me apresuro a abrir el paraguas
considerando la que puede caer encima.
Por la pusilanimidad y el “tacticismo” desnortado del PSOE, durante siete
años ya en el Gobierno de la nación, podemos ir despidiéndonos, si gana el PP,
de una ley nonata de la eutanasia (mucho más del derecho a la libre disposición
de la propia vida), de una ley nonata de libertad de conciencia (en la que la
libertad religiosa esté recogida como un caso más de ese derecho ciudadano).
Rajoy ha anunciado que abolirá la ley del matrimonio entre homosexuales y la
actual ley del aborto, también que
eliminará la asignatura de Educación para la Ciudadanía. Con su postura
neoliberal, se abrirá aún más la brecha entre sanidad pública y privada, entre
centros de enseñanza públicos y concertados privados (a la escuela pública y
laica le esperan largos y duros años de desierto). La confesionalidad del Estado y el apoyo institucional a la
multiconfesionalidad, consolidando de paso los privilegios seculares de la
iglesia católica, tendrán una incondicional acogida entre las instituciones y
los representantes del Estado.
Bienvenidas sean la ascensión de IU, la consolidación de CHA, la
sustanciosa bajada del PAR, ese caciquil grano en el culo que padecemos en
Aragón. Ahora queda pendiente sobre todo que los Partidos vuelvan a ser medios
y no fines, el fin de la endogamia política, de los vagos, de los corruptos,
del descrédito de los políticos. Es preciso modificar una Ley electoral que
machaca injustamente a los partidos minoritarios, salvo en los tradicionales
previos nacionalistas, y que tampoco conviene a los intereses de los partidos
mayoritarios.
Cierro el paraguas entre las tiendas indignadas de la Plaza del Pilar, y
escucho allí con agrado que deben ser prioritarios la igualdad, la solidaridad,
el libre acceso a la cultura, la sostenibilidad ecológica y el desarrollo, el
bienestar y la felicidad de las personas. Reclaman allí el derecho a la
vivienda, al trabajo, a la cultura, a la salud, a la educación, a la participación
política, al libre desarrollo personal, y derecho al consumo de los bienes
necesarios para una vida sana y feliz. Allí se oponen a la acumulación de poder
que genera desigualdad e injusticia, al modelo económico vigente que enriquece
a unos pocos y sume en la pobreza y la escasez al resto.
Bajo el aguacero (se me ha roto ya el paraguas), debemos llevar a cabo
una revolución ética con el pueblo y para el pueblo.
Contemplando imágenes en la pared de la caverna
El espiritu crítico y racaional de no pocos votantes
Perspectiva de Estado en vencedores y/o vencidos
El político debe decir algo creíble al pueblo tras las elecciones
Jornada de reflexión tras las elecciones
Conclusión final
viernes, 20 de mayo de 2011
Tras leer la prensa...
Obama fija las fronteras de 1967 como base para el acuerdo
entre palestinos e israelíes ¿Pero no las había puesto la ONU? ¿Es de fiar EEUU
mediando en este asunto? Somos gastos escaldados…
La campaña no va a la escuela, leo en El País. O sea, que
nadie ha hablado de educación en la campaña. ¿Es que la política, el debate, el
espíritu crítico han estado alguna vez en la escuela?
El tribunal decide encausar a la cúpula del PP de Camps por
financiación ilegal. Imputados, imputados, imputados por todas partes. ¡Qué putada de imputados!
Rajoy se apunta al 15-M y promete luchar contra la
"desesperanza". ¿Se apuntará también a la legalización de la
marihuana? Yo me apunto a la desesperanza, pues no quiero saber nada con
Mariano.
Trillo responde con una "peineta" en Alicante. Hizo
algo parecido al tribunal que le eximió de cargos en el caso Yak42. Menudo
sujeto…
El PSOE intenta evitar el contagio del descontento. Contagio?
Dónde está el virus? Descontento=enfermedad?
