miércoles, 26 de mayo de 2010

No toca

El ministro Blanco, tras pintar el pasado viernes un país que aspira a tener “el mejor estado de Bienestar” (becas, ayuda a la dependencia, transporte, sanidad, escuelas…) reconocía en una entrevista que eso no es posible con una presión fiscal con relación al PIB “de las más bajas de Europa”. En otras palabras, buenos servicios requieren ingresos, y esos ingresos deben generarse también de los impuestos. De ser así las cosas, inmediatamente viene a la mente la pregunta del millón: por qué no gravar entonces las rentas más altas por razones de equidad y para desarrollar unos servicios públicos cada vez mejores para toda la ciudadanía en igualdad de condiciones.

Desde los tiempos de la UCD de Suárez, pasando por González y Aznar, y desembocando en Rodríguez Zapatero, ha habido una serie de asuntos tabú que jamás se ha osado abordar: entre otros, la aconfesionalidad real del Estado y una reforma fiscal que incluya realmente el llamado ahora “impuesto de los ricos”. Aplicando reglas elementales de la lógica al argumento del ministro Blanco (si queremos estado de Bienestar hay que aumentar la presión fiscal), podemos concluir entonces que si no ha habido hasta ahora una fiscalidad fuerte y equitativa con los que más tienen es porque, de hecho, no se ha querido realmente ese estado de Bienestar del que hablan los programas políticos y prometen los candidatos cada cuatro años.

Curiosamente, el presidente del Gobierno utiliza como justificación el mismo hilo argumentativo que en otros asuntos “delicados” (por ejemplo, ley de eutanasia o una verdadera aconfesionalidad de las instituciones públicas): aún no ha llegado “el momento oportuno” y ahora aún “no toca”. Llega un telegrama del exterior (hay que recortar el gasto social) y la varita mágica ejecuta las órdenes tocando las narices de pensionistas, funcionarios, trabajadores y cuatro millones de parados. Llega otro telegrama del interior (muchos ciudadanos están cabreados porque aún no han oído hablar de la Banca, las empresas financieras y otras empresas que cada año disfrutan de pingües beneficios) y el presidente del Gobierno responde inmediatamente: “aún no toca”.

Y como el circo está en plena crisis, crecen los enanos y aumenta el número de noticias que elevan el nivel de indignación: los 584 altos directivos de las empresas del Ibex 35 cobraron en 2009 una media de cerca de un millón de euros, sin contar pagas extraordinarios, aportaciones a fondos de pensiones y otras zarandajas; los 83 consejeros ejecutivos de las empresas del Ibex ganaron en 2009 una media de 2,7 millones de euros: los directivos de las grandes empresas españolas declaran unos ingresos aún más estratosféricos. Entretanto, el consejero de gobierno del Banco de España y catedrático de Economía de la Universidad Pompeu Fabra, López Casasnovas, propone congelar “la protección de los trabajadores” (no se pierdan el eufemismo) durante dos años, de tal forma que queden en suspensión los derechos laborales, para facilitar la contratación. La varita se convierte en bisturí cuando trabaja en el cuerpo del pueblo, pero convierte calabazas en carrozas y palacios cuando reconoce la mano que siempre la ha estado utilizando.

ZP ahora hace de pararrayos de todas las iras celtibéricas. Ciertamente, sería recomendable que no se presentase a ningún premio Nobel de economía, pues sus expectativas de éxito serían bastante exiguas, pero ZP es solo el encargado de un chiringuito que en el fondo no le pertenece. El mundo se ha convertido en una finca global donde mandan los mismos que han montado este desaguisado denominado “crisis”. Nos sirvieron de aperitivo unos canapés llamados “subprime”, nos alarmaron con enormes fondos de inversión fofos, y crisis crediticias e hipotecarias, nos presentaron a personajes indeseables como Lehman Brothers o AIG, inyectaron billones de dólares y centenares de miles de millones de euros a bancos y empresas en crisis y nos dijeron que debíamos apretarnos el cinturón, mientras nos preguntábamos qué diablos habíamos hecho o dejado de hacer para merecer esto. Finalmente, ocurrió lo que está ocurriendo: mientras unos (de naturaleza física y metafísica) cada vez tienen más en sus paraísos fiscales y sus operaciones financieras de dimensiones siderales, los platos rotos lo están pagando el bolsillo, los derechos y el bienestar de los trabajadores (del Tercer Mundo, mejor no hablar: son, con mucho, los más perjudicados, pero siguen sin aparecer –es decir, sin existir- en nuestros medios de comunicación y en nuestras conciencias).

