miércoles, 28 de septiembre de 2011
viernes, 23 de septiembre de 2011
Recordatorio
El día 4 de octubre, a las 20 horas, en la Librería Cálamo de Zaragoza (Plaza de san Francisco), presentación de mi libro SONRISAS Y LÁGRIMAS -CON ALGÚN QUE OTRO BOSTEZO- EN LA ESCUELA.
Estas invitad@, por supuesto.
Estas invitad@, por supuesto.
martes, 20 de septiembre de 2011
La izquierda que necesita el mundo
No es noticia que la derecha se coaligue
cara a las próximas elecciones o para formar gobiernos. Sus dirigentes lo
acuerdan, sus militantes y votantes aplauden con fervor, y sanseacabó. Más aún,
cuando en Aragón tenemos a un partido, el PAR, capaz de batir cualquier récord
camaleónico con tal de seguir calentando
sillones y poltronas (el fenómeno del partido de Biel daría para varias tesis doctorales). Y es que la fidelidad y
el fervor del electorado de derechas son cada vez más parecidos al proceder de
los seguidores de una religión.
Sin embargo, parece que también hay
atisbos de una posible unidad electoral de la izquierda para el 20-N en Aragón,
lo cual, visto lo visto hasta ahora, rayaría en lo portentoso. Lo probable es
que, de no obtenerse ese acuerdo, los grupos implicados culparían a la otra
parte del negativo resultado o descargarían responsabilidades sobre las
respectivas militancias. Y de haberlo, seguramente brotarían ipso facto de allí
grupos políticos disidentes con la pretensión de salvaguardar la quintaesencia
de los partidos originarios.
En cualquier caso, de poco serviría una
unidad electoral sin una verdadera propuesta política y económica de izquierda.
El PSOE, por ejemplo, está inundando algunos medios de comunicación con el
eslogan “con Rubalcaba, sí”, sin
apenas decir una palabra sobre qué quieren hacer o deshacer Rubalcaba y el
socialismo español. En otras palabras, están incurriendo en el mismo error de
casi siempre: presentar candidatos, en vez de contenidos, obviando así que en
nuestro país cada vez hay más gatos escaldados que quieren dejarse ya de buenas razones y fiarse solo de las
obras contantes y sonantes, que son los auténticos amores.
Generalmente, asumimos como principios
intocables y cuasi sagrados que cualquier revisión o transformación de la
sociedad o del mundo conduciría a alguna suerte de Armagedón planetario o al
fin de la civilización occidental (considerada como la única y verdadera
civilización). Pues bien, el verdadero objetivo de la izquierda debería ser
ante todo la crítica radical del sistema actual y la lucha por un mundo más
justo, solidario, igualitario y libre.
En efecto, el sistema que perpetúa en la
pobreza a dos tercios de la población mundial parece mostrarse como intocable,
pero apenas se pone, de hecho (olvidémonos ahora de retóricas y programas), en
cuestión. Solo en el primer semestre de este año hay, según el Banco Mundial,
47 millones de pobres más en el mundo debido al “encarecimiento de los
alimentos”, pero el sistema no se pone en cuestión. Llevamos varios años oyendo
hablar de crisis y posible recesión económica, estamos en manos del dictamen
diario de unas agencias de calificación de riesgos que deberían estar con la
boca cerrada dados los éxitos predictivos en el pasado, las empresas
financieras y multinacionales aumentan sus beneficios año tras año en un mundo
donde el desempleado del mundo desarrollado puede comer lo que otros miles de
millones de seres humanos ni sueñan tener. Pero apenas se producen llamadas
reales y veraces, de hecho (olvidémonos ahora de retóricas y de programas), a
la lucha activa para cambiar la situación.
Toda la izquierda occidental procede de
historias revolucionarias y del enfrentamiento directo con el sistema, por lo
que debería saber que la derecha solo cede algo si se le arrebata por las
buenas o por las malas. Una reforma agraria del y para el pueblo no será jamás
producto de la iniciativa de la derecha terrateniente e improductiva. ¿Tanto
cuesta revindicar real y verdaderamente una banca pública, un sistema
impositivo y fiscal donde los que más tienen paguen lo que deben, una
inspección fiscal que convierta en flagrante delito con penas graves de cárcel
el fraude fiscal?