Dijo Noé en el arca: Como éramos pocos parió la hipopòtama.
El dictamen de la Junta Electoral ha ido por ese mismo camino. Quousque tandem?
Los votos en blanco, los votos nulos y las abstenciones
favorecen a los partidos mayoritarios, a que todo siga igual. INDÍGNATE Y VOTA
Descubiertos 10 objetos como Júpiter sueltos por la galaxia.
En política hay muchos más Basta pensar en UPyD
Dice Penélope Cruz: "Viendo a los jóvenes de España se
me parte el corazón" O se, igualica que Dolores Ibarruri y Victoria Kent
miércoles, 18 de mayo de 2011
Soma aragonés para ángeles indecisos
Publicado hoy en Andalán http://www.andalan.es/?p=4559
Cuenta Cioran al inicio de su obra
Desgarradura que, según una leyenda
de inspiración gnóstica, en el cielo se desarrolló una lucha entre ángeles, en
la cual los partidarios de Miguel vencieron a los del Dragón. Sin embargo, hubo
también ángeles que no tomaron parte en esa lucha y se quedaron dudando qué
hacer y no hacer durante la contienda. Estos ángeles indecisos que se limitaron a mirar
fueron relegados a la Tierra, con el doble estigma, por un lado, de no recordar
nada de aquel combate ni de su actitud titubeante y, por otro, tener que tomar
decisiones en su penoso exilio. Los seres humanos somos los descendientes
directos de esos ángeles indecisos y así comenzó la historia humana sobre la
Tierra.
Según ello, lo que ahora llamamos
libertad no es sino el producto de un titubeo original, una vacilación
original. Decidimos todos los días y a cada instante hasta las cosas más
nimias: qué camisa ponerme por la mañana, saludar o no a ese vecino que me cae
tan mal, decir la verdad o maquillarla para tranquilidad de quien pregunta,
escuchar la radio o leer la prensa, escribir o no este artículo, votar o no, a
quién votar… Por eso hay personas propensas a decidir lo menos posible, a no
tomar decisiones personales. Siguen la corriente, van a donde va la gente, dicen,
piensan, buscan, rechazan y se atienen a las pautas comunes de pensamiento y de
comportamiento. En buena parte, también así se hacen y se deshacen las
mayorías. La mayoría abriga en la soledad y justifica en la decisión tomada:
somos mayoría, no podemos equivocarnos tantos, tenemos razón. La mayoría ama la
uniformidad, que, a su vez, exime del compromiso de tomar partido, pues lo
evidente (=lo mayoritario) no tiene por qué demostrarse, sino que se acepta sin
más cuestionamientos.
Al hilo de esa leyenda gnóstica,
arrojado a la Tierra para aprender a optar, el ser humano se ve condenado a desbrozar
su propio camino, a escribir día a día su propia autobiografía, a menudo tan
poco presentable. Puede incluso sentirse partido en dos, pues, por un lado,
está obligado a ser protagonista
de su propia vida y, por otro, tiende
a apropiarse el papel de simple espectador. En el mundo originario
celestial se le permitió la neutralidad, pero ahora, ya en la Tierra, incluso
esa neutralidad es previamente una decisión (“no quiero meterme en líos”,
“estoy con lo que digan todos”…). Ve y vive entonces la libertad como un
castigo, si bien podría convertirse en un motivo de renovación, de llegar a ser
él mismo, de depender básicamente de sí mismo.
Eso produce también angustia:
para ser libre hay que ser lobo estepario en la rotunda soledad del desierto,
sin apoyaturas ni amparos. Por eso, como compensación de la angustia, se tiene
una prisa enorme por abrazar una causa, por aglutinarse alrededor de una verdad,
por seguir unas directrices aquietantes. Pero, ¿alrededor de qué clase de verdad o directriz?
