miércoles, 13 de julio de 2011

De la dogmática a la moral de cintura para abajo

Publicado el 12 de julio en Izquierda Digital



Hace unos días, en la habitación de un hospital público hizo su aparición un capellán católico, con bata blanca y su cruz bien a la vista. La enferma, en estado terminal, pero consciente, le dijo educadamente que no quería sus servicios y el capellán se fue por donde había venido, mas no sin entregarle antes una estampa, en cuyo reverso se leía una oración a “la Virgen de la Sonrisa” que, entre otras lindezas, decía: “Santa María, Madre de Dios y Madre mía, me arrepiento de haber abortado a mi hijo (…) que ya me ha perdonado (…) Intercede por todos los que han cooperado en el aborto: familiares, amigos, personal sanitario y políticos… para que se conviertan y alcancen perdón. Acoge en tu regazo de madre a mi bebé y concédeme reunirme con él y amarlo eternamente en el cielo”. Aquella invasión en la intimidad y la vida privada de una mujer de avanzada edad y en estado terminal pone de manifiesto, además de la nula sensibilidad de aquel capellán católico (pagado por el Estado español con el dinero de todos los ciudadanos), la obsesión reinante en mundo católico por el sexo, la homosexualidad, los anticonceptivos o el aborto. En sus inicios institucionales, en el seno de la cristiandad se asesinaba, condenaba, exiliaba y guerreaba por defender que Jesucristo tenía una o dos naturalezas o si el Hijo era consustancial al Padre. Desde hace ya tiempo, la dogmática, atada y bien atada, ha dejado paso a la moral, principal, si no exclusivamente, a la moral de cintura para abajo.
Antes, los cristianos se habían pasado tres siglos haciendo cursos intensivos de supervivencia, pues algunas de sus ideas eran consideradas incompatibles con el eclecticismo religioso sobre el que se asentaba el Imperio Romano. Pero llegó Constantino y vio en el cristianismo la vía para unificar ideológicamente el Imperio. A partir de la onírica leyenda formada en la batalla del Puente Milvio, Constantino promulgó en 313 un Edicto por el que el cristianismo era legal y quedaba despenalizado, hasta que su sucesor Teodosio declaró en 380 al cristianismo única religión oficial del Imperio. De la clandestinidad, primero, y la creciente relevancia oficial, después, la iglesia Católica a partir de entonces toca poder a manos llenas. Sin embargo, a juicio de Constantino, el cuerpo intelectual-ideológico de la nueva religión dejaba mucho que desear, pues en su seno existían creencias contrapuestas que cristalizaban en conflictos y enfrentamientos encarnizados entre las distintas facciones cristianas. De hecho, el asesinato de Hipatia de Alejandría tiene lugar en el marco de la hostilidad cristiana contra el declinante paganismo y las luchas políticas entre las distintas facciones de la iglesia católica.
Constantino tomó cartas, pues, en el asunto. Reunió a una serie de obispos en un “concilio” y tras 300 años se dictaminó oficialmente por primera vez que Jesucristo era dios, contra el arrianismo, que afirmaba que solo era un hombre. A partir de ese momento, en concilios sucesivos, el poder civil y el religioso, codo con codo, fueron tejiendo el intrincado entramado dogmático recogido en el “Credo” católico: divinidad del Espíritu Santo (381), virginidad de María, madre de dios (431), Jesucristo, dos naturalezas en una persona (451), la Trinidad (553).
Posteriormente, tras 1.500 años de cristianismo, se sistematizó como dogmas una serie de creencias y costumbres en el concilio de Trento (1545-1563), para ir languideciendo lentamente la actividad dogmática de la iglesia católica, salvo algunos flecos: Inmaculada Concepción (1854), Infalibilidad del Papa (1870), Asunción de María (1950). La iglesia católica llevaba varios siglos sin apenas “definir” algo, especializándose en condenar todo movimiento o ideología que contraviniera en algo su entramado dogmático: por ejemplo, el Syllabus Errorum de 1864 condena, entre centenares de “errores más”,  el panteísmo, el evolucionismo, la enseñanza mixta, el laicismo, el naturalismo, el racionalismo, el socialismo, el comunismo, las sociedades secretas, el liberalismo, etc.…