No debe haber red de enseñanza privada
concertada mientras no estén completamente cubiertas las necesidades de la
pública. No debe haber sanidad privada mientras no quede garantizada un sistema
sanitario de calidad y global para toda la población. No debe haber un solo
piso vacío mientras haya una sola persona sin vivienda. Debe desaparecer la
confesionalidad de las instituciones del Estado.
Difícilmente se sostiene la legitimidad
de un gobierno o de un sistema político europeo o mundial si no se regula
exhaustivamente los flujos y transacciones financieras a través de los mercados
de capitales, si no desaparecen los paraísos fiscales, si no se pone fin a la
locura de la descomunal compraventa de armamento, si no se condona la deuda
externa de los países del Tercer Mundo.
Si en los programas electorales no hay nada
de eso, si además resultan poco creíbles dichos programas, la ciudadanía
susceptible a mensajes de cambio, transformación o revolución se va a pensar
acudir a las urnas. Así, mientras la derecha no tiene el menor empacho en
coaligarse para obtener y consolidarse en el poder, la izquierda, quizá presa
del virus electoralista (consigamos, al menos, un escaño), vacila en su mensaje
y en su actuación.
lunes, 19 de septiembre de 2011
viernes, 16 de septiembre de 2011
¿Con Rubalcaba, sí, qué?
Publicado hoy en ATTAC España
Me quedé perplejo ya la primera vez que
lo vi. El PSOE proclamaba el eslogan para el relevo de capitán del buque y
otorgaba un “sí” esplendoroso al nuevo: Alfredo Pérez Rubalcaba. Personalmente,
no daba crédito, pues la socialdemocracia hispana volvía a incurrir en el mismo
error de otras veces: por muy experto que sea el capitán, el pasaje y la
tripulación han de conocer ante todo el barco al que subir, el rumbo y el
destino del viaje y la carga que se encierra en sus bodegas. No voy a meterme
ahora en si Rubalcaba, sí o Rubalcaba, no, pues lo que realmente le interesa a
la ciudadanía es qué quieren hacer o deshacer el socialismo español y su
capitán actual. Los programas electorales suelen estar llenos de retórica y de
cantos de sirena, pero en nuestro país cada vez hay más gatos escaldados que
quieren dejarse ya de buenas razones y
fiarse solo de las obras, que son los reales amores.
Entre los temores que causa la
inmigración en un sector de la población y la zozobra de la crisis económica la
ciudadanía es escora cada vez más hacia posiciones conservadoras (virgencita,
que me quede como estoy…), teniendo en cuenta además que escasea la oferta de
cambios netos y nítidos en la forma de vivir y de convivir.
En nuestra mente se va configurando una
serie de axiomas que aceptamos como intocables y cuasi sagrados. Así como no
parece existir más que el sistema métrico o de numeración decimal y
consideraríamos una hecatombe otro distinto para el mundo (olvidando de paso
que se trata de una convención, práctica y hoy bastante universal, pero
convencional al fin y al cabo), de igual modo asumimos como axiomas que
cualquier revisión o transformación de
la sociedad o del mundo conduciría a alguna suerte de Armagedón planetario o al
fin de la civilización occidental (considerada como la única y verdadera
civilización).
El sistema que perpetúa en la pobreza a
dos tercios de la población mundial parece mostrarse como intocable y ningún
(repito: ningún) partido político lo pone en cuestión. Solo en el primer
semestre de este año hay, según el Banco Mundial, 47 millones más de pobres en
el mundo debido al “encarecimiento de los alimentos”, pero el sistema no se
pone en cuestión. Llevamos varios años oyendo hablar de crisis y posible
recesión económica, estamos en manos del dictamen diario de unas agencias de
calificación de riesgos que deberían estar con la boca bastante cerrada dados
los éxitos predictivos en el pasado, las empresas financieras y multinacionales
aumentan sus beneficios año tras año en un mundo donde el desempleado del mundo
desarrollado puede comer lo que otros miles de millones de seres humanos ni
sueñan tener. Pero ningún (repito: ningún) grupo político llama a la lucha
activa y pasiva para cambiar la situación.
