
Una parte considerable de los males que han aquejado y siguen aquejando a la humanidad se debe a la tiranía que han ejercido sobre ella los libros sagrados, los profetas, los dogmas y los dioses.
Un libro de texto nunca debería ser un libro sagrado o un elenco de dogmas en manos de un profeta que habla del saber como algo inextricable, intocable, indudable, cuasi divino; no debería serlo ni para el alumnado ni para el profesorado.
Un libro de texto puede ser un excelente auxiliar de trabajo, pero también un enorme parapeto o un buen catre.
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