Con el tiempo, la iglesia católica ha ido tomando una deriva que es común a las instituciones ya muy esclerotizada: ya no se habla de dogmas, no interesa la elaboración intelectual de las ideas, sino que se hace hincapié en el terreno de la moral, de “su” moral. Así, en el ámbito de la moralidad han elaborado sus propias reglas, mostrando básicamente especial preocupación por la moral que discurre de cintura para abajo. Por ejemplo, ateniéndonos a lo que escriben y predican los obispos católicos hispanos, sus intereses primordiales giran alrededor de la sexualidad, principalmente para criticar, denostar y condenar. Lanzan sus invectivas contra las relaciones sexuales prematrimoniales, contra la búsqueda del placer sexual y la satisfacción de la libido al margen de los fines reproductivos. Relegan al ostracismo sexual a la persona homosexual, pues para ellos cualquier manifestación y práctica sexuales atentan contra los principios básicos de la ley natural. Incluso muy recientemente, el jefe supremo del catolicismo en Alcalá de Henares ha editado una guía práctica para “curar la homosexualidad” e invita a las personas gays a leer textos bíblicos que condenan esa “perversión”. Lanzan también sus huestes a la calle en defensa de lo que conciben como familia verdadera y presentan el aborto y el derecho a decidir de la mujer como la peor de las plagas morales de la humanidad contemporánea. Los anticonceptivos son vitandos y execrables, e incluso llegan a la aberrante postura de prohibir moralmente el uso del preservativo en los casos de grave riesgo de contraer el sida.
Sin embargo, callan, por ejemplo, ante los casos de abusos sexuales de niños y de niñas a manos de curas y clérigos pederastas. Ratzinger cerró la investigación y el proceso contra Maciel, fundador de los legionarios de Cristo y abusador confeso de centenares de muchachos, debido “a su avanzada edad y quebrantada salud”. Solo en Estados Unidos, según un estudio de la Junta Nacional de Revisión, 4.392 sacerdotes fueron acusados del abuso sexual de 10.667 menores entre 1950 y 2002.   En febrero de 2004, una investigación revela que más de 4.000 sacerdotes norteamericanos se han visto envueltos en acusaciones de abusos sexuales en los últimos 50 años implicando a más de 10.000 niños, la mayoría chicos. No hubo denuncias por parte de la iglesia católica, que trató de encubrir a toda costa los casos más flagrantes, incluso recurriendo al chantaje a las víctimas. Viendo la avalancha de indemnizaciones que la iglesia católica norteamericana  debía pagar, optaron por la altruista postura de declararse en quiebra, para que los juicios pendientes y futuros se resolvieran en cortes federales de bancarrota. Así las cosas, pone los pelos de punta pensar qué ha podido ocurrir en países tradicionalmente católicos como Italia y España.
El actual ardor moralista católico no impele, sin embargo, a denunciar o combatir posturas y actos radicalmente contrarios a los derechos humanos y a oponerse a los devastadores efectos de la crisis económica. Aún está por convocar una manifestación dominguera de las huestes católicas españolas en contra de los ingentes beneficios económicos de las entidades financieras y las grandes empresas en nuestro país. Aún está por ver un obispo oponiéndose al desahucio de una familia por no poder pagar la hipoteca de su vivienda. Aún está por escuchar una condena de los gastos militares en el mundo, de la explotación laboral de los niños en el Tercer Mundo, de la prostitución infantil. Aún está por nacer una crítica a las guerras preventivas, a la política de cuasi exterminio que Israel penetra contra el pueblo palestino, a los paraísos fiscales y a un largo etcétera más de tropelías contra la ética fundamental.

