domingo, 6 de abril de 2014

Diario de un perroflauta motorizado, 220


A raíz de las dificultades que muchos niños y niñas tienen para tener o ir a la escuela, referidas en Diario 219, Maribel me ha enviado desde Badalona una información que considero de sumo interés para el alumnado de cualquier colegio público de Infantil, Primaria y Secundaria. ¿Recibirá el perroflauta motorizado algún email o noticia de que lo han leído y trabajado en clase? Ese día el perroflauta motorizado será especialmente feliz.
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— ¿Por qué miran a esa niña con esas caras? ¿qué ha hecho?
—Nada.

Elizabeth Eckford era una niña de 15 años cuando los ‘mandamás’ de su país declararon ilegal la segregación racial en las escuelas. Sí hija, hasta hace bien poco los niños de color no podían ir al cole con los niños blancos porque sus padres no los consideraban iguales y ¡ellos querían!… ¡Fíjate que tontería! Hoy en tu clase hay niños de todos los países.  El 4 de septiembre de 1957, cuando tu padre todavía no había nacido, Elizabeth y ocho compañeros de color se presentaron en la escuela Little Rock de Arkansas. Una de las zonas más racistas y con más odio de aquel país. Una muchedumbre babeante e iracunda les insultó y gritó, impidiendo su entrada en el colegio durante ese día y sucesivos. Solo porque no les gustaba el color de su piel. Ni la mediación del presidente Eisenhower logró calmar los ánimos y todas las escuelas del Estado cerraron durante un año para evitar incidentes y hacer una transición más sosegada. Más tarde Elizabeth llegó a la universidad y acabó siendo profesora en el mismo colegío que un día le impidió el acceso. ¿Recuerdas que todas las películas tienen moraleja? Pues la de esta peli, real como la vida misma, da un escarmiento magistral  a los cobardes que odian solo por el color de las personas.

—Mira como van esas niñas al colegio
—¡Qué chulo, yo quiero!
—Ahora fíjate cómo van sentadas, donde llevan las manos, las chanclas…
Más de 12 millones de nepalíes viven en las inmediaciones del Himalaya. La zona con más montañas y más altas cumbres de todo el planeta. No hay casi carreteras, ni autopistas, ni paradas de autobús. Un territorio seccionado por mil valles y otros tantos ríos acaudalados que impiden el normal tránsito entre pueblos y aldeas. Los niños usan puentes artesanales hechos con tablones, cuerdas y poleas improvisadas, como las yincanas de aventura que tanto te gustan pero sin arneses ni doble sujección de seguridad. Durante décadas, esa falta de seguridad, ha causado infinidad de accidentes a muchos niños como tú que se levantan de madrugada solo para poder llegar a tiempo al colegio. Afortunadamente varias ONGs se encargan hoy de construir puentes y góndolas seguras para mitigar la siniestralidad. Esos niños se morirían de ganas por poder ir como nosotros en coche y calentitos al colegio.


Hoy tienes natación y quizás por eso has torcido el gesto al levantarte. Mira a estos niños. No saben lo que es una piscina pero se bañan todos los dias para ir al colegio. Tienen que cruzar un caudaloso río para llegar a la escuela. Y lo hacen a diario. Haga frío o calor. Hồ Khong, un niño com tú de la escuela primaria Hung, en el distrito de Minh Hoa, en Vietnam; nos lo cuenta:
“La profundidad es de unos 20 metros y la corriente es grande, a veces asusta. Pero como queremos ir a la escuela para aprender para tener un trabajo profesional y con ello un futuro mejor, corremos el riesgo de cruzar a nado el río.”
Para ello llevan unas grandes bolsas de plástico donde meten sus ropas y libros. Nada de estupendas mochilas de Barbie  impermeables y con ruedas. Las inflan para fabricar su flotador-guía y cruzan diariamente los 15 metros de río. En temporada de lluvias faltan hasta un mes al colegio. El caudal crece demasiado y sería peligrosísimo intentarlo. Se los llevaría la corriente para siempre.



