sábado, 3 de abril de 2010

Crónica de un viernes oscuro y siniestro 4


Avanzan al sonido de tambores y trompetas, con sus tótems y sus ídolos. Apelan al respeto de la tradición, pero casi todas las cofradías han nacido a la sombra del franquismo, del nacionalcatolicismo, de la represión (“represión”: acto o conjunto de actos, ordinariamente desde el poder, para contener, detener o castigar con violencia actuaciones políticas o sociales; en el psicoanálisis, proceso por el cual un impulso o una idea inaceptable se relega al inconsciente)

Crónica de un viernes oscuro y siniestro 3


Vacío, todo está vacío. Reina la muerte.

Crónica de un viernes oscuro y siniestro 2


El centro de Zaragoza estaba abarrotado de gente que no quería perderse el espectáculo. La mal llamada “semana santa” es todo un espectáculo, sí, como las Fallas, los Sanfermines o la Cabalgata de los Reyes Magos (¿Qué significa “santo”? ¿qué es eso de santo? Acudamos al diccionario de la RAE: “que es venerable por algún motivo de religión”, “Sagrado, inviolable”, “que trae al hombre especial provecho”, “que tiene singular virtud para la curación de algunas enfermedades”, “que está especialmente dedicada o consagrada a Dios.”, “de especial virtud y ejemplo”).

Solo que se trata de un espectáculo siniestro, que produce espanto, que debería estar prohibido a los niños. Es una demostración de culto a la muerte, a la oscuridad, a lo oculto, al padecimiento, al masoquismo. Causa pavor el espectáculo del viernes siniestro

Crónica de un viernes oscuro y siniestro 1




Empecemos por el núcleo de la historia: aparquemos de momento las procesiones, fijemos la mirada en esos dos personajes: Juan Alberto Belloch, alcalde de Zaragoza, y Manuel Ureña, arzobispo católico de Zaragoza, en una fotografía en blanco y negro (no debe ser de otra forma). Ambos están asomados a un balcón del Colegio de Notarios, sito en la Plaza del Justicia, esa misma plaza por donde salen las cofradías para las procesiones del Viernes Siniestro, de donde saldrá el Alcalde Belloch con sus concejales del PSOE, PP y PAR, con sus caballos engalanados. No solo asisten nuestros representantes institucionales a un acto confesional, a una celebración religiosa, sino que hacen ostentación de ello. Belloch se asoma al balcón. Obscenamente (obsceno: repulsivo, indecente, aborrecible, detestable, asqueroso; del latín ob caenum: de la basura).




