lunes, 4 de noviembre de 2013

¿Catalanes? ¿Aragoneses? ¡No, eclesiásticos!



 Publicado hoy en El Periódico de Aragón
Seguramente sonará al lector lo de los lirios del campo y las aves del cielo, pero cierta clerecía del nordeste hispano parece haberlo olvidado:  desde hace luengos años hay un litigio entre eclesiásticos de dos diócesis católicas (Barbastro-Monzón y Lleida) sobre 113 antiguos objetos sacros que pertenecían a parroquias sitas en territorio aragonés y que ahora están en Cataluña. Entre tales bienes artísticos, algunos entendidos destacan algunos frontales de altar, arquetas, pinturas, cuencos y tronos priorales. En resumidas cuentas, objetos que el pueblo aragonés costeó con sus diezmos e impuestos, pero que jamás han sido ni de su propiedad ni de su interés. No obstante, los eclesiásticos ya han sacado al Gobierno aragonés (no entro en lo que respecta a Cataluña) un museo en la ciudad de Barbastro, que ha vuelto a pagar el pueblo aragonés y, cómo no, es propiedad de la iglesia católica.
Los eclesiásticos llevan muchos años perpetrando el timo del tocomocho con “los bienes artísticos de la Franja” (zona oriental de Aragón, colindante con Cataluña, y en su mayor parte de habla catalana). Los aragoneses tragaron ya en 2005 que fuera un tribunal eclesiástico quien dirimiera que las 113 obras pertenecen a la diócesis de Barbastro-Monzón (es decir, siempre propiedad de la iglesia católica: “en” Aragón, aunque no “de” Aragón). En 2006, sin embargo, la Generalitat de Cataluña emitió una resolución que, limpia de polvo y paja, se pasaba la sentencia eclesiástica anterior por el arco de triunfo, por lo que en 2009 el Gobierno aragonés presentaba una querella criminal, renunciando a la vía del procedimiento civil que se veía sin salida (en todo este tira y afloja entre Aragón y Cataluña, los bienes seguían y siguen siendo de propiedad exclusivamente eclesiástica: bienes “aragoneses” – en Aragón- no equivale a bienes “de Aragón”). Sin embargo, incluso al año siguiente hubo una manifestación en Zaragoza, lo que no impidió que un juzgado leridano estableciera que  los 113 objetos artísticos son  “patrimonio cultural catalán”.
Pues bien, como el hombre es un animal que puede tropezar muchas veces en la misma piedra, a finales de octubre de 2013 el Gobierno aragonés de Rudi y la Consejera de Educación y Cultura, Serrat, remedando a Mendizábal, optan por instar la expropiación de las 113 piezas eclesiásticas. Y entonces el obispo católico de Zaragoza, Ureña, no pierde un segundo en mostrar su desacuerdo con la propuesta, soltando un sonoro "ni hablar del peluquín".
En efecto, Ureña considera "explicable y loable" el interés del Gobierno aragonés por los objetos de arte, pero hace trizas cualquier peluquín ante la posibilidad de que la Administración civil se "posesione" de las piezas. Lirios del campo y aves del cielo, sí, pero que nadie toque la propiedad eclesiástica de las 113 piezas: son exclusivamente de la iglesia católica, solo de ella y nada más que de ella. Dicho de otro modo, el obispo Ureña tiene claro que las piezas no son leridanas y deben ser devueltas “a sus legítimos dueños” (sin explicitar que se está refiriendo a la iglesia católica).
No se debe jugar con las cosas de la iglesia. Si un día las 113 piezas aterrizan por fin en el museo eclesiástico construido en Barbastro con el dinero del pueblo aragonés, ocurrirá igual que con todas las demás iglesias, catedrales y museos erigidos o reparados con el dinero de la ciudadanía: si queremos ver algo allí nos cobrarán una entrada, eso sí, religiosamente. Y al dormitante Justicia de Aragón, García, todo ello debe de parecerle de perlas.
Y, pobres eclesiásticos, reciben terreno regalado por los ayuntamientos para construir sus parroquias, siempre propiedad de los propios eclesiásticos. Si, por ejemplo, quiero montar una tienda o un negocio en el barrio, deberé pagar lo que me digan o no monto nada, pero si se trata de abrir una parroquia, a poco que se descuide el obispo Ureña el alcalde Belloch hasta dirá la misa el día de su inauguración.
Centrándonos en la cuestión aludida por Ureña de los “legítimos dueños”, no estaría mal devolver a sus legítimos dueños los derechos fundamentales, cívicos, laborales y sociales de la ciudadanía que va demoliendo día a día el actual Gobierno, los 60.000 millones regalados a los bancos para tapar sus trampas y deudas, las fincas de la gente rica, aristócrata y ociosa que necesitan los braceros y los campesinos, los 11.000 millones, libres de impuestos, donados anualmente a la iglesia católica en los Presupuestos generales del Estado, etcétera, etcétera…
Amén.

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