ZP no es, ni más ni menos, que Sócrates de Sousa en Portugal o Giorgos Papandreu en Grecia, y quizá también Sarkozy en Francia y Angela Merkel en Alemania: unos mandados, con la diferencia de que las casas que cada uno representa y gestiona tienen un mayor o menor número de habitaciones y de cuartos de baño. Unos son socialistas, otros conservadores, pero todos están atentos a los dictados de los verdaderos amos del mundo, los mismos que han montado este guirigay y recogen beneficios colosales de ese río revuelto.

Entre tambores de huelga general y peticiones a grito pelado de elecciones anticipadas desde el bando popular, no toca y no es el momento oportuno. Algunos piden coherencia a los socialistas y exigen una distribución más justa no solo de la riqueza, sino también de la contribución fiscal a la resolución de los problemas económicos y sociales de la ciudadanía. Sin embargo, pensándolo bien, ¿por qué el gobernante va a hacer ahora lo que ni siquiera ha osado hacer en tiempos de bonanza? Además, ¿puede realmente hacerlo?

jueves, 20 de mayo de 2010

En este preciso instante

Artículo para la revista UnoSeis, de Aranjuez, publicado el15 de mayo de 2010

Aquí estoy, una vez más, ante la pantalla del ordenador, donde de momento solo hay un cursor intermitente. En este preciso instante, comienza a nacer un riachuelo de ideas, sensaciones y emociones. Aquí me encuentro ahora, 15 de mayo, unido al contento de amigos y amigas de ese Aranjuez que recuerdo cálidamente, unido al año y medio de regalos periodísticos y literarios que UnoSeis ha venido entregando con y desde la ilusión. A la vez que les mando mi felicitación y mis ánimos, la pantalla de mi ordenador va llenándose lentamente de palabras, al ritmo de mi corazón y a golpe de tantas ideas que se acumulan en mi cabeza.

E inmediatamente este acto de escribir queda incrustado en el acto mismo del vivir, pues la vida solo es vida si de cada instante logramos hacer una vivencia valiosa. Hay quien cree que estamos condenados a existir en la monotonía y la monocromía de los días, aparentemente iguales, grises, sin alicientes, que estamos atados a una noria en la que damos vueltas y vueltas cinco días de cada semana de cada mes de cada año. Con ojos miopes, no nos percatamos entonces de que el árbol con el que cada día nos cruzamos para ir a trabajar cambia constantemente su saludo mediante el tintineo de sus hojas y el murmullo del viento entre sus ramas, ni caemos en la cuenta del cielo que dibuja cuadros distintos con las nubes, de que el vecino tiene voz y mirada cuando coincidimos en el ascensor, de la maravilla de la manita de un bebé, del juego de los niños en el patio de su colegio, del colorido del habitual puesto de frutas en el mercado, de cada página del libro que estamos leyendo, y de los miles de objetos y seres vivientes que nos rodean y configuran un conjunto de realidades que quieren adentrarse en nuestro interior cada día.

Es un error suponer que la vida discurre como si tuviésemos el zurrón repleto de meses y de años, porque así lo dicen las estadísticas nacionales de esperanza de vida. Es una pena andar por la vida medio echándola a perder, lamentándonos cada noche, tras terminar la jornada, de que no acaba de gustarnos un pelo. No podemos modificar ni una micra de lo ya pasado. Tampoco podemos asegurar qué va a pasar y cómo nos va a ir dentro de media hora. Las necrológicas de cada día, las estadísticas de tráfico de cada fin de semana o los informes de ingreso de los centros hospitalarios podrían contar miles de historias de personas que minutos antes estaban nerviosas perdidas por llegar tarde a una cita o porque no les cerraran la tienda donde querían comprar una cazadora que habían visto dos días antes. De paso, van perdiéndose los minutos, los días, las semanas y los meses como abalorios que no merecen nuestra atención. Anhelamos lo grandioso, lo definitivo, lo absoluto, el amor perfecto, el trabajo categórico, la casa soñada, el cumplimiento redondo de los sueños. Y, de paso, lo real, lo tangible, lo concreto, el instante, el segundo se escapan sin que se nos mueva un solo músculo del alma.