martes, 30 de marzo de 2010

Primavera, pasión, penitencia y preguntas

Artículo a publicar mañana en El Periódico de Aragón
En el equinoccio de primavera el día tiene una duración igual a la noche, acaba el período en que hay más oscuridad que luz y desde entonces el día es cada vez más luminoso que el anterior hasta alcanzar el solsticio de verano. En todos los lugares de la Tierra y en todas las épocas se ha solido celebrar la primavera como el triunfo de la luz y de la vida sobre la oscuridad y la muerte.
Así ha ocurrido, por ejemplo, en las culturas mediterráneas desde hace bastantes milenios, al igual que se ha celebrado la fiesta primaveral como símbolo universal de vida y liberación en las culturas china, egipcia, gala, romana, persa o hindú. Dentro de la cultura judeocristiana en que se ha movido buena parte de Occidente, el concilio de Nicea (325) estableció que la Pascua no se celebrara dos veces el mismo año, pues hasta entonces se había celebrado el año nuevo que empezaba en el equinoccio primaveral. De ahí que se llegase al arreglo de celebrar la pascua cristiana el domingo siguiente a la primera luna llena de primavera del hemisferio Norte. En cualquier caso, se trata de una cristianización de otra fiesta popular más: la fiesta universal de la primavera. En otras palabras, aunque la pascua cristiana forma parte del acervo cultural y tradicional de muchos países y como tal debe ser respetada, no se debe olvidar el contexto general donde apareció: la fiesta de la luz y de la vida con motivo del equinoccio primaveral.
Con la llegada de la primavera, muchas culturas han conmemorado también la muerte y la resurrección de sus respectivos dioses. Así, por ejemplo, en el occidente cristiano se celebra la muerte y resurrección de Jesús de Nazaret, en Egipto se conmemoraba la resurrección de Osiris, dios de la fertilidad y la regeneración del Nilo, de Atis en Frigia, Mitra en Persia, o Krishna en India. Todas esas celebraciones tienen como común denominador el surgimiento de un tiempo nuevo donde queda superada la muerte y se inicia una nueva vida; es decir, los mismos ritos festivos ancestrales del equinoccio de primavera.
Dentro del mundo hispano, los rituales más conocidos de renovación (estacional, astral y religiosa) son las procesiones de la llamada Semana Santa. Al parecer, tienen su origen en las procesiones de disciplina o de sangre, instauradas por el dominico Vicente Ferrer en Medina del Campo en 1410. En ellas, los cofrades eran azotados con un instrumento de cáñamo o “disciplina”, pues la flagelación era un elemento imprescindible de la semana santa. De hecho, las primeras cofradías fueron de disciplinantes, con el cometido principal de la flagelación publica, y buena parte del atuendo y la atmósfera general de los cofrades actuales derivan de ese tiempo. En el Bajo Aragón, sin embargo, esta celebración tiene un origen menos siniestro con la ruta del tambor, si bien es de incierto significado histórico. Las formas de celebrar el equinoccio de primavera en su versión católica ofrecen muchas otras modalidades. Como botón de muestra, en el Cusco peruano los indígenas sacan la imagen del Señor de los Temblores, ante el que. antes de ingresar al templo, esconden su cara, porque creen que en aquel momento observa a los que morirán ese año.
En Zaragoza, este año ha leído el Pregón de Semana Santa el Justicia de Aragón (no Fernando Garcia Vicente, sino el Justicia o Defensor del Pueblo aragonés). Exudando agua bendita durante la lectura del Pregón, predicando valores confesionales católicos en declaraciones previas a los medios de comunicación, el Justicia perpetró un acto de injusticia con el principio de aconfesionalidad de las instituciones del Estado, de las que su cargo forma parte, y con la ciudadanía aragonesa, cuyos derechos y libertades (incluido el derecho a la libertad de conciencia) deberían ser representados y defendidos en plena igualdad de condiciones y desde la neutralidad aconfesional del Estado y sus instituciones. (¿Quién nos defenderá de nuestros defensores?)
El hecho es que la celebración de la luz y de la vida en el equinoccio primaveral ha quedado oculta tras los ritos y las procesiones de una determinada confesión religiosa. Contemplando el espectáculo, alguien se pregunta dónde se halla la línea divisoria entre imágenes sagradas y tótems, fervor religioso y superstición, dioses e ídolos. Y se pregunta además si no es el hombre quien hace la religión, si no está proyectando la naturaleza sobre supuestos mundos sobrenaturales, si no ha creado esas fiestas a su imagen y semejanza, a imagen y semejanza del entorno social, económico y político donde vive, como conciencia invertida del mundo, si la devoción al sufrimiento es a la vez expresión y protesta contra el sufrimiento real de tantos oprimidos y explotados, si no es también un alivio ante esa opresión y el sentimiento de un mundo sin corazón y desalmado. Alguien se pregunta, en fin, si esa gente sabe o quiere o puede vivir sin tales placebos, sin su opio de cada día.

domingo, 28 de marzo de 2010

¿Quién nos defiende de nuestros defensores?


En Zaragoza, el 27 de marzo de 2010 leyó el Pregón de la llamada “Semana Santa” el Justicia de Aragón (no Fernando Garcia Vicente, sino el Justicia de todos los aragoneses), algo así como el Defensor del Pueblo aragonés.

Según puede leerse en el sitio web oficial de esta institución pública de la Comunidad Autónoma de Aragón, el Justicia tiene tres funciones básicas según el Estatuto de Autonomía de Aragón:

  • Proteger y defender los derechos individuales y colectivos de los ciudadanos frente a las actuaciones irregulares de las Administraciones Públicas.
  • Defender el Estatuto de Autonomía de Aragón.
  • Tutelar el Ordenamiento Jurídico Aragonés.

. Sin embargo, exudando agua bendita durante la lectura del Pregón, predicando valores confesionales católicos en declaraciones previas a los medios de comunicación, el Justicia perpetró un acto de injusticia con el principio de aconfesionalidad de las instituciones del Estado, de las que su cargo forma parte, y con toda la ciudadanía aragonesa, que ya queda muy lejos de ser representada por quien debiera defender los derechos y libertades de todos (incluido el derecho a la libertad de conciencia) en plena igualdad de condiciones y desde la neutralidad aconfesional del Estado y sus instituciones. (¿Quién nos defenderá de nuestros defensores?)