Robos, dineros y expropiaciones


 Publicado hoy en El Periodico de Aragón
Todos parecían estar conmocionados y pesarosos tras el robo del Códice Calixtino en la catedral de Santiago de Compostela. Como si se tratara de una novela de Raymond Chandler, la llave estaba puesta en la caja fuerte donde se guardaba el códice y los clérigos responsables del archivo catedralicio tardaron varios días en darse cuenta de su desaparición. En la tele algunos expertos equipararon el valor “incalculable” del Codex Calixtinus a las Meninas de Velázquez o la Alhambra de Granada, pero tras tanto encomio y tanta valoración apareció la cruda realidad: el códice no estaba asegurado, no había cámaras de seguridad dirigidas a la caja fuerte y algunos intentaban consolarse diciendo que el robo debía de haber sido perpetrado “por encargo”, por lo que su nuevo dueño no podría hacer ostentación de semejante tesoro, pasándose entonces del onanismo erótico-sexual a una nueva modalidad onanista: el onanismo bibliográfico.
Otros clérigos católicos se apresuraron a proclamar a los cuatro vientos televisivos que “la iglesia no tiene dinero para…” y sesudos especialistas en biblioteconomía, patrimonio artístico y seguridad escribieron sobre los enormes fallos de seguridad de que adolecen muchas obras de arte en España, principalmente en las catedrales e iglesias abiertas al público, por lo que muchos comenzamos a suponer que, en breve plazo y a pesar del persistente turbión de la crisis económica, los millones iban a llover para el mantenimiento del nebuloso “patrimonio artístico-cultural”. En el ínterin, nadie ha dimitido aún: ni un obispo ni un deán ni un archivero ni un directivo de alguna empresa de seguridad ni un cargo del ministerio de Cultura. Nadie se hace responsable o parece haber conocido la chapuza celtibérica de esperar que la divina Providencia cuide de los tesoros sitos en museos y archivos catedralicios y diocesanos. Más aún, una vez más queda bien claro el principio de que “la culpa ha de ser siempre de otro”.
Al declarar un alto cargo del Ministerio de Cultura que el códice y otros tesoros culturales son “bienes de la Iglesia y a la vez patrimonio de todos”, me vinieron a la mente también otros casos análogos, como los “bienes de la Franja”, en litigio cainita entre diócesis católicas y tribunales eclesiásticos, supuestamente propiedad de la iglesia católica y a la vez “patrimonio del pueblo aragonés”, y me asaltó la misma pregunta de otras veces: a quién, diablos pertenece finalmente el  Códice Calixtino, quién es, a fin de cuentas, su propietario legal. Más allá de las motivaciones viscerales, por encima de los populismos cachiruleros, compostelanos o de cualquier otra localidad, la respuesta es tumbativa: los códices, hostieros, retablos, custodias, arquetas, custodias, cruces, etc. son propiedad de una institución privada denominada “iglesia católica, apostólica y romana”, perpetuamente dispuesta a recibir el dinero del Estado para conservar y guardar lo que en el ámbito civil algunos siguen empeñados en tener por “patrimonio común” del pueblo español (aragonés, gallego….). Una vez todo restaurado y puesto como un pimpollo, la iglesia católica cobrará entrada y establecerá horarios de visita a la ciudadanía con cuyo dinero se llevó a cabo la “conservación del patrimonio nacional”. Propietarios, sí, pero de ningún modo responsables de esos descuidos de poca monta que desembocan en robos del siglo.
En esta misma línea, en la Comunidad de Madrid se ha rebasado con creces los límites de la más decorosa compostura: por un lado, Esperanza Aguirre obliga a los centros escolares públicos madrileños a entregar una llave y poner a disposición un funcionario para el albergue y acogida de los “peregrinos” que en agosto acudan a la Jornada Mundial de la Juventud en Madrid; por otro lado, a los pocos días nos enteramos de que el comité organizador del evento, presidido por el jerarca supremo del catolicismo visigótico, Rouco Varela, va a cobrar de 10 a 18 euros a cada “peregrino”, para “facilitar la logística y contribuir a los gastos del evento”. Eso sin contar los 25 millones de euros sufragados por las arcas del Estado y otros 25 millones donados por importantes empresas privadas, con las consiguientes desgravaciones, además de los 10.000 agentes de seguridad que estarán presentes esos días en la capital de España, lo cual hace preguntarse a más de uno si tan peligroso ha de ser considerado el señor Ratzinger o si a su fundador, Jesucristo, le hubiese gustado hacer su última entrada a Jerusalén con tamaña fuerza de seguridad o si al presunto primer obispo de Roma, Pedro, le hubieran cortado la cabeza con semejante ostentación de seguridad, papamóvil incluido.
Los bienes y tesoros situados en espacios propios de la iglesia católica, incluidos esos mismos espacios han de estar sujetos a las leyes comunes sobre la materia del Estado español. En casos extremos, en principio no deseados, para eso están también la confiscación y la expropiación de bienes por interés social y por el interés general del pueblo.

