miércoles, 16 de diciembre de 2015

Carta de Toñi I. Suárez a Directora Provincial Muface

Estimada señora Hernández,

Está corriendo por redes una información acerca de la denegación de una silla de ruedas nueva a Don Antonio Aramayona.
Antonio Aramayona
DNI. 77255763M
Nº Muface: 286128772

No tengo ni la menor duda que todo ha de ser un malentendido y un error en la forma de la presentación de la solicitud, pero teniendo en cuenta la frágil salud del afectado y lo costoso que es para él emprender cualquier tipo de reclamación le rogaría que tuviese en cuenta estas circunstancias.

Estoy segura que desde su puesto pueden realizar acciones para evitar, a alguien en la situación de Don Antonio, todo el mareo que supone recurrir en la forma que usted le ha indicado. 

Presentar un recurso de alzada al Ministro de Hacienda y Administraciones Públicas, que tiene tres meses de margen para responder afirmativa o negativamente a la reclamación o recurso no es una solución, más cuando hablamos de alguien con una frágil salud y una forma de moverse tan limitada. 

No sé si usted tiene cerca a alguien con movilidad reducida y salud delicada, yo tengo a mi madre que ojalá dure muchos años, pero es cierto que para ella (al igual que para Don Antonio) cada pequeña acción le supone un mundo, por no hablar de que cada preocupación le resta todavía más a su delicada salud.
Le ruego que haga un pequeño esfuerzo e intente empatizar con una situación semejante.

Lo que me mueve a enviarle este escrito es que estamos hablando de un profesor que ha hecho muchísimo por muchas personas.  En lo que me afecta directamente le diré que gracias a él, a su forma de enseñar y educar, a su insistencia para que terminase aquel bachiller hace tantos años en un instituto nocturno, hoy mi vida es mucho mejor de lo que pudo haber sido sin su presencia.  Además de ser un excelente profesor ha sido un auténtico maestro, alguien que me hizo descubrir “mi pastito interior”.  Si tiene ocasión de hablar con él no olvide preguntarle por ese “pastito interior”.  Ya ve, frases escuchadas hace más de veinte años siguen grabadas a fuego en mi memoria.  Personalmente jamás podré agradecerle lo suficiente su intensa y fugaz presencia en mi vida, pero créame que lo he hecho, créame que le escribí sin esperanza de que me recordase, pero hasta la memoria es grande en este caballero.

Le reitero que no me cabe ninguna duda de que todo es un mal entendido porque no me puedo creer que nadie pueda actuar con mala fe en un asunto tan grave como este, es como quitarle un caramelo a un niño.  Entiendo los procedimientos pero también estoy segura que en su mano ha de estar la forma de evitar toda esa demora. 

Señora Hernández, no quiero que su conciencia se vea empañada por una acción semejante, ni por supuesto que a “mi querido profesor” pueda ocurrirle algo durante esa, para él, larga espera, algo que probablemente usted lamentaría toda su vida al poner tantos inconvenientes en un tema tan delicado.

Confiando plenamente en su profesionalidad y capacidad de gestión le saluda atentamente:

Antonia I. Suárez

Una ex-alumna de Don Antonio Aramayona infinitamente agradecida

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