Creemos que el sentido final lo dan las metas, más o menos lejanas, y que no nos queda otro remedio que sacrificar lo inmediato en aras de las mismas. Buenas son las metas, buenos son los proyectos, con tal de que no sirvan de coartada para echar a perder lo único que realmente somos y tenemos: el instante. Es sólo en el instante donde pueden hacer su aparición un buen libro, una música agradable, un beso cálido, una sonrisa amable, una conversación sincera, una decisión responsable.

Hemos de asumir la responsabilidad de lo que somos. Tendemos a buscar miles de excusas, a echar la culpa a los demás, pero lo cierto es que, para bien o para mal, estamos en nuestras propias manos y nada ni nadie puede eximirnos de la obligación de decidir qué hacer con nuestra vida. Cada día, cada instante es como la pantalla vacía de este ordenador donde escribimos nuestra propia biografía, incluso nuestros propios cuentos de ficción. Somos los autores de nosotros mismos y de nada sirve mandar a hacer gárgaras nuestra libertad, porque finalmente se nos volverá contra nosotros mismos, pues huir, vegetar o dormitar son también una forma de decidir.

Vivir el instante nos permite vivir desde la cercanía, sin hacer planes a largo plazo, sin inquietarnos por el mañana, mucho menos por el pasado mañana, nos permite conjugar la vida en presente y paladear cada detalle de cada instante como si fuese el último, levantarnos cada mañana y sentirnos afortunados por tener un día más un regalo del que muchos no se percatan: el aire que respiramos, los colores y los sonidos que percibimos, el agua fácil que fluye por el grifo, nuestra música preferida, los seres humanos que salen al encuentro a lo largo de la jornada, el cansancio, el retumbar de la tormenta, el zumbido del ordenador… Todo cobra en el instante su propia densidad, su propia valía. Nos pasamos la vida deseando lo que no tenemos y luchando por conseguirlo. De ahí que a menudo la convirtamos en una carrera de competición, en la que quedamos sin resuello. Así, el otro queda transformado en un competidor y a la vez nos vamos imponiendo medallas y sanciones según lo que consideramos un logro o un fallo.

En el instante es posible descansar en la realidad más valiosa: los otros son el mayor de los tesoros. Conocemos a mucha gente, nos encontramos diariamente con un montón de personas, pero no es una cuestión de cantidad, sino de mirada, pues de nada sirve estar en una reunión, en un bar, en la calle, entre el gentío o tener la agenda llena de nombres y contactos, si no nos detenemos a mirar con sosiego los adentros de esas personas, también si no las miramos desde dentro de nosotros mismos, si no las invitamos a tomar algo en nuestro patio interior. Tener un ordenador de última generación o montañas de folios en blanco no equivale a escribir un libro, pues para ello se necesita previamente ideas que comunicar, sentimientos que transmitir y, sobre todo, personas dispuestas a recibirlos. Nos ha tocado vivir en lo que algunos han llamado “sociedad del bienestar”, pero el verdadero bienestar proviene principalmente de dentro, de la propia mirada y del propio corazón, también de la mirada y del corazón de los otros. Cuando el sol apenas asome ya en el horizonte de la vida, entonces nos daremos cuenta definitivamente de que lo más valioso es cuánto hemos querido y cuánto nos han querido.

En este preciso instante, un fuerte abrazo y enhorabuena, amigos y amigas, compañeras y compañeros, camaradas y colegas de UnoSeis, de Aranjuez, del mundo..

Mesas por una campaña

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Dentro de la Campaña “No marques ninguna casilla en la Declaración del IRPF”, MHUEL está montando Mesas informativas en puntos céntricos de la ciudad de Zaragoza. El día 18 hemos distribuido personalmente alrededor de 1.000 folletos informativos. El día 19, más de 850 folletos.

lunes, 17 de mayo de 2010

Entre los escombros


Artículo a publicar el miércoles en El Periódico de Aragón

Más allá de las consideraciones legales y jurídicas del “caso Garzón”, expuestas copìosamente por numerosos analistas y expertos, más allá incluso del trabajo de demolición de un juez perpetrado por algunos de sus colegas y en los oscuros desvanes del corporativismo judicial, queda aún la posibilidad de sentarnos entre los escombros y contemplar el desaguisado.