viernes, 8 de julio de 2011

Un árbol del Parque Labordeta

Ahí está, irrelevante, como un olvido del jardinero del Parque Labordeta de Zaragoza. Seco, aparentemente muerto. Llevo dos años saludándolo cuando me acerco en mis paseos por allí. En verano es un monumento al desahucio oficial. En primavera, sin embargo, hay algo dentro de ese árbol que le hace brotar alguna rama verde como un himno a la vida. Ese árbol se resiste a la muerte total. Vive, sacando fuerzas de flaqueza. Yo me quedo mirándolo, de algún modo converso con él. Incluso se lo he enseñado a quien aprecio y pasea conmigo cualquier mañana. Era muy joven cuando compuse mi primera canción con letra del poema de Lorca: "Chopo muerto". Ahora, ya viejo, alguna vez canto esa canción a ese árbol, amigo mío.

jueves, 7 de julio de 2011

Pretenden no dejar ni morir en paz


Hace muy pocos días, una gran amiga de una muy buena amiga mía, falleció en el Hospital Miguel Servet, de Zaragoza. Por lo que sé, descansó en paz y de modo ejemplar, tras una larga enfermedad.
En sus últimos días, ya en estado terminal, pero consciente, apareció en su habitación un capellán católico, con bata blanca y su cruz bien a la vista. A ese capellán aún (¡!) lo pagamos todos con el dinero de todos, por el Concordato de 1953 y los Acuerdos de 1979 entre el Estado español y el Estado del Vaticano.
Aquella mujer, educadamente, le dijo que no quería sus servicios. El capellán se fue por donde había venido, pero no sin entregarle antes una estampa. La “Virgen de la sonrisa”, de Toledo, ocupa el anverso. En el reverso hay un texto, que ese capellán (¿tiene algo de sensibilidad?) entregó a aquella mujer enferma y de avanzada edad.
He aquí unos cuantos párrafos del mismo (la totalidad puede leerse en la imagen que acompaña esta nota):

ORACION
Santa maría, Madre de Dios y Madre mía,
acudo a Ti pidiendo ayuda y consuelo.
Me arrepiento de haber abortado a mi hijo.
Alcánzame la gracia de llorar Contigo al pie de la cruz.

La Iglesia, que es madre, me enseña
que mi hijo goza ya del infinito amor del padre en el cielo
y me ha perdonado.
(…)
Intercede por todos los que han cooperado en el aborto:
familiares, amigos, personal sanitario y políticos…
para que se conviertan y alcancen perdón.

Acoge en tu regazo de madre a mi bebé y concédeme
reunirme con él y amarlo eternamente en el cuelo.


¿Cuándo dejará de haber capellanes católicos y de cualquier otra confesión, pagados por el Estado? ¿Cuándo dejarán de entrar en las habitaciones de los enfermos si previamente no se ha solicitado una visita de tal guisa? ¿Cuándo dejarán de conducirse como garrapatas con cualquier enfermo indiscriminadamente? ¿Semejante individuo es consciente de que está metiéndose en la conciencia y en la vida privada de una persona? ¿Cuándo resolverán los de su especie su obsesión por el sexo, la homosexualidad, los anticonceptivos, el aborto? ¿Para cuándo un Estado realmente laico y aconfesional?