—¿Qué significa ese cartel, papá?
—Peligro. Bombas enterradas.
La guerra civil (esa guerra entre hermanos de un mismo país que termina siempre destruyéndolo) terminó en Angola en 2002, pero su fantasma sigue enterrado por todo el territorio en forma de minas y artefactos bélicos. Esas bombas que ponen bajo tierra los mayores para que los niños las pisen sin querer mientras juegan o caminan hacia el colegio. Miles de hectáreas de tierra virgen y rica permanecen improductivas por esas ‘semillas explosivas’. Son muy difíciles de destruir porque están muy bien escondidas e interfieren siempre en la vida de los más débiles, niñas como la de la foto, o como tú. A pesar de las ratas antiminas que utilizan para desactivarlas, 80.000 accidentes en 20 años convierten el camino a la escuela en una aventura a vida, muerte o condena a llevar muletas de madera el resto de su existencia. Todo por aprender a ser mejor persona y evitar repetir el legado de los que se dicen llamar sus maestros.
—¡Qué miedo!





Imagina que para ir a trabajar tienes que hacer 200 km andando y cruzando barrancos de 500 metros de altura, agarrado a las rocas y sobre ríos congelados. Imagina que tardas dos días en llegar, vadeando cuatro ríos, cruzando puentes desvencijados y angostos caminos de tan solo unos centímetros de anchura sobre las punzantes rocas. Imagina ahora que no eres Tintín o un superhéroe de ClanTv sino una niña como tú que solo quiere ir a aprender al colegio… Aproximadamente unos 80 niños se juegan la vida diariamente y eligen el riesgo del atajo por las paredes verticales de Pili, un pueblo del norte de la región china de Xinjiang Uygur. Un espectáculo que bien parece un concurso televisivo infantil de pruebas físicas para ganar un viaje a Euro Disney. 



—¿Esos son niños de un circo, papá?
—No.
Cinturones abrochados, elevadores de seguridad según normativa europea, sillitas reglamentarias, capazos con arneses… Todo eso que repasamos en cada viaje al colegio es un cuento chino para estos niños. En Pematangsiantar, Indonesia (foto superior) o en Baghpat, India (foto inferior) nadie entiende ese vocabulario. Se alquilan al hacinamiento en vehículos de tracción variable a cambio de llegar a tiempo a la escuela. Puede parecer divertido pero… ¿Te imaginas qué pasaría si el conductor da un frenazo brusco porque se le cruza un perro en su camino?
—No quiero saberlo



—¡Papá, se van a caer!
—Afortunadamente no pasó nada, hija. Hubo un temporal que estropeó el puente, pero esos niños decidieron que no podían dejar de ir a la escuela por tonterías.
17 de enero de 2012. Las lluvias torrenciales arrastran todo tipo de maleza sobre el crecido río Ciberang, a su paso por la aldea Sanghiang Tanjung, en la provincia Indonesia de Bateng. La fuerza de la corriente golpea y daña los pilares del puente comunal (construido en 2001) que une el pueblo con el suburbio de la escuela. El paso queda muy dañado pero no impide que desde ese día los niños lo sigan cruzando a duras penas para ahorrarse 30 minutos de rodeo. 


—Papá ¿Por qué los policías se protegen con un escudo y esa niña no?
—Es muy valiente.
16 de marzo 2010. Una niña de tu misma edad pasa indolente sorteando las piedras lanzadas por sus hermanos palestinos contra militares israelíes en su camino diario a la escuela en el campamento de refugiados de Shuafat en la Ribera Occidental, cerca de Jerusalén. A ella parece no importarle la guerra que libran sus hermanos. Solo quiere llegar al cole para enseñar sus tareas. ¿Parece valiente, verdad? El conflicto Palestino-Israelí ha convertido esa rutina infantil en un largo y tortuoso camino lleno de obstáculos para los hijos de esa eterna guerra.


