Publicado en ATTAC Mallorca el 10 de septiembre de 2012
Publicado en Diario del Aire el 10 de septiembre de 2012
Publicado en Diario del Aire el 10 de septiembre de 2012
Hoy no quiero que los gobernantes y los dirigentes en cada
estrato de eso llamado “Estado” se identifiquen mental o afectivamente con la
gente del pueblo y sus problemas o compartan con ella sus cuitas e inquietudes
(eso es “empatía” o, yendo a las raíces, “simpatía”). Hoy deseo solo que
padezcan en su propia carne los problemas y la situación real de muchos
ciudadanos (eso indica el sufijo “-patía”).
Parece cruel, pero es la única terapia de choque de la que
–seamos optimistas- aún pudieren aprender algo: deseo que todos los gobernantes
y dirigentes en cada estrato de eso llamado “Estado (dejemos, de momento, al
margen a sus hijos, padres, madres, hermanos y consortes) padezcan
irremisiblemente por un mes una minusvalía física o psíquica que les impida
desenvolverse en la vida como hasta ese momento les ha sido habitual, para
después observar cuál sería su propuesta urgente de ley en el primer pleno del
Congreso, Senado, autonómico o municipal al que asistieren.
Deseo que pasen otro mes necesitando ayuda día y noche de
otra persona para vestirse, lavarse, comprar, cocinar, comer o asearse.
Después, les preguntaría si quieren destinar el dinero a sanear la banca o a
hacer efectiva la ley de dependencia.
Deseo que durante un mes sientan morirse de frío y de
calor, de chinches y piojos, del olor hediondo de unos cartones donde se
guarecen por las noches, de hambre y melancolía, y que la gente se aparte de
ellos cuando pasen por su lado. Deseo también que unos guardias y un mandado
les hayan desahuciado por no poder pagar la hipoteca y echado de sus casas, no
teniendo donde caerse muertos bajo cubierto. Pasado el mes, quisiera saber qué
opinión les merece que en su país haya más de seis millones de viviendas
vacías. De paso, les preguntaría también si seguirán viajando, comiendo y
cenando, no precisamente de menú barato, con cargo a la tarjeta oficial y al
dinero de todos mientras un nutrido número de ciudadanos no puede pagar el
alquiler, la luz, la contribución, la comida de la familia o los zapatos de sus
hijos.
Quisiera que vivieran un mes en un poblado subsahariano
viendo cómo diariamente mueren niños, ancianos y vecinos de hambre y de
miseria, preguntándose si también a ellos va a mirarles pronto la muerte
directamente a los ojos. Después pasarían unos minutos reflexionando sobre los
aviones de combate y los superblindados o sus coches y sus despachos oficiales,
así como sobre la necesidad de imponer incondicionalmente una tasa a todas las
transacciones financieras.
Deseo que pasen un curso entero dentro de un aula
cualquiera, aburriéndose como ostras, con el solo temor de suspender, la sola
meta de superar un examen, el solo premio de una calificación y el solo
propósito de pasar lo más desapercibido posible. Deseo que escuchen después que
da igual veinticinco que treinta y ocho alumnos en el aula o que el centro
cuenta con menos profesorado por falta de dinero. Deseo que tengan una
enfermedad grave que les deje muchas noches sin dormir, y que el hospital no
pueda atenderles hasta unos cuantos meses después porque se ha recortado el presupuesto
y el personal sanitario. Deseo que se vean ancianos y los jubilen con una
pensión de 650 euros. Al cabo de treinta días, los despertaré, quizá
momentáneamente, de esa pesadilla y les invitaré a que hablen sobre sanidad
pública, educación pública y servicios públicos básicos.
Deseo que un día los saquen de sus despachos y les
comuniquen que no vuelvan al día siguiente, pues están despedidos. Sin
tarjetas, coches oficiales, catering, sueldo, prebendas y privilegios. En el
mejor de los casos, percibirán 45 días por año de indemnización y tendrán
derecho a engrosar las filas de parados en la oficina de desempleo, pero se les
rogará comprensión y patriotismo, pues se trata solo de modernizar y
flexibilizar el mercado laboral. Mientras esperan a que les toque el turno en
la fila, podrán meditar sobre la última reforma laboral perpetrada por el
Gobierno, a la vez que limpian montes quemados.
Conozco gobernantes y dirigentes honrados y responsables,
pero solo exijo ya que de entre todos ellos surja únicamente un volcán de
rebelión donde vindiquen junto con todo el pueblo un mundo de igualdad y
libertad, donde la sanidad, la educación, los medios de producción y
financiación sean del pueblo y para el pueblo, donde los emigrantes que llegan
a un islote sean llevados, a una de tantas mansiones vacías o mal empleadas,
por ejemplo, de Puerto Banús.
Deseo que nuestros gobernantes y dirigentes encabecen una
revolución (interior y social) o abandonen inmediatamente, por las buenas o por
las menos buenas, sus cargos. Deseo que, como dice Benedetti, se
comprometan a lo que sea y hasta las cachas con su pueblo y estando con la
gente a su lado se den ya por bien retribuidos.
Gracias por tus reflexiones y que, como premio por hacernos partícipe de ellas, pases una tarde mejor de lo que la estás pasando y que tu cuerpo se vuelva tu aliado y no tu enemigo... Con todo mi afecto, simpatía y admiración.
ResponderEliminar¡GRACIAS!
ResponderEliminarSALUD, TRABAJO Y ABRAZOS
Genial Antonio. Muchas gracias.
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