No existe la verdad si no está metabolizada por
una mente, en la gozosa posesión de contemplarla, en la decisión personal de
hacerla propia. La verdad es interior, y solo después puede y debe ser
compartida con otros. Por eso no entiendo que a una persona se le suponga solo
en una campaña electoral en condiciones de tomar partido por un Partido.
Tampoco entiendo que solo el 22-M se le invite a decidir, a otorgarle el voto
en las urnas, a optar por un determinado proyecto político, pues el sistema
(también y sobre todo el sistema educativo) impele durante el resto del año a
no pensar, optar o juzgar críticamente.
Me parece igualmente inaceptable que se asuma como
un axioma que la opción básica reside solo en dos Partidos, de tal forma que
decidir por otra opción queda situado casi en lo marginal. Son dos Partidos que
perviven en el limbo de la leyenda de Cioran, siempre en la endógena ocupación
de conseguir el poder, siempre al dictado de las encuestas de opinión, de los
intereses minoritarios de sus amos, los dueños del dinero, de la necesidad de
consumir y proporcionar el “soma” cotidiano. Esos dos Partidos no proponen
nada, salvo que todo continuará más o menos igual, sin sobresaltos. Sus ideas
son humo, lo que exime de pensar; sus promesas son humo, lo que exime de
reclamar; sus acciones son aquietantes, lo que exime de cualquier intento de
rebelión. Los descendientes de los ángeles indecisos quieren orden y seguridad,
y eso se les da a capazos, con tal de que no se muevan.
Tampoco entiendo que haya un Partido en Aragón que
se declare centrista, cuando se limita a acomodarse al viento que sopla cada
cuatro años en casas ajenas; que se declara bisagra, cuando y porque le da
igual arre que so, con tal de seguir ocupando los mismos edificios, los mismos
despachos. Sobre todo no entiendo que la ciudadanía aragonesa aún no haya
declarado a ese Partido especie política en extinción y aún no haya denunciado que es una tomadura de pelo.
Mientras decidir se vea como un castigo y una
molestia, mientras se busque compulsivamente el anonimato de lo impersonal para
seguir haciendo y omitiendo sin el menor sobresalto, esto que llamamos
democracia formará parte del Soma consumido en el mundo feliz de Aldous Huxley,
con el que curar las penas y la desventura. Métase hoy un gramo de soma en un
sobre, introdúzcase en la rendija de una urna de cristal y por la noche,
recontados los votos, ya está permitido utilizar la primera persona del plural
en clave casi mayestática para afirmar, con satisfacción, que “hemos ganado”.
De hecho, “si por desgracia
se abriera alguna rendija de tiempo en la sólida sustancia de sus
distracciones, siempre queda el soma: medio gramo para una jornada de asueto,
un gramo para el fin de semana, dos gramos para un viaje al bello Oriente, tres
para una oscura eternidad en la Luna”.
martes, 17 de mayo de 2011
lunes, 16 de mayo de 2011
A publicar el miércoles próximo en El Periódico de Aragón
Recientemente los obispos
católicos aragoneses daban a conocer la Carta Pastoral “Solo Dios es el señor
de la vida”, que a quien no esté en esa onda puede sonarle parecido a “solo el
rey de la galaxia de Andrómeda es el señor de los leptones”. Y es que los
señores obispos creen que su jerga es universal y compartida por todos, cuando
en realidad se trata de un conjunto de conceptos variopintos agrupados en
pseudoproposiciones.