martes, 23 de marzo de 2010

Una excelente noticia


Artículo a publicar mañana en El Periódico de Aragón


De vez en cuando llegan buenas noticias. Por ejemplo, la semana pasada pudimos conocer que el Parlamento andaluz ha aprobado la Ley de Muerte Digna, o Ley de los Derechos y Garantías de la Dignidad de las Personas en el Proceso de la Muerte. En el fondo, se trata principalmente del reconocimiento legal de la autonomía del paciente y del respeto a su voluntad sobre las circunstancias de su muerte. Con esa ley no solo no se hace daño a nadie, sino que todos salen beneficiados. Sin embargo, una vez más, para la facción hispana más ultramontana y reaccionaria la libertad y la autonomía de cada persona parecen significar un ataque a y una merma de sus inmarcesibles principios morales. En realidad, esa facción, que desde hace siglos contiene las esencias más conservadoras del país, ha tenido en exclusiva la potestad de dirimir y decidir los límites y las normas a los que debe atenerse cada ser humano, y ahora interpreta como una calamitosa ruina moral que la ciudadanía sea reconocida finalmente como dueña y responsable de su vida y del acabamiento de esa vida.

Sería otra excelente noticia que nuestros parlamentarios y nuestros gobernantes demostrasen igualmente su autonomía y su entereza ética legislando una ley de Eutanasia y Suicidio Asistido, por encima de cualquier grupo de presión ideológico, religioso o de cualquier otro tipo, que siguen sin resignarse a ocupar el sitio que constitucionalmente les corresponde: el ámbito privado de la libertad de conciencia, subordinado a las leyes e instituciones públicas del Estado, único garante de las libertades y los derechos de toda la ciudadanía en igualdad de condiciones.

En cualquier caso, es una magnífica noticia que por primera vez en España se hayan regulado los derechos de los pacientes terminales y las obligaciones de los profesionales que los atienden. Partiendo asimismo del derecho de la ciudadanía a manifestar pública y oficialmente su voluntad ante la vida y la muerte mediante el Documento de Voluntades Anticipadas o Testamento Vital, es sin duda una muy buena noticia que el paciente pueda recibir información veraz y comprensible sobre su enfermedad y su estado real, disponer de un adecuado tratamiento del dolor, la sedación paliativa y los cuidados paliativos integrales incluso en su propio domicilio, en su entorno familiar y junto a sus seres queridos, así como poder rechazar un determinado tratamiento médico, aunque ello pueda poner en peligro su vida.

Algunas asociaciones médicas reclaman el derecho del personal sanitario a objetar contra las medidas establecidas en esa Ley. Sin embargo como afirma el doctor Luis Montes, pionero y ejemplo a seguir en el derecho a morir dignamente, por mucho que le pese a la derechona, no tiene sentido objetar la aplicación de un derecho del paciente y resulta difícilmente comprensible que un profesional de la medicina tenga algo que objetar contra la no prolongación de la vida en condiciones de ensañamiento y a favor del acabamiento digno, tranquilo y apacible de la vida. En cualquier caso, si alguien se negara a cumplir las obligaciones del personal sanitario que atiende a un paciente terminal estipuladas en la Ley, siempre puede acudir al comité de ética del centro sanitario donde trabaje o simplemente dejar el caso en manos de otro médico que respete la voluntad del paciente.

En realidad, en el asunto de la muerte digna las aguas no fluyen limpias ni raudas por razones básicamente ideológicas. Más exactamente, el obstáculo no reside en la existencia de unas determinadas ideas o concepciones morales (legítimas y a las que ampara el derecho constitucional de la libertad de pensamiento), sino el obsoleto presupuesto, heredero de posiciones que ya no tienen cabida en la España actual, de que la moral y las costumbres siguen perteneciendo por antonomasia a una determinada confesión religiosa. En efecto, una cosa es que los obispos católicos se crean escogidos y llamados a impartir su doctrina moral como la única moral verdadera (cosa que pueden hacer y decir legítimamente en el ámbito privado de sus iglesias y feligreses), y otra cosa bien distinta que constitucionalmente se les reconozca alguna competencia pública en cuestiones éticas.

Cuando los obispos católicos de Andalucía piden limitar la autonomía del paciente solo repiten lo que han dicho y hecho siempre que han podido: controlar la mente, la libertad de decisión y la autonomía ética de la ciudadanía. Según ellos, "la autonomía personal nunca puede llegar a justificar decisiones o actos contra la vida humana propia o ajena". Ignoran así que la decisión libre y responsablemente tomada por un ser humano sobre las condiciones dignas en que quiere morir nunca es contraria a la vida humana. Ignoran asimismo que la última y definitiva instancia ética para una persona es la propia conciencia, la propia autonomía personal. Y lo que aún es más grave, ignoran que lo ignoran.