miércoles, 16 de diciembre de 2015

SOBRE "RUIZDADES" E INDECENCIAS


por Ana Cuevas

Al igual que mi querido amigo Antonio Aramayona, el día 20 votaré al partido que menos me rompa el corazón. Si para algo sirvió el debate televisivo entre Pedro y Mariano fue para reafirmarme en que mi papeleta no engrosará el electorado del monstruo bicéfalo del bipartidismo. Ni siquiera por eso que algunos se empeñan en llamar el voto útil y que solo ha servido de utilidad para que se perpetúe la alternancia, más o menos consensuada, de los mismos canes con distinto collar. Y poco importa que la correa sea de color azul o rojo. Ambos partidos tienen experiencia levantando la pata para expulsar su agüilla amarilla sobre las ilusiones y las expectativas de los españolitos. Lo mismo que sucedió durante el debate entre los líderes del PSOE y del PP. Al final se habla de lo que no importa porque ninguno de los dos hablaron de lo que de verdad importa a la ciudadanía. El debate (lejos de arrojar luz sobre las políticas que ambos partidos piensan aplicar a problemas reales de la gente como el paro, la pobreza infantil o la ley de dependencia) se convirtió en un combate pugilístico, chabacano y hasta choni . Pedrito llamó indecente a Marianico. Podría haber dicho que sus políticas eran indecentes pero el verbo fluido y una correcta sintaxis no aparecen entre las cualidades de ninguno de los dos rivales. El presi se vino arriba en indignación, se picó y acusó a Pedro Sánchez de "ruiz"  (¡ups!), ruin, mezquino y miserable. Y así siguieron, revolcándose en el barro de su mediocridad mientras el moderador acababa de echar la siestecita.
Hay muchos tipos de indecencias que se producen a cuenta de personas de orden. Les contaré una que precisamente le sucede a mi amigo Aramayona. Hace ocho años le cortaron una pierna a causa de una enfermedad degenerativa que le produce múltiples dolencias. Desde entonces se ve obligado a desplazarse en una silla de ruedas. Esa silla son las piernas de Antonio. Ella le permite desarrollar una vida casi normal. Aunque la vida de Antonio no tiene nada de normal porque, pese a su precaria salud, es un activista impenitente por el derecho a la educación, por la paz y la libertad de expresión. El "perro-flauta motorizado", como a él le gusta ser conocido, no podría salir de casa sin esa cabalgadura eléctrica que le permite tener autonomía. El caso es que la silla del profesor Aramayona está a puntico de petar y su mutua (MUFACE) le ha denegado el recambio por un defecto de forma en la solicitud y ahora el procedimiento administrativo puede tardar meses en resolverse. La directora de la mutua, Úrsula Hernández, le ha argumentado una retahíla burocrático-reglamentaria que justificaría la demora. Contra tan inhumano alegato, mi amigo Antonio solo puede esgrimir el muñón de su pierna y las 26 pastillas que se toma a diario. Pero doña Úrsula, una persona recta donde las halla, no parece dispuesta a agilizar los trámites por esas menudencias. Por cierto, ¿si se tratara de su madre sería igual de inflexible?. ¡Úrsula recapacite!
Lo que le está pasando a Antonio es, a las claras, una indecencia Pero lejos de insinuar que doña Úrsula es indecente, me atrevo a afirmar que el fruto de su gestión sí que lo es. Aún más, dejar a una persona con una grave discapacidad sin el elemento que le proporciona un margen de libertad por un error de forma es un acto ruin, mezquino y miserable. Las normas nunca pueden ser más importantes que el bienestar de los seres humanos.
Sin esa silla, el "perro-flauta motorizado" no podría estar en la calle como cada día desde hace tres años protestando por las políticas de recortes del PP o por la merma de libertades. Tampoco hará falta esa orden de alejamiento que le prohíbe estar a menos de doscientos metros del delegado del gobierno. Al parecer, Gustavo Alcalde temía por su vida al observar el afilado filo de los carteles, reivindicando libertad de expresión, que portaba el profesor paralítico. Si no hay repuesto para el profesor, se acabará su pesadilla. Y la de muchos y muchas que no quieren verse señalados por sus decisiones indecentes. Pero de ninguna manera pretendo insinuar que existe relación entre las trabas que está encontrando Antonio y su activismo. Eso no sería elegante viniendo de una dama, aunque sea proletaria perdida como servidora. Solo pensarlo me convertiría en un ser "ruiz", ruin, mezquino y miserable.  En alguien terriblemente indecente.


Ana Cuevas

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