Dicen los obispos que el
motivo de su carta es la “Ley de derechos y garantías de la dignidad de la
persona en el proceso de morir y de la muerte”, aprobada y promulgada en marzo
pasado por los diputados de las Cortes de Aragón, legítimos representantes de
la ciudadanía aragonesa, votados y elegidos democráticamente, cosa que no
ocurre con los jerarcas católicos, aragoneses y no aragoneses. Afirman los obispos
que en “la obligación de decir una palabra
autorizada al respecto” y advierten ade que esa ley puede “proteger acciones de
eutanasia encubierta”, como si nuestros diputados fuesen unos lerdos que no se
dan cuenta de nada o unos desalmados que pretenden colar por la gatera una
forma de llevarse al vecino por delante u “obligar a los médicos y personal
sanitario a realizar o a colaborar en acciones contrarias a los principios
éticos fundamentales y al verdadero fin de la medicina”, quedando a merced de
“la arbitrariedad individualista o del totalitarismo encubierto del poder
público o de poderes fácticos”. Antes, los obispos hacían mil y una
distinciones bizantinas a la hora de hablar de la eutanasia, pero ahora la
señalan como si de un mismísimo pecado supermortal se tratase.
Por
otro lado, sus dioses no les han concedido precisamente el don de la claridad
(suponiendo que la hayan pretendido). Sirvan como botones de muestra estos párrafos
de su Carta Pastoral: “la
fidelidad al ser de la persona humana, intangible en sí misma en todos sus
hemisferios y en todos y en cada uno de sus periodos vitales…”; la dignidad
moral “presupone la ontológica, se edifica sobre la ontológica”; el verdadero
sentido de la libertad “no consiste en la seducción de una autonomía total,
sino en la respuesta a la llamada del ser, comenzando por nuestro propio ser”.
O sea, oro parece, plata no es.
Los obispos aragoneses desconfían de las personas que quieren una muerte
digna y han luchado mucho por ver plasmada en una ley su determinación de acabar
bien su vida, y en no pocos casos también de no volver a sufrir la pesadilla de
las muertes penosas y/o indignas de algunos de sus seres queridos. Esas
personas aman su libertad y su vida sobre todas las cosas, y precisamente por
eso no quieren que ninguna ideología dictamine cómo ha de ser su vida y su
final.
Esos
obispos hablan de mi muerte digna y de la muerte digna que quiero para quienes
quiero como de un “egoísmo miope e insolidario”, que hace creer al enfermo “que su vida no vale, que no tiene
‘calidad’ suficiente para ser querida y vivida”, lo cual es “fruto del
materialismo, que es siempre inhumano”. En el colmo del desvarío, llegan a
afirmar que de la “praxis de la Iglesia” y “la praxis cristiana” “nació la
Medicina paliativa”, cuando, para verificar la falsedad de tal aserto, basta
con repasar la historia de la Medicina, así como la teoría y la praxis
católicas sobre el sufrimiento y la muerte a lo largo de su historia.
Los
obispos aragoneses niegan que la libertad sea buena si no va precedida de “la
verdad objetiva” (=la suya).
Asimismo, abogan por la “libertad de conciencia” para los médicos, a
quienes animan a hacer efectivo “el derecho y el deber de la objeción de conciencia” ante una acción
“intrínsecamente injusta” (=la no coincidente con sus tesis).
Ya en
el mundo greco-romano incluso quitarse la vida era un acto honorable, racional
y legalmente admitido, pero no les estaba permitido a los esclavos, los condenados
a muerte y los soldados, pues solo el amo correspondiente era el dueño y señor
de sus vidas. Pues bien, repiten ahora los obispos aragoneses que nuestras
vidas pertenecen solo al “señor de la vida”, que no somos dueños de nuestra
vida, que no nos pertenece, que no tenemos el derecho a disponer libremente de
nuestra vida y nuestra muerte, que
la ley aprobada por nuestras Cortes es una “eutanasia encubierta”; en
definitiva, que la eutanasia es éticamente reprobable.
Pues
bien, la cuestión de la muerte digna ha quedado resuelta en Aragón mediante la
Ley correspondiente aprobada por las Cortes y se hace palmaria dejando en cada
caso constancia en el Testamento Vital o Documento de voluntades anticipadas de
cómo quiere morir cada persona.
Y quienes no estén de acuerdo pueden presentarse como candidatos a las
próximas elecciones o que vayan a silbar a otra vía.
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