Toda la izquierda occidental procede de
historias revolucionarias y del enfrentamiento directo con el sistema, por lo
que debería saber que desde posiciones conservadoras solo se cede algo si se
les arrebata por las buenas o por las malas. Una reforma agraria del y para el pueblo
no será jamás producto de la iniciativa de la derecha terrateniente e
improductiva. ¿Tanto cuesta revindicar real y verdaderamente una banca pública,
un sistema impositivo y fiscal donde los que más tienen paguen lo que deben,
una inspección fiscal que convierta en flagrante delito con penas graves de
cárcel el fraude fiscal?
No debe haber red de enseñanza privada
concertada mientras no estén completamente cubiertas las necesidades de la
pública. No debe haber sanidad privada mientras no quede garantizada un sistema
sanitario de calidad y global para toda la población. No debe haber un solo
piso vacío mientras haya una sola persona sin vivienda.
Difícilmente se sostiene la legitimidad
de un gobierno o de un sistema político europeo o mundial si no se regula
exhaustivamente los flujos y transacciones financieras a través de los mercados
de capitales, si no desaparecen los paraísos fiscales, si no se pone fin a la
locura de la descomunal compraventa de armamento, si no se condona la deuda
externa de los países del Tercer Mundo.
Si en los programas electorales no hay
nada de eso, si además resultan poco creíbles dichos programas, la ciudadanía
susceptible a mensajes de cambio, transformación o revolución se va a pensar
acudir a las urnas. Así, mientras la derecha no tiene el menor empacho en
coaligarse para obtener y consolidarse en el poder (la fidelidad de su
electorado es parecido a la de los pertenecientes a una religión), la
izquierda, quizá presa del virus electoralista, vacila en su mensaje y en su
actuación.
Rubalcaba, ¿qué? Todos y cada uno de los
grupos políticos de izquierda, ¿qué? ¿Prudentes y cautelosos para preservar al
menos el estado del bienestar? ¿Acaso vacilará la derecha en reducirlo a su
mínima expresión si cuenta, de hecho, con las manos libres para hacerlo?
jueves, 15 de septiembre de 2011
Parroquias privadas - Dinero público
MI amigo Enrique, de Rivas Vaciamadrid, escribe este excelente artículo
Cuando
un domingo de mediados de mayo de 2011, D. Primitivo, catedrático de la
Universidad de A Coruña de visita en Madrid, acudió a la misa de Villanueva del
Pardillo, pensaba que asistía a un rito religioso. En su lugar se encontró con
un virulento discurso político declamado por un párroco que pasa por ser4 un
“cura normal” en el pueblo.
Al
parecer, lo “normal” debe ser que desde el pulpito se injurie gravemente a las
más altas instituciones civiles: “Gobierno que asesina a los niños en los
vientres de sus madres”, o a la ministra Leire Pajín “es una asesina de
ancianos y de personas que estorban”, por impulsar una ley para morir con
dignidad. Lamentablemente, estos indignos y agresivos comportamientos son muy
frecuentes en un buen número de diócesis católicas españolas “normales”.
D.
Primitivo, católico practicante, ya sabía que en la Iglesia católica (Ic, en
adelante) no cabe la deliberación ni la discusión entre iguales. Pero aún así,
la desmesura le escandalizó “como ciudadano”, e interrumpió el mítin-homilía.
Acto seguido fue expulsado del templo con evidente agresividad.
No deja
de ser llamativo que los miembros de una institución como la Ic, puedan
injuriar impunemente al Gobierno, a su Presidente, o a cualquier ministro o
autoridad civil, sin que el peso del Estado de Derecho caiga sobre ellos,
mientras disfrutan del privilegio de atrincherarse en el Código Civil para
tipificar como delito cualquier comportamiento u opinión que consideren
ofensivos para la religión. Y no se tiene noticia de que el Fiscal General del
Estado haya intervenido en defensa de la dignidad de las autoridades civiles
injuriadas.