—¿Dónde van esos niños si no hay casas por ninguna parte?
—A un internado, a varios días de camino
Zanskar, India, Himalaya. Un pequeño pueblo en el paraíso montañoso. Implacable en invierno. 40 grados bajo cero. Todos los años, en el trimestre más frío, un grupo de niños acompañados de sus padres atraviesan tres valles para llegar al internado de Leh, antigua capital del reino de Ladakh y donde pasarán el resto del año. No hay carreteras, no hay caminos. Lo hacen por el único sitio posible. El río Zanskar helado. La caminata dura varios días, con noches al abrigo de las cuevas heladas de la ladera. Todos los años muere algún turista intentando imitar el trayecto de los niños de Zanskar, más instruidos en las dobleces y grietas del traicionero hielo…

Hasta mañana

viernes, 4 de abril de 2014

Diario de un perroflauta motorizado, 219



Viernes. Último día de la 45ª semana en el portal de la vivienda de la Consejera aragonesa de Educación. Día primaveral si no fuera por tanto y tanto cierzo. Los sabios aforismos de Pilar y las indagaciones filosóficas de Adrián han acompañado hoy al perroflauta motorizado en ese portal. La invidente que vende cupones en esa calle y que había pedido una camiseta o una bufanda de Marea Verde se ha ido hoy la mar de contenta luciendo la bufanda del perroflauta.

El Informe Pisa vuelve a suspender al alumnado español por no saber resolver problemas prácticos (vg. buscar el itinerario más corto en una línea de metro o programar un aparato de aire acondicionado). En toda mi vida de profesor he encontrado, sin embargo, una realidad que poco o nada tiene que ver con lo que parece asegurar Pisa: muchachas y muchachos despiertos, espabilados, con ganas de vivir y con verdadera curiosidad por conocer si lo que había en clase movía su atención y su interés, casi siempre traducido y aplicado a sus vidas.
Al mismo tiempo, eso sí, procuraba que ellas y ellos pensaran y hablasen también sobre tanta gente adulta y joven en el mundo que no tiene metro ni autopistas ni carreteras, sino solo un único camino embarrado y empinado de varios kilómetros para ir y volver de la escuela (cuando la tienen), o sobre tanta gente en el mundo  que desconoce qué es eso de un aparato de aire acondicionado. Procuraba igualmente que ellas y ellos indagasen el precio del billete de metro madrileño y su relación directa con los ingresos de un parado, de un estudiante medio o del salario mínimo interprofesional. O, en fin, la contaminación creciente del planeta Tierra y el aumento del agujero de la capa de ozono debido, entre otras cosas, a estos aparatos de aire acondicionado.
Estoy de los Informes Pisa hasta el gorro, pues sus cuestionarios suelen reflejar e inculcar el modo de vida, las necesidades y los intereses de una minoría rica (“desarrollada”, se autodenomina: ¿qué desarrolla y qué no desarrolla realmente?) que da la espalda a la mayoría de la población española y mundial. Los medios de comunicación, en su inmensa mayoría propiedad de esa minoría rica e instrumento manipulador al servicio de sus intereses, se limitan a recalcar lo mal que va la educación (¡ahora también en el ámbito práctico de la formación de l@s niñ@s y jóvenes que acuden a las aulas!). Entretanto, silencian los criminales recortes (¡ajustes!, los llama el Gobierno) perpetrados en educación y en enseñanza.
Los señores de Pisa, los Ministerios y las Consejerías autonómicas de Educación confunden dos cosas complementarias, pero distintas. Sin duda, para vivir, para ganarse profesionalmente la vida digna y honradamente, para moverse en la sociedad actual, el alumnado debe aprender mucho y bien (sobre todo a pensar, a cuestionarse y a buscar), pero eso no agota el saber, el verdadero conocimiento, sino que, por el contrario, el conocimiento y el saber alcanzan un nivel que supera el mundo de las necesidades utilitarias. El problema estriba en que los dirigentes y gobernantes en el mundo educativo ignoran (no solo desconocen, sino que también ignoran) la necesidad de que salgan de las aulas (desde Infantil a la Universidad) personas libres, cultas, inquietas, críticas, autónomas, dueñas de sus vidas, solidarias, vacunadas contra las supersticiones y las falacias, en busca permanente de su propia utopía.
El saber, antes de poder ser dividido en teórico y práctico, es en cualquier caso formador y humanizador: contribuye a formar esa clase de personas, las enriquece, humaniza al mundo y a la vida, hace que todos y cada uno de los seres humanos necesiten la libertad y la igualdad como condición ineludible de su felicidad. Si la escuela no busca y hace eso, ¿para qué la escuela? ¿De qué escuela estamos hablando? ¿La escuela de Pisa, de Wert, de Serrat?
Así acaba el penúltimo capítulo del libro de Daniel Pennac Mal de escuela (Mondadori, 2009): 
“- ¡Vamos, dilo!
-                 Te digo que no puedo. Si sueltas esta palabra hablando de instrucción, te linchan, seguro.
-                  ….
-                  
-                  …. El amor” .

