
La sala militar del Tribunal Supremo, presidida por Ángel Calderón, acabó hace unos días con las esperanzas de la familia de Salvador Puig Antich al denegar, por tres votos a dos, la presentación de un recurso de revisión de la condena a muerte del joven anarquista en el garrote vil en 1974. El juicio y la condena de Puig Antich fue un monumento a la injusticia, la manipulación, la mentira y el asesinato. Hoy, ante los intentos de que la verdad salga a la luz, las instituciones supuestamente democráticas, del pueblo y para el pueblo, sólo están dispuestas a echar más paletadas de tierra sobre el buen nombre y la dignidad de Salvador. Por otro lado, para los magistrados, la admisión a trámite de la revisión de la condena abriría una puerta muy peligrosa para que otras familias reclamaran que se revisasen las condenas a muerte dictadas en el franquismo. Esas familias han sufrido hasta cotas insospechadas la barbarie de la dictadura fascista de Franco. Para su desgracia y para rabiosa indignación de muchos, la sala militar del Tribunal Supremo ha decidido que su sufrimiento no ha terminado.
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