Lo de
menos es que los nuevos curas sean fundamentalistas religiosos de extrema
derecha, porque surgen de movimientos ultras que quieren “salvar España”, como
también pretendió la jerarquía católica hace 75 años, con los resultados ya
conocidos. O que hubieran puesto en peligro la oportunista tregua declarada por
Rouco Varela al Gobierno, debido a la visita de Benedicto XVI a Madrid en
agosto, para celebrar un nuevo catolicircus,
esta vez, con jóvenes católicos. Asimismo, no es una razón de peso que no se
pueda “hablar así de un Gobierno que financia a la propia Iglesia”, pues
tampoco sería lícito injuriar a un Gobierno o a sus ministros, aunque no se
financiara a la Ic y estuviéramos en un Estado realmente laico.
Lo
realmente alarmante es que el Estado constitucional siga “alimentando”, año
tras año, unas instituciones (las diócesis católicas) que gastan 10 veces más
de lo que recaudan y que no sólo no realizan ningún servicio de interés
general, ni por lo tanto público, sino que en un número considerable, se
utilizan para torpedear “sin misericordia” todas las leyes que emanan del poder
civil que, no estando de acuerdo con su particular moral, sirven para
reconocer, o ampliar, derechos individuales a distintos colectivos ciudadanos.
Lo que
crea alarma social en millones de ciudadan@s sensat@s es que trascurridos más
de 30 años desde la aprobación de una Constitución supuestamente aconfesional,
el Estado siga manteniendo con sus Presupuestos la existencia de 22.661
parroquias católicas (además del sueldo de 21.000 sacerdotes), que conforman
una extensa trama reticular que se extiende a lo largo y ancho del país, cuyo
objetivo principal no es la actividad “pastoral”, como se deduce de la Memoria
de actividades de 2008, presentada en su momento por la propia Conferencia
Episcopal: en realidad esta trama es un instrumento para mantener la presión
política y el control ideológico y moral sobre el mayor número de ciudadan@s
posible, modelando e influenciando su opinión, así como una excepcional
plataforma para garantizar la difusión de su particular moral e ideología.
Por
eso, millones de ciudadan@s que creemos que en esta democracia constitucional
no puede tener cabida ningún privilegio para creencias particulares
confesionales, debemos exigir a nuestros representantes políticos que abandonen
su clamoroso silencio cómplice y trabajen por hacer realidad los principios de aconfesionalidad,
libertad de conciencia e igualdad jurídica de todas las creencias e ideologías
que la Constitución proclama. Mientras sigan permitiendo estos comportamientos
antidemocráticos y anticonstitucionales, a mí, en estos asuntos, no me representan.
Rivas
Vaciamadrid, agosto 2011
M. Enrique
Ruiz del Rosal
miércoles, 14 de septiembre de 2011
Si quieres wifi, paga. Si lo das gratis, paga la multa
La Audiencia prohíbe a las administraciones prestar wifi gratis
y confirma una multa de 300.000 euros al Ayuntamiento de Málaga por dar
acceso abierto a Internet en sus edificios.
O sea, seguimos bajo la dictadura de las Operadoras que proveen de Internet pagando y solo pagando.
Y a ese negocio a costa de la ciudadanía lo llaman mercado. Puaffff
11-S: secuelas y propaganda
Publicado hoy en El Periodico de Aragón
El décimo aniversario del
11-S pasó de puntillas el domingo pasado. Muchos reportajes en los medios de
comunicación, numerosas columnas de opinión, pero el 11-S sigue tan rodeado de
brumas y preguntas como antes. Aún no sé quiénes organizaron y perpetraron realmente
el atentado, salvo ese genérico indicativo de Osama Ben Laden y la organización Al Qaeda (¿tontos útiles en la
trama?).
Hemos podido leer unos cuantos libros y ver unos cuantos vídeos que plantean incógnitas importantes sobre el 11-S, que nadie ha aclarado o rebatido. Algunos señalan como autores a diecinueve yihadistas de Al Qaeda divididos en cuatro grupos que habrían invadido cuatro aviones, pero del avión de Pensilvania apenas se habla si descontamos algunas anécdotas puestas en entredicho de las víctimas y ningún dato de los terroristas. Del avión que presuntamente chocó contra uno de los muros del Pentágono sigue sin haber una fotografía donde aparezca algún rastro de restos de avión. De la destrucción de las torres del World Trade Center arquitectos, ingenieros y especialistas en demolición de edificios ponen serios reparos a que solo dos aviones de pasajeros tuvieran semejante puntería y potencia para lograr llevar a cabo un atentado que al parecer algunos ya conocían de antemano y tomaron las medidas preventivas pertinentes. Aún no he visto rebatido el libro de Thierry Meyssan La gran impostura o el de Ray Griffin Desenmascarando el 11-S.
