jueves, 2 de junio de 2016

Diario de un profeflauta motorizado, 719


 03,07 a.m. Abro los ojos y me encuentro a Cat Stevens cantando Trouble.

“Vas a despertar a los vecinos”, le digo, algo alarmado. Él sonríe, se encoge, divertido, de hombros, pero cesa de cantar. “¿Y cómo tú por aquí?”, le pregunto, y me pregunto también dónde ha dejado su pelo ensortijado, su aire de Jesucristo Superstar, sus discos de los 70 que tanto me gustaban. Desde hace tiempo se llama Yusuf Islam, concretamente en 1978, tuvo una experiencia cercana a la muerte y se convirtió al Islam. “¿Me la cuentas?, Cat?”, y él contesta, rápido como una cobra: “No”.

Pienso que se quedó enredado en un laberinto que el tomó por el pórtico de la felicidad: que si Jesucristo, que si Moisés, que si Mahoma, que si Salman Rushdie… La cosa es que ayuda a la gente y a los pueblos que sufren guerras y hambrunas. Eso es lo importante, eso es lo importante, aunque Zaratustra susurre una vez más en mis oídos, creyéndome solo: “¡Será posible! ¡Este viejo cantautor en su bosque de humo no ha oído todavía nada de que Dios ha muerto!”.

Hay mucha gente que aún está convencida de que verdad, bondad y similares se escriben así, en mayúscula, Verdad, Bondad… Inyectan certezas inanes que rompen las arterias de puro viejas, del puro endurecimiento que les nace de sus dogmas de mierda. Se autoconstituyen como salvadores de cuantos no piensen o actúen como ellos (¿cómo, cuándo nos salvaremos de esos salvadores?).  

“Stevens de Steve, vale, pero ¿de dónde sacaste Cat, Cat Stevens?”, y él me contesta, acompañándose con un arpegio de su guitarra: “A una novia que tuve le gustaba decirme que tenía ojos de gato…”. Percibo que ese maullido de Cat es señal de que comienza a cansarse. “Cántame otra, Cat, pero bajito”, le digo. Yusuf, ni corto ni perezoso, despierta a todo el vecindario, 04.38 a.m.
  


Llaman a la puerta: 06.12 a.m. Es un email de Tino. Me manda el enlace de una peli https://www.youtube.com/watch?v=r4Q4liYQxHw Las invasiones bárbaras que vi en cuanto se estrenó y me impactó mucho. Recuerdo que aquella tarde  salí del cine flotando en una nube (el detalle de si era de algodón o de azufre ya se escapa de mi memoria). ¡Gracias, amigo Tino!







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