miércoles, 6 de julio de 2011

Maestros y poder


Carta a un amigo


Fotografía de Primo Romero http://primo.com.es/
Publicado en El Periodico de Aragón
Querido Nacho. Me asusté mucho cuando me dijeron que habías salido malherido de la brutal agresión de la policía en la  calle La Gasca y me alegra que ya estés más recuperado. No quiero entrar en la cuestión de la conveniencia o inconveniencia de vuestra okupación de un inmueble, si bien me decías que, de momento, únicamente lo estabais limpiando y adecentando, pues no quiero que ese árbol dificulte la visión de la totalidad del bosque. También supe que no os desalojaron del edificio, pues habíais decidido quedaros fuera, en la calle, sobre la acera. A resultas de lo allí sucedido, no quiero imaginar lo que podría haber ocurrido dentro, sin cámaras ni testigos.
Acabaste en el hospital, con múltiples contusiones y heridas, producto de las patadas. Sé que eres una persona convencida de que el pacifismo es la vía adecuada en cualquier situación o acción reivindicativa. Más aún, me dijeron que insististe a tus compañeros para no dar argumentos a vuestros detractores al utilizar actitudes o actos violentos. Tú mismo me contaste al día siguiente que, en pleno fragor de aquella mañana, dijiste a los policías que podíais ser sus hijos o sus hermanos. Yo te creo, Nacho; te conozco y te creo. Sé que dices la verdad al contar que, mientras un policía te pisaba la cara contra el suelo, otros te pateaban el cuerpo y otro más te rompió de una patada en los testículos. Poco pudieron ver los compañeros, fotógrafos, periodistas y curiosos, pues los policías habían formado un semicírculo para ocultar la escena, pero tu cara y tu cuerpo delatan el troglodítico proceder de aquellos policías, y ya no orinas sangre, menos mal, menudo susto tuvimos en el cuerpo todos, especialmente tus padres.
No soy capaz de adivinar qué pasaba por la cabeza de esos policías que actuaron con tan extrema violencia contigo. Reciben el nombre de “agentes del orden”, pero, viendo lo que hicieron, no quiero ese orden para mi país ni para su gente. Imponen orden, sí, pero solo el que conviene a los que se autodenominan también “gente de orden”. Son llamados “fuerzas de seguridad”, pero su violencia puede producir muy poca seguridad a cualquiera. Desconozco qué les exigen para ser policías, pero ante todo debería inculcárseles que han de ser ejemplo de civismo para toda la ciudadanía y que el empleo de la violencia debe ser siempre proporcionado. Precisamente por eso, están de más las patadas y los insultos a una persona como tú, hasta dejarte inconsciente y tirado como un guiñapo en la calle, entre la gente que pedía una ambulancia  e intentaba reanimarte inútilmente.
No quiero olvidarme del buen trabajo que la policía lleva a cabo en otros ámbitos y a veces en circunstancias penosas o arriesgadas. Todos se lo agradecemos y lo valoramos. Pero he visto a la policía en Barcelona, en Zaragoza, en Grecia, en Siria y en muchos otros lugares de Europa y del mundo, y en todos los casos hay un mismo común denominador: atacan a los que poco o nada tienen, a los indignados, a las víctimas del desorden mundial y la crisis económica, y defienden los intereses de los ricos, de los que engordan su riqueza con la carroña de quienes van quedando en la cuneta. Me pregunto si alguna vez esos policías caerán en la cuenta del cometido real que están desempeñando. Seguramente, muchos de ellos contestarán que se limitan a cumplir órdenes, ignorando así que la excusa de “yo cumplo órdenes” está en la base de las fechorías y crímenes de muchos regímenes totalitarios. No he visto policías deteniendo a un empresario por perpetrar un ERE injusto y criminal, a los financieros responsables de esta crisis, a los tres ejecutivos de Bankia que cobrarán 10,1 millones de euros al año, a cuantos consienten que en España haya más de 1,2 millones de viviendas desocupadas. Estos y otros muchos como ellos son los verdaderos delincuentes, pero no los detienen,
Me extraña también el silencio de los partidos políticos que se dicen de izquierdas en Aragón. Dejo al margen al PSOE, en tierra de nada ni de nadie desde hace ya demasiado tiempo, pero miro a CHA e IU y parecen no haberse enterado de nada, no enterarse de nada. Me pregunto en qué está quedando eso que antaño decíamos con orgullo: izquierda. Me pregunto qué entienden y que pretenden realmente esos grupos políticos con su “oposición constructiva”, también si han decidido que hechos como los del jueves pasado en la zaragozana calle La Gasca no les concierne.
Solo me resta pedirte que sigas así y no cambies, que la violencia institucional no haga vacilar tus convicciones pacifistas, que sigas creyendo que otro mundo es posible. Gracias por ser mi amigo. Un fuerte abrazo

martes, 5 de julio de 2011

¿Funeral de Estado, príncipe Felipe, ministra Chacón?