Con el cuento de que investigar los crímenes del franquismo es reabrir las heridas del pasado, siguen abiertas en canal las heridas de miles de desaparecidos, defensores de la democracia, las libertades y la Constitución que prometieron cumplir; queda aún abierta también la herida del recuerdo y de la memoria de sus familias y de los camaradas que les sobrevivieron; continúan abiertas la herida de cómo es posible hablar de democracia cuando la parte más casposa y roñosa del país impone su ley y sus querellas a cuantos exigen y necesitan que los restos de los suyos salgan del abandono al que los dejó la dictadura franquista, a cuantos exigen y necesitan que la honra y la dignidad de los suyos quede restituida desde el reconocimiento y la gratitud de todo el país.

Si el juez presuntamente prevaricador ya no puede investigar los crímenes del fascismo celtibérico (especialmente los cometidos por una de las partes que presentaron la querella contra Garzón: Falange Española), seguramente no habrá ya juez sustituto o no sustituto que ose intentar poner el cascabel al gato. Nos han bombardeado hasta el hastío con que hay que olvidar en aras de una reconciliación nacional y de una transición democrática, que incluso se ha presentado después como modélica. Han pretendido persuadirnos mediante la falacia de que la amnesia histórica es uno de los mejores síntomas de la buena salud de la democracia española. Primero se agazaparon tras partidos políticos que sirvieron de refugio y escaparate a verdaderas figuras de la dictadura franquista, ahora se encaraman sobre algunos grupos ultraderechistas para sepultar cualquier intento de investigar los crímenes perpetrados por sus colegas de antaño. Forman un complejo entramado de intereses y demuestran a los ingenuos que nunca se han ido. Siguen activamente presentes en no pocos estamentos del Estado y de la sociedad, incluido uno de los tres poderes donde se asienta el sistema político: el poder judicial.

Si el juez presuntamente prevaricador ya no puede trasladarse a la Corte Penal Internacional por estar apresuradamente suspendido cautelarmente como juez de la Audiencia Nacional, los boquetes en el pecho y en la cabeza de decenas de miles de fusilados por falangistas y fascistas en general seguirán sangrando en las tapias de los cementerios, los miles de muertos en cárceles y campos de concentración seguirán amontonados en fosas anónimas, los miles de exiliados forzosos seguirán muriendo de penuria, de pena y de nostalgia en la lejanía. Para colmo, quienes reivindican la memoria y la Memoria, chocan contra la tibieza socialista y contra el elocuente silencio del Partido Popular, adobado con una querella del PP contra Garzón archivada por el Tribunal Supremo por falta de indicios. Estos días han chocado también contra el corporativismo y el revanchismo de unos , y la flema de otros que parecen pasearse por el limbo legal, dentro del mundo judicial.

El fascismo no es solo una tendencia del pasado en nuestro país, sino también un imperativo de algunos sectores en el presente. Son muchos siglos de privilegios sin cuento, de poder hacer del país y del entorno lo que se quiera y como se antoje, de someter al ciudadano a sus dictados y tratarlo como súbdito, de presentar los derechos y las libertades como un atentado contra el buen orden y las sanas costumbres, de no tener que rendir cuentas a nadie. El fascismo pervive, interpone querellas mediante sindicatos ultraderechistas y grupos nostálgicos del fascismo, muta a veces en extraños entes que se manifiestan por las plazas y calles entre el frufrú de las sotanas y la supuesta defensa de la familia y de la vida.

Si el juez supuestamente prevaricador ya no puede investigar, habrá que ver en qué queda realmente el sumario abierto a la trama corrupta Gürtel y la implicación del Partido Popular entre tamaño detrito. Incluso no es descabellado pensar que, si bien la investigación de los crímenes del franquismo ha sido el detonante, el verdadero factor determinante para la caída de Garzón han sido los problemas ocasionados al PP por toda esa investigación sobre corruptelas y megacorrupciones. Y es que, cual vasos comunicantes sometidos a igual presión, la ofensiva de la ultraderecha se nivela con el alivio de los populares a costa de que un juez ha quedado suspendido por investigar los crímenes del franquismo y de que unos familiares sigan tragándose solitos el dolor y el abandono de sus seres queridos asesinados y desaparecidos.