martes, 18 de agosto de 2015

Un subcampeón mundial y los presupuestos de Aragón




 PUBLICADO HOY EN ELDIARIO.ES ARAGÓN
El subcampeón mundial de 800 metros, el norteamericano Nick Symmonds, no podrá competir en los Mundiales de Pekín al no haber sido incluido en la selección de Estados Unidos por negarse a firmar un contrato que obliga a todos los miembros del equipo a vestir la marca Nike, patrocinador oficial. Symmonds declaró estar “orgulloso” de haberse mantenido firme en su postura y de luchar de esta forma “por los derechos de los atletas”, a la vez que  anunciaba proporcionar pruebas de que la Federación estadounidense de Atletismo (USATF) estaba robando millones de dólares a los atletas, enriqueciéndose con el duro trabajo del equipo estadounidense.

Tras leer esta noticia, me alegré de que siguiera habiendo a lo largo y ancho del mundo personas que se negaran a aceptar lo que otros establecen y acuerdan para alimento de sus negocios y sus bolsillos y en detrimento de los centenares de miles de trabajadoras y trabajadores del submundo más explotado que fabrican de sol a sol y por cuatro céntimos los equipamientos que después lucirán los atletas en rutilantes competiciones televisadas y también quienes puedan pagarlo para lucirlo en las calles del mundo rico occidental. Mientras haya personas que se rebelen, resistan y se opongan a los negocios de los amos del cotarro habrá esperanza de que otro mundo es posible.

Me acordé también de la cantidad de “cotarros” que nos rodean y afectan directamente. Presencio cada día las declaraciones de los Consejeros y Consejeras del recién estrenado Gobierno de Aragón, explicándonos sus planes, también las dificultades para llevar a cabo algunos de ellos. Así, no es infrecuente escuchar la recitación de un cierto “mantra” en boca de algunos de ellos: “dentro de las limitaciones presupuestarias”. Pues bien, quizá algún que otro Consejero/a debería aprender en la medida de lo posible de Nick Symmonds.

Javier Lambán, Presidente de la DGA, depende en buena parte de las inyecciones presupuestarias y las limitaciones de déficit llegadas desde los despachos del ministro Cristóbal Montoro, el cual no establece los límites de déficit precisamente al azar, sino ateniéndose (“ajustes” llaman también a este concepto) a los “objetivos de reducción de déficit” dictados desde Bruselas (a medida que se sube de escalón, el escalón inferior cree tener justificación suficiente para lavarse las manos). A su vez, los miembros de la Comisión, del Eurogrupo o de alguna que otra institución más perteneciente a la UE cooperan en calcular tales “objetivos de reducción de déficit”, según sean en cada momento los intereses y tejemanejes financieros de los principales acreedores (gran Banca y especuladores financieros en general).
Total, que, por ejemplo, la actual Consejera de Educación, Mayte Pérez, pertenecerá seguramente al equipo oficial bajo la marca oficial “equis” o “zeta” y podrá contar con el “mantra” de que no puede hacer más, dadas las limitaciones presupuestarias de su Departamento, mientras haya, por ejemplo, miles de millones de dólares de fondos de pensiones o inversión volando de la City a Singapur en décimas de segundo. Es lo que hay, no pasa nada, no hay nada que hacer, salvo que se levante, pongamos por caso, un Nick Symmonds aragonés o aragonesa que diga que se niega a jugar a los dados (marcados) como le ordenan desde arriba, ya que no quiere jugar a otra cosa que a un guiñote universal en el que ganen todos y no tenga por qué perder nadie.

Todos tenemos dentro nuestro propio Nick Symmonds. Otra cosa es qué queremos hacer con él (con nosotros mismos): o mantener al menos la dignidad y la coherencia, o vivir sin buscarnos complicaciones o incluso hacernos representantes en la zona del “Nike” de turno, que cambiará cuantas veces convenga de logo y eslogan a beneficio exclusivo de la cadena piramidal que cada milésima de segundo vuela de Singapur a la City aterrizando de vez en cuando entre los matojos de Aragón, la tierra noble, la de los claros torrentes, con sus mozos como el roble, orgullosos y valientes, y  donde no se sabe de mentiras ni traición.

Ay, soy de Aragón.




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