Y con un tono entre reflexivo y amargo, concluye: “Es verdad, entre nosotros está mal visto hablar de amor  en materia de enseñanza. Intentadlo y veréis, es como mencionar la soga en casa del ahorcado” .

Pues bien, hoy proclamo mi amor por todos/as y cada uno/a de los/las alumnos/as con quienes he compartido tantas cosas hermosas y valiosas en el aula a lo largo de mi vida.



Hasta el próximo día

jueves, 3 de abril de 2014

Diario de un perroflauta motorizado, 218


Día lluvioso. Marisol, Marga y el perroflauta motorizado han tenido el placer a lo largo de la mañana de estar en el portal de la vivienda de la Consejera aragonesa de Educación con Fanny, Carlos, otro hombre entrañable que ha recitado allí un poema de Neruda y, sobre todo, un grupo de alumnas y alumnos del colegio público “San Roque”, de María de Huerva (Zaragoza), con unas estupendas profesoras capaces de inculcar en su alumnado el sentimiento de solidaridad y de compromiso con la escuela pública. ¡Gracias!






Mairena está preocupado. “Rouco no habría dicho esas idioteces fascistoides sobre la guerra civil si se hubiera celebrado un funeral laico (¿somos un Estado aconfesional?) en lugar de uno confesional en una catedral católica”, dice, nada más llegar al portal. El perroflauta motorizado no responde. Comprende lo que bulle dentro de Mairena en esos instantes. Por eso no abre la boca, solo respira hondo en un afán de conseguir oxígeno para seguir allí firme y entero.
No solía meter en clase cuestiones tan cotidianas, pero esto ya no pertenece a lo cotidiano, sino a lo humano”, continúa Juan de Mairena. “En realidad, lo cotidiano lleva de la mano a lo esencial, si se le mira directamente a los ojos a lo cotidiano. Estamos abotargados de no pensar, de tanto miedo, de tanta supremacía de lo canijo y de tanta indiferencia, pero algún día nos hemos de preguntar si lo que acostumbramos hacer diariamente como individuos y como sociedad es un simple hecho crudo y neto que no requiere la menor justificación ética, o si por el contrario, se sustenta en principios y valores éticos”.  Al perroflauta motorizado se le entrecorta la respiración y el pulso se le acelera porque intuye que Mairena está abriendo la puerta que introduce en la cuestión fundamental, ante la que ya no cabe escapatoria. El perroflauta motorizado escucha, solo escucha, las palabras de Mairena:
“¿Se vive de hecho o de derecho? He aquí la cuestión. Comprenderás, Antonio, que es éste el problema ético por excelencia, viejo como el mundo, pero que siempre nos hemos de plantear agudamente. Porque sólo después de resolverlo podremos pensar en una ética, es decir, en un conjunto de valores y principios de ser y de acción para la conducta humana que obliguen o persuadan a todas y todos”.
El perroflauta motorizado recuerda que Dostoievski dejó escrito que “si dios no existe, todo está permitido” y que Sartre (como también Spinoza y Leibniz) tiene esa misma frase en algunas de sus obras. Dostoievski presupone que el origen de las normas morales es la divinidad y que la fuente de las obligaciones éticas es exterior al ser humano. Sin embargo, ese es un argumento tramposo: externaliza en otro supuesto ser lo que realmente es y constituye como humano al ser humano.  Mairena tiene razón: la ética es fruto de un dilema: o nacer, vivir y morir son hechos simples y netos, sujetos a la ley del más fuerte y a la mejor adaptación de cada individuo a los avatares de la naturaleza, o decidimos como individuos y como especie que el nacer, vivir y morir están esencialmente conectados a los derechos humanos fundamentales que nos constituyen como humanos. Fuera de la ética, la humanidad desaparece, pues no tenemos moral, sino que somos moral. No tenemos derechos, sino que somos esos derechos.
Una bellísima melodía puede ayudar a dedicar un rato a estos pensamientos (tercer movimiento de la octava Sinfonía de Brückner):


Hasta mañana