La cosa es que se declaró ipso facto la
guerra mundial de Occidente contra el terrorismo mundial, es decir, contra Al
Qaeda, es decir, contra casi todo lo que pudiere oler a musulmán. En menos de
un mes, el Presidente estadounidense George
W. Bush bombardeó e invadió Afganistán con el pretexto de que los talibanes
no querían entregar a Ben Laden, supuestamente oculto en las montañas de
Afganistán. Al poco tiempo, el 9 de febrero de 2002 Hamid Karzaï,
el nuevo primer ministro de Afganistán,
y su homólogo paquistaní, el dictador y golpista Musharraf, fuerte
aliado de los Estados Unidos en la zona, cerraban un acuerdo para permitir la
construcción de un oleoducto que enlazase el mar Caspio con el océano Índico,
atravesando el Afganistán recién invadido.
Al año siguiente “los aliados”
bombardearon e invadieron Irak, ahorcaron a Saddam Hussein, provocaron la muerte de centenares de miles de
iraquíes y millones de desplazados y huidos, contemplan ahora la cadena
interminable de atentados en el país, y las grandes compañías petrolíferas
controlan el petróleo iraquí. No se habla de Abu Graib, Guantánamo y la
conculcación de los derechos humanos (¡para defender la democracia y los
derechos humanos!).
Finalmente, encontraron en Pakistán a Ben
Laden, al que cosieron a tiros e impidieron así hablar y contar. Ahora buscan
en Libia a otro buen amigo de antaño, hoy enemigo y declarado tirano, Muamar el Gadafi. Las grandes potencias
habían hecho la vista gorda con atentados a aviones comerciales de pasajeros
financiados y organizados por Gadafi y lo recibieron en años posteriores con
honores al olor del dinero que derrochaba a su antojo. Desde hace unos meses,
lo buscan por delitos de lesa humanidad contra el pueblo libio, es decir, ni
más ni menos que por lo que ocurre en muchos otros países de corte similar y
considerados por los aliados como amigos. Ni que decir tiene que las grandes
compañías petrolíferas controlarán totalmente los enormes recursos energéticos
libios.
La industria militar necesita enemigos.
La industria del crudo y derivados necesita enemigos. Las grandes potencias
también necesitan enemigos para organizar cuantas guerras preventivas requieran
para dominar el planeta. Hace escasos días, ya inminente el décimo aniversario
del 11-S, la secretaria de Seguridad Nacional estadounidense, Janet Napolitano, declaraba que no
existía ninguna amenaza verosímil de atentado en torno al aniversario del 11-S.
Sin embargo, pocos días después el Gobierno norteamericano informaba de que
tres individuos de Al Qaeda –uno de ellos estadounidense- tenían el propósito
de atentar mediante un vehículo alquilado con sendas bombas en Nueva York y
Washington, por lo que emitieron una "alerta mundial de viaje", a la
vez que recordaban la "continua amenaza que aún representan Al Qaeda y sus
aliados".
El 11 de septiembre
de 2001 arrojó sobre nuestras cabezas una catarata de proclamas en defensa de
la democracia occidental y en contra del terrorismo internacional. Diez años
después hay más hambre, miseria e injusticia en el mundo, los pobres son más
pobres y los ricos, mucho más ricos. Los atentados terroristas menudean mucho
más que antes, especialmente en Irak, Afganistán y Pakistán. Los soldados
“aliados” no ven la hora de salir de los avisperos donde los han metido,
principalmente en Irak y Afganistán. Entretanto, el Ministerio de Defensa
español compra 96 nuevos blindados antiminas por más de 42 millones de euros y Benjamin Netanyahu, primer ministro de
Israel, el país más incumplidor de resoluciones de la ONU, pide a Rodríguez
Zapatero que España no apoye el reconocimiento del Estado palestino en
Naciones Unidas.
martes, 13 de septiembre de 2011
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