El martes pasado, el príncipe Felipe viajó a Gran Canaria para presidir el funeral de Estado por los dos militares fallecidos en Afganistán en un atentado. Y sí, fue un funeral, quizá incluso un funeral de Estado, pero fue también una ceremonia católica, que contradice el principio constitucional de la aconfesionalidad del Estado y sus instituciones.
En el espacio público de lo que en jerga castrense se denomina “Cuartel General”, con la asistencia de las primeras autoridades locales, comunitarias y algunas nacionales, el arzobispo castrense, Juan del Río Martín, ofició una ceremonia religiosa, misa y sermón incluidos, en la que el jerarca militar católico afirmó que “toda la sociedad española está con vosotros" (los familiares de los fallecidos), obviando de paso que ni mucho menos toda la sociedad española estaba con el obispo católico, ni él oficiaba aquellos ritos religiosos en representación de toda la sociedad. 
La desidia y la pereza de los gobernantes de turno desde 1976 hasta hoy, el miedo de los grupos políticos a perder votos y la presión (chantaje) secular de las facciones ultracatólicas sobre los poderes públicos han conducido a que en 2011 siga sin haber ceremonias (en este caso, funerales) de Estado, aconfesionales y que sean reflejo de la pluralidad ideológica y cultural existentes en nuestro país.
Total, que con la bandera institucional hispana a media asta, con la ubicua ministra de Defensa, Carmen Chacón, al frente, ante las miradas de la cúpula militar y las autoridades canarias, y desde las preguntas y el recuerdo de los 1.500 militares españoles aún presentes en Afganistán, pudimos constatar por enésima vez que España sigue siendo, de hecho, un Estado confesional, un Estado católico, incluso más a menudo de lo que muchos quisiéramos un Estado nacionalcatólico.
Las ceremonias y actos de Estado han de ser aconfesionales, tal como declara la Constitución. Después, solo después, desde el derecho a la libertad de conciencia y el derecho a la libertad religiosa, cada uno es muy libre de celebrar los funerales que considere oportunos dentro del ámbito privado, familiar y social.
El príncipe Felipe, la ministra Chacón y el resto de las autoridades civiles y militares quizá estaban donde debían al presidir un funeral de Estado, pero mediante su apatía y displicencia institucionales hicieron que lo que allí hacían y allí representaban estuviese en flagrante contradicción con el artículo 16 de la Constitución española

