jueves, 20 de junio de 2013

Diario de un perroflauta motorizado, 15

Una amiga me cuenta en un email que en el colegio público zaragozano Ramón Sainz de Varanda, donde estudian algunos niños de su familia, dos niños se desmayaron ayer por falta de alimentos. Mi corazón se encorajina con la noticia y me encamino con mucha rabia e indignación a los Juzgados de Zaragoza, donde comparece un profesor por los sucesos acaecidos el pasado 15 de mayo. Desconozco cómo ha ido, pues a las 10,50 horas ya me encontraba en el portal de la Consejera.
La jornada ha transcurrido bien. Lo más relevante, mi tocayo Antonio ha venido desde Morata a estar allí, conmigo, ante el portal de l acalle Alfonso I, nº 26. Antonio es una persona ejemplar y fascinante, que dejó la comodidad y el dinero de su vida en Madrid para vivir en Morata de su trabajo en el campo y de su pensión, junto a su mujer y sus cuatro hijos. Cada vez que vuelvo a verle, me convenzo más de que Antonio rompió el molde de esa maravilla de ser humano.
No me resisto, en su homenaje, a dejaros unas reflexiones sobre escuela pública:


Actualmente hay cada vez más gente que vuelve a creer en los reyes magos. Así, por ejemplo, interpretan que no trabajar los fines de semana o disfrutar de vacaciones en verano o que la ley garantice unos derechos laborales básicos son cosas llovidas del cielo o simplemente que han existido desde tiempo inmemorial por obra y gracia de los señores reyes magos. Olvidan o ignoran que no hace tanto se trabajaba todos y cada uno de los días del año, desde que se tenía uso de razón y sólo mientras el rendimiento fuese satisfactorio para el patrón. Cada paso hacia adelante, cada conquista, cada logro de los trabajadores han supuesto un alto coste en lucha, represión y sufrimiento.

La patronal, los gobernantes, el poder no regalan nada, y sólo ceden si no tienen otro remedio. Aunque suene a tópico, olvidar o ignorar la propia historia conlleva el riesgo de repetirla (errores incluidos). Pues bien, en los últimos tiempos estamos repitiendo torpemente la historia (y -de paso- volviendo a creer en los reyes magos). Los grandes empresarios y los grandes banqueros no son unos señores especialmente malvados, simplemente van a lo suyo, y además -hay que reconocérselo- son unos verdaderos maestros en vendernos sus propios intereses envueltos en el papel de regalo del interés general.

También en el mundo de la educación, y especialmente de la escuela pública, aumenta el número de quienes parecen creer en los reyes magos (con el agravante añadido de que aquí los olvidos y las ignorancias son -como mínimo- culposos). No hace muchos años España estaba plagada de analfabetismo e incultura, buena parte de los niños y de los jóvenes no estaban escolarizados y la enseñanza privada (sobre todo religiosa) poseía y manejaba la educación, en gran parte al servicio de las clases pudientes y dominantes. Hoy, en cambio, poseemos unas leyes y unos instrumentos en materia educativa que aspiran a hacer extensiva una enseñanza de calidad para todos, sin excepción, que no sea patrimonio de unos cuantos y de la que nadie quede excluido. Se trata de una indudable conquista social, de la aspiración a lograr mayores cotas de justicia y bienestar para todos y cada uno de los ciudadanos. Sin embargo, no son pocos los que están olvidando o ignorando  (¿consciente e intencionadamente?) que no se trata de regalos de los reyes magos, sino producto del esfuerzo y la lucha por unos ideales por parte de muchos durante mucho tiempo, en contra de otros intereses y frente a otros grupos de presión fuertes y poderosos.

Ahora están creciendo como hongos los amnésicos (¿deliberadamente?) que suspiran por un retorno más o menos camuflado del pasado, aunque éste incluya (o precisamente porque incluye) todo un sistema coercitivo y elitista de enseñanza, en el que son altamente valorados el orden, el principio de autoridad y la disciplina, así como también la preservación y la consolidación de las desigualdades. Tales amnésicos reivindican más horas y más valoración de las humanidades, pero parece preocuparles mucho menos que esas y otras muchas materias se hayan solido impartir de forma tan deshumanizada como tediosa. Se lamentan de la pérdida del “nivel” en sus asignaturas, pero ni  preguntan a sus alumnos por la bondad y la eficacia reales de sus métodos ni parece importarles en demasía  la reforma del sistema para acoger también (y en igualdad de condiciones y de oportunidades) las necesidades de los estratos más desfavorecidos de la población.

La escuela pública no es un simple edificio o conjunto de edificios donde acuden cada jornada alumnos y profesores. La escuela pública es una apuesta por un proyecto concreto de España, frente a otros proyectos -mucho más influyentes y consolidados desde hace siglos. En ese sentido, la escuela pública está por hacer y abandonarla indolentemente a la presunta equidad de la presunta “libertad de enseñanza” (es decir, a los mágicos designios de los reyes magos) es condenarla de hecho a la ruina.

Los alumnos no llueven del cielo. A ellos y a sus familias hay que ganarlos con hechos y realidades tangibles, con una oferta de calidad que cubra real y satisfactoriamente sus necesidades educativas  (y no sólo las estrictamente académicas). Los alumnos no se forman mediante el simple automatismo de ocupar un pupitre en un aula. Hay que echar mucha imaginación e ilusión para seguir construyendo una escuela pública que merezca la pena,  y para eso hay que creer muy mucho en lo que se hace, y en porqué y para qué se hace. De lo contrario,  esperar que sean los reyes magos quienes solucionen los problemas no deja de ser una  coartada para seguir anquilosados en la pachorra, en el lamento estéril y en la vida vegetativa.

Hora es ya de tener las ideas muy claras y de no andarse más por las ramas: o contamos con una escuela pública de calidad, fuerte y creativa, en la que tengan cabida todos los ciudadanos y que aspire a una educación cabal y real de todos ellos, o las desigualdades serán cada vez mayores en nuestro país. O estamos convencidos de que el presente y el futuro de la escuela pública depende únicamente del trabajo y de la lucha, del esfuerzo y del compromiso por parte de todos, o no cabe otra posibilidad que la de escribir una carta a los reyes magos, preferentemente vía Internet.

Hora es ya de salir hoy a la calle en defensa de la escuela pública. Todos. Unidos.







No hay comentarios:

Publicar un comentario

Si lo deseas, puedes hacer el comentario que consideres oportuno.