miércoles, 14 de marzo de 2012

Gallardón y cierra, España


 Publicado hoy en El Periódico de Aragón

El ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, continuó la semana pasada la saga de los que parecen hablar del aborto como si se tratara de un acto irresponsable de unas cuantas mujeres tarambanas, violentadas por personas malvadas, que deciden interrumpir su embarazo como si se tratase de escoger entre una chaqueta azul o una beige en una tienda de confección.
Personalmente, me ha tocado auxiliar a unas cuantas mujeres que habían decidido que por el momento no estaban en condiciones de enfrentarse a una posible maternidad. Aquellas mujeres, en algunos casos recién abiertas a la vida adulta, fueron sin excepción para mí un ejemplo de responsabilidad, de reflexión y de libertad. Para ellas no fue fácil decidir, pero no tuvieron otro remedio que hacerlo, si bien en ningún caso fueron víctimas de coacción o “violencia estructural”. Decidieron en un entorno donde unas contaron con el apoyo y el cariño de los suyos, y otras, con su soledad, teniendo bien claro que podían obrar libremente (dejaron la tranquilidad para otras circunstancias, pues el momento resultaba difícil para todas).
Me indignan los movimientos pro-vida con su maniqueísmo capcioso. En su delirio, proclaman que están a favor de la vida como si todos los demás no lo estuviésemos, como si estuviéramos a favor de la muerte. Ni siquiera tienen la capacidad de atisbar que las mujeres que deciden interrumpir su embarazo pueden darles unas cuantas lecciones de humanidad, respeto y responsabilidad. Ponen en sus pancartas fotografías de embriones que afean la conducta de las asesinas abortistas, desconociendo de paso qué ocurre en el corazón y la mente de esas mujeres, faltándoles al respeto por pura ignorancia de lo que aconteció en sus vidas y sus noches en blanco.
Para toda esa gente ultrarreaccionaria la vida parece consistir en las funciones vegetativas de poder respirar, comer, beber, dormir y defecar, pero una mujer responsable decide en la vida real, la que tiene que recorrer ella misma cada día para poder proseguir el tan duro camino en algunos casos que le toca andar, la vida real y digna que un niño debe tener en un entorno de cariño, tiempo, calidad y seguridad económica y emocional.
Estar a favor de la vida consiste también en la equiparación salarial y laboral entre el hombre y la mujer, en unos horarios laborales racionales, en unos servicios sociales suficientes, en unos cheques-bebé holgados, en unas guarderías de calidad. Estar a favor de la vida  es asimismo oponerse al despido libre, al desalojo de la vivienda por no poder pagar la hipoteca, al deterioro de lo público a favor de lo privado, a que unos cuantos tiburones dejen un país como un desierto plagado de desempleados y personas en permanente zozobra.
Violencia estructural es ante todo arrojar al vacío los derechos cívicos, laborales, sociales y económicos de la ciudadanía, el derecho a la vivienda digna, al trabajo estable y justamente remunerado, a la educación pública, laica y gratuita, a la asistencia sanitaria pública y de calidad. Violencia estructural es que las fuerzas de seguridad muelan a palos a unos estudiantes por pedir calefacción en pleno invierno en su centro escolar, o que un empresario deje en la calle a cientos de trabajadores por no tener ya asegurados suficientes beneficios, o que prometan crear empleos decretando leyes que solo regulan el despido barato y la contratación precaria y mal pagada. Violencia estructural son las guerras preventivas urdidas por los señores de la guerra y del dinero, también la violencia machista que no cesa.
Los movimientos pro-vida, lo más granado de la clase política hispano-visigótica, la Conferencia Episcopal Española y otra gente del bien vivir tienen la cabeza tan pequeña, tan pequeña, tan pequeña… que no les cabe la menor duda y pretenden reducir la enorme complejidad de la vida a sus estrechas miras y sus simplistas esquemas.
No se los ha visto ni se los verá en la calle protestando contra estas agresiones a la vida real y revindicando una vida digna para todos y cada uno. Ahora, el ministro Ruiz-Gallardón (¿coordinado con otros grupos de presión ultra de carácter político-religioso?) vuelve a arremeter contra la actual Ley Orgánica de Salud Sexual y Reproductiva y de la Interrupción Voluntaria del Embarazo (2010) y anuncia el regreso a la Ley Orgánica de despenalización del aborto en los supuestos de violación, malformaciones del feto y grave riesgo para la salud física y psíquica de la madre (1985). Hasta el momento, el ministro se había remitido al recurso que el Partido Popular había interpuesto en 2010 ante el Tribunal Constitucional contra la actual Ley del aborto. Ahora, ante la posibilidad de que el TC dicte una sentencia que no sea de su gusto, las presiones del ultraconservadurismo celtibérico han hecho que la mujer pueda esperar como máximo no ir a la cárcel en el caso de interrupción voluntaria de su embarazo.