lunes, 4 de julio de 2011

Economía social de mercado. Interés general

Horas antes de que CaixaBank iniciara por primera vez su andadura en Bolsa con subida del “rating”, horas antes de que Moody’s y Standard & Poor’s elevaran su calificación por la “solidez” de su perfil crediticio, el 30 de junio pasado unos indignados eran desalojados por la policía de un céntrico edificio propiedad de La Caixa en Zaragoza, medio abandonado y en pésimas condiciones durante años. Aquellos indignados habían declarado que querían destinar el edificio a sede de un centro sociocultural cercano al movimiento 15M, llamado “El Paraguas”, y a dar cobijo a familias desahuciadas que vivían en la calle. Como suele ocurrir en estos casos, la policía cumplía órdenes y los ordenantes invocaron el Estado de derecho y el imperio de la ley.
El desalojo acabó mal. Aun sin emplear ningún tipo de violencia, varios “indignados” terminaron malheridos e incluso uno de los desalojados terminó en el hospital, inconsciente y con múltiples contusiones, según consta en el parte médico. Habían decidido quedarse fuera del inmueble, en la calle, sobre la acera y, en vista de lo sucedido, es de imaginar lo que podría haber ocurrido dentro, sin cámaras ni testigos. Uno de los desalojados osaba decir a los policías que podía ser su hijo o su hermano, pero, según su propio testimonio, al poco tiempo un policía le pisaba la cara contra el suelo, otros le pateaban el cuerpo y otro más le rompió de una patada en los testículos, que le hizo orinar sangre por unas horas.
Algún viandante, testigo de la agresión, se puso a pensar qué estaba pasando por la cabeza de aquellos hombres que actuaban con tan extrema violencia. Reciben el nombre de “agentes del orden”, pero, viendo lo que estaban haciendo, no deseaba ese orden para su país ni para su gente. Estaban imponiendo orden, sí, pero solo el que conviene a los que se autodenominan “gente de orden”. Son llamados “fuerzas de seguridad”, pero la violencia desproporcionada produce muy poca seguridad, más si proviene de unos funcionarios del Estado que han de ser siempre ejemplo de civismo para toda la ciudadanía.
Sin olvidar el buen trabajo que la policía lleva a cabo en otros ámbitos y a veces en circunstancias penosas o arriesgadas, basta recorrer algunos acontecimientos de los últimos meses en Barcelona, Francia, Grecia, Siria, Egipto, Túnez y en muchos otros lugares de Europa y del mundo, para encontrar un mismo común denominador: son agredidos los que poco o nada tienen, los indignados, las víctimas del desorden mundial y la crisis económica; en cambio, son defendidos los intereses de los ricos, de los que engordan su riqueza con la carroña de quienes van quedando en la cuneta.
Seguramente, muchos de los miembros de las fuerzas y cuerpos de seguridad de un país contestarán que se limitan a cumplir órdenes, ignorando así que el subterfugio de “yo cumplo órdenes” ha estado siempre en la base de no pocos totalitarismos. El hecho es que aún no se ha dado el caso de que haya sido detenido un empresario por perpetrar un ERE injusto y criminal, o algunos de los financieros responsables de esta crisis mundial, o los ejecutivos de empresas financieras que se embolsan decenas de millones de euros al año en concepto de sueldo. Los agentes del orden de la gente de orden cumplen órdenes de desalojo de inmuebles propiedad de la banca, pero no reciben órdenes de detención de quienes consienten que en España haya más de 1,2 millones de viviendas desocupadas, entre las que circula dinero negro a espuertas, fuera del alcance de Hacienda.
En España hace ya tiempo que de su principio socioeconómico constitucional “economía social de mercado” el mercado ha devorado a lo social. Corre asimismo el riesgo de quedar fulminado o tachado de antediluviano quien ose recordar que el artículo 33.3 de la Constitución declara que los límites de la propiedad privada es inseparable de su función social y queda determinada por la utilidad pública y el interés social, que los valores fundamentales por los que constitucionalmente debe regirse nuestro país son la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político (artículo 1) o que “toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general” (artículo 128,1). Lo malo es también que del interés general nos restan básicamente los intereses creados de los ricos y de los potentados. Hablando de interés y quedándonos en Grecia, con una deuda externa de 340.000 millones de euros (cerca del 160% de su PIB), recibe del FMI y de la UE 210.000 millones de euros, de los que solo el pago de los intereses equivale al 10% del PIB.
Cuando veas las barbas de tu vecino pelar, pon las tuyas a remojar.
Concluyamos recordando algunas ideas plasmadas en la Declaración Universal de Derechos Humanos: “Toda persona tiene derecho a que se establezca un orden social e internacional en el que los derechos y libertades proclamados en esta Declaración se hagan plenamente efectivos” (artículo 28). “Toda persona, como miembro de la sociedad, tiene derecho a la seguridad social, y a obtener, mediante el esfuerzo nacional y la cooperación internacional, habida cuenta de la organización y los recursos de cada Estado, la satisfacción de los derechos económicos, sociales y culturales, indispensables a su dignidad y al libre desarrollo de su personalidad” (artículo 22).

