lunes, 28 de junio de 2010

Burkas, putas, monjas y oportunistas

Artículo a publicar el próximo miércoles en El Periódico de Aragón


Vaya por delante que el burka y el niqab me parecen una aberración. He visto un burka una sola vez, y asusta, a la vez que duele por la mujer que está debajo. Sin embargo, hay muchas otras prendas y situaciones aberrantes de mujer que también producen sobresalto. Por ejemplo, las 80.000 prostitutas que trabajan en unos 4.000 burdeles controlados por la mafia, que mueven más de 18.000 millones de euros al año en España. Alicia Sánchez-Camacho, senadora del PP, presidenta del partido en Cataluña y candidata en las próximas elecciones catalanas, encabezó hace poco más de una semana una moción presentada en el Senado por el PP (aprobada después con los votos de CiU y UPN) que insta al  Gobierno a que prohíba el uso del velo integral (niqab y burka) en cualquier lugar público.  El PSOE y los demás grupos presentaron un texto alternativo que no propone prohibir, sino “erradicar” el velo integral. En esa disputa entre primos hermanos, ganó la prohibición.
Seguramente, se ha armado tan tamaña polémica solo sobre el burka y el niqab por proceder de donde proceden, y en el caso de la prostitución se mira hacia otro lado porque se trata de rumanas, rusas, paraguayas, brasileñas, nigerianas…, y el machismo nacional las encuentra más “tolerables”. Seguramente, los grupos políticos se están apresurando a subir al tren del populismo electoral ayudados por el tema de “lo musulmán”, al igual que en Suiza fue todo un chollo político en su día la prohibición de los minaretes en sus ciudades. Dicho esto, repito, el burka es una pavorosa aberración.


Simultáneamente a  la presentación de la moción en el Senado, la Asamblea del Consejo de Europa desaconsejaba prohibir los velos integrales, salvo por razones de seguridad, pero algunas fuerzas hispanas siempre han sido más papistas que el Papa: alegan que el velo integral genera problemas de seguridad y atenta contra la dignidad de las mujeres. Llama la atención la veleidosa sensibilidad que la derecha muestra hacia la dignidad de la mujer, según los casos y sus conveniencias. En realidad, la dignidad de la mujer ha estado machacada secularmente por el machismo incrustado en la conciencia y en el inconsciente de muchas mentes (masculinas y femeninas), en el pavoroso burka, en la declaración abierta de la inferioridad de la mujer en los libros sagrados de algunas religiones (Biblia y Corán, por ejemplo), por la aceptación como modelo universal de un mujer madre Virgen, sin deseo sexual, inmaculada e inmarcesible, esposa sin sexo, sumisa, obediente y devota.

 En nada se diferencia por razones de seguridad una mujer sepultada bajo un burka de una persona que sale en procesión bajo la túnica y el capirote, salvo que socialmente la segunda recibe todas las bendiciones y comprensiones. En la España actual sigue habiendo mujeres que viven en conventos tras unas gruesas rejas y que no pueden salir de las cuatro paredes de su monasterio, y miles de monjas no pueden mostrar su pelo ni vestir de otra manera que portando un hábito amorfo y asexuado. Sobre el grado de voluntariedad de una musulmana que lleva obligatoriamente el velo y de una monja que lleva la toca sería recomendable que se pronunciase el psicólogo o el psicoanalista. ¿Qué tiene que ver con la dignidad de la mujer el anuncio que estoy leyendo en estos momentos en un diario: “muñequita encantadora, cariñosa, besucona, sumisa, insaciable”? Dicho esto, repito, el burka es una pavorosa aberración.
Lo peor es que la moción aprobada en el Senado pide prohibir el burka y el niqab “en espacios o acontecimientos públicos”, es decir, no sólo en los espacios públicos institucionales (ayuntamientos, oficinas ministeriales o municipales, etc.), sino en la calle misma, como aclararon los senadores populares durante y después de la sesión. Hacen y deshacen a su conveniencia: si se trata del burka, la calle es un espacio público y no se admiten prendas de signo religioso; si se habla de monjas, curas, obispos, procesiones católicas, himnos a la Virgen emitidos mediante potente megafonía en la plaza pública o barrocas vestimentas clericales en actos oficiales y lugares públicos, todo está bien. Dicho esto, repito, no estoy defendiendo el uso del burka, sino solo señalando que una y otra vez algunos políticos parecen trileros, con tantos trucos y tantas trampas.
Para colmo, Sánchez Camacho aclaró también que el PP se niega a que el uso del velo integral quede regulado por la futura Ley de Libertad Religiosa, a fin de que la aplicación de esa ley no pueda afectar, de rebote, a los personas y prendas católicas. Es decir, en un nuevo acto de oportunismo e hipocresía social y política, el burka no tiene un carácter religioso,  la nieve no es blanca y quien ose cuestionar las cosas tradicionales católicas no es un buen patriota.
Dicho esto, repito, el burka es una pavorosa aberración y algunas actitudes políticas una verdadera vergüenza.