Un buen negocio, sí, señor


sábado, 2 de julio de 2011

Más imágenes para reflexionar




Golpe a golpe

Pensamientos y sentimientos de Ana, madre de Nacho, golpeado brutalmente por la policía en el desalojo de un edificio okupado en la zaragozana calle Lagasca  y que acabó en el hospital

De un tiempo a esta parte parece ser que las Fuerzas de Seguridad del Estado (FSE en adelante) se están extralimitando en el cumplimiento de sus funciones. Vaya, que un funcionario trabaje mas de la cuenta siempre es sorprendente, pero lo preocupante es que lo estén haciendo tan a gusto. No parecen ponerle pegas a sus nuevas funciones de apaleadores de manifestantes - al estilo de la mafia en los EEUU de los años 30 -, o de alborotadores infiltrados, y hay que reconocerles que realizan su labor con bastante celo, por no decir saña.

Los numeros de las FSE son hoy por hoy un atajo de violentos fascistoides cuya máxima realización parece ser el mandar al hospital a algún que otro "guarro antisistema" para luego chafardear en foros de internet de lo valientes y Españoles que son. Bravo!!! Si esta chusma ha de velar por mi integridad, casi prefiero darle mi querida perra a Charles Manson, antes que llevarla a una acampada pacifica, que total, igual le da una muerte mas digna y menos dolorosa.

Pero, ahora hablando en serio, vamos a seguir permitiendo que estos energúmenos ciclados de gimnasio sigan rompiendo huesos impunemente? Se saltan a la torera toda obligación para con los manifestantes ya que es imposible identificarlos en las refriegas porque no llevan o llevan escondido el numero de placa. Ademas han cambiado de forma muy sutil e inteligente la forma de proceder ante, por ejemplo, una sentada en la que la resistencia pasiva es  toda arma que los manifestantes blanden. Ahora se dedican a provocarles y a insultarles hasta que a alguno -con mas temperamento que paciencia - se le ocurre contestar o zafarse ( craso error, porque entonces comienza el "tratamiento" para reducir al detenido consistente en molerle el cuerpo a palos ). Y ahí es donde yo quería incidir en una cosa: por qué se permite desde las Subdelegaciones del Gobierno que la respuesta de las FSE ante una sentada pacífica sea la violencia extrema? Yo entendería que en una situación de grupusculos violentos organizados reventando todo a su paso y buscando la confrontación directa con las FSE ( al estilo Black Block ) se diera la orden de entrar a saco, pero las últimas intervenciones en concentraciones, manifestaciones y acampadas han sido funestas a la par que indignantes.

Cómo se atreven a apalear a un chaval ( que lo único que hacía era sentarse en el suelo, sin armas ni intención de agredir a la policía ) tras haberle golpeado en los huevos ( se puede ser mas rastrero???? ) para luego ni siquiera llevarselo detenido, sino que lo arrojan como un perro malherido a los pies del resto de manifestantes magullados? Donde quedan los gases lacrimógenos y las tanquetas con manguera de agua? Ah, no, que ahora lo que se estila es la hostia en la cabeza. Y cuidado no te denuncien luego por "atentado contra la autoridad". (cómo se puede atentar contra un tipo encorsetado en defensas anticontusiones? Que haces, le insultas a ver si se desmoraliza?)

Si lo que las FSE quieren es provocar una guerra de baja intensidad con los movimientos sociales como en Grecia, que sigan así y veran.... que el que siembra vientos recoge tempestades, y no muy lejos quedan los episodios en los que jovenes okupas barceloneses tomaban las comisarias de los Mossos para protestar por sus violentas actuaciones. Esta no es forma de proceder, y si desde el poder político se piensan que así van a lograr amedrentarnos, lo llevan claro. Eso si, que luego no lloren cuando se les escape de las manos (mas) el asunto....

Desde aquí mi mas sincero apoyo a los heridos esta mañana y mi mas enérgica repulsa contra la actitud de los perros del Estado. Que se enteren en la Delegación del Gobierno que así no tienen derecho a tratarnos.

Documentad todas y cada una de las acciones de las FSE para que luego sus excusas no sean la cabecera de los noticiarios, sino que la realidad de su violencia les ponga en el sitio que se merecen estar, en la puta carcel.