domingo, 29 de noviembre de 2015

A propósito de una necrológica de Franco



 PUBLICADO HOY EN ARAINFO.ORG
No podía dar crédito a esa esquela mortuoria y a mi estupefacción le sobrevino pronto una buena dosis de indignación: El Heraldo de Aragón incluía el pasado 20-N una necrológica en memoria del dictador Francisco Franco Bahamonde, quien, según reza dicha esquela, “entregó su alma al Señor” tal día como aquel del año 1975. Más abajo, y en negrita, se leía: “La clase obrera agradecida no te olvida”.

Me quedé pensando que, sin ningún género de dudas, la clase obrera no le había olvidado, dado que, entre otras lindezas, abolió cuantos derechos y libertades no se ajustaban a su régimen y fusiló aun después de acabada la guerra civil a miles de trabajadores y trabajadoras, por el simple hecho de ser de un partido o un sindicato de izquierdas, así como también prohibió bajo severas condenas el derecho a la libertad de sindicación y otros derechos más de la clase trabajadora, escudado en la pantomima pseudopolítica (como todo su pseudoideario) del “sindicato vertical” y los Principios del Movimiento.

No obstante, los autores de la esquela adolecen de rigor morfológico y sintáctico, pues dicha necrológica no dice “la clase obrera, agradecida, no te olvida” (=toda la clase obrera te está agradecida y no te olvida), sino “la clase obrera agradecida no te olvida” (=aquella clase obrera que te está agradecida –la poseedora de la encomiable virtud de la gratitud- no te olvida). En resumidas cuentas, una simple cuestión de comas crea una mezcla de  vodevil y de opereta en memoria del mayor firmante de penas de muerte en toda la historia de su España Una, Grande y Libre, “sin que le temblara la mano”, al decir de sus hagiógrafos).

Pero mi estupefacción e indignación, por muy gato escaldado que ya sea, ante la esquela en memoria del golpista y dictador Franco, respondían también a que aún siguiese habiendo medios de comunicación capaces de incluir en sus páginas semejante bofetón democrático en la cara de la ciudadanía, cada vez más enrojecida por los bofetadas que vamos recibiendo diariamente. El 20-N nos asestaron sendas bofetadas desde ABC, La Razón y un cierto largo etcétera, en el que está incluido también El Heraldo de Aragón. He visto escrito hasta la saciedad el mismo mensaje en los últimos días:

¿Admitiría cualquier medio de comunicación alemán una esquela en memoria de Hitler? ¿Qué rasgadura de vestiduras y alaridos al viento lanzarían esos mismos medios hispanos si llegase a sus oídos que en algún lugar del mundo alguien hubiera osado poner una esquela en memoria de Stalin? ¿Es admisible dentro de unos valores democráticos una esquela en memoria de Franco tras 40 años de su muerte?

Hace escasas semanas surgió la noticia de que el periodista Miguel Ángel Aguilar había sido despedido de El País tras haber escrito un artículo en el New York Times donde cargaba contra dicho Diario. The New York Times invitaba en esas mismas páginas a varios periodistas españoles más a analizar, valorar y reflexionar sobre temas similares como las presiones políticas contra la prensa, el control y la falta de objetividad debidos a esta causa, las medidas del Gobierno de Rajoy o la ley mordaza. En dicho reportaje, esos periodistas denunciaban cómo las presiones gubernamentales y financieras han minado la capacidad de los diarios, su independencia y su libertad de información y opinión. Me queda la duda de si la inclusión de la esquela de Franco el 20-N en El Heraldo de Aragón responde a las causas aducidas o también a la afinidad ideológica y de intereses personales y familiares.

En esos días, el economista y politólogo, Vicenç Navarro, miembro también de ATTAC España, publicó un artículo titulado El “New York Times” lleva razón: no existe pluralidad en los medios http://www.vnavarro.org/?p=12832 de indudable interés. Entre otras cosas, dice:

La evidencia es abrumadora de que el New York Times y la percepción popular sobre los grandes medios de información llevan razón. En realidad, el New York Times se quedó corto, pues incluso podría haber aportado más evidencias de cómo los gobiernos compran la complicidad de los medios (tanto públicos como privados) a base, en el caso de estos últimos, de subvenciones públicas. Un ejemplo claro de ello son las subvenciones que el gobierno de sensibilidad liberal de la Generalitat de Catalunya da a los mayores rotativos que se publican en esta comunidad autónoma, cantidades más que respetables, que aumentan según la docilidad de tales rotativos hacia el gobierno. Según la revista El Triangle, el Departamento de la Presidencia de la Generalitat ha dado 810.719 euros a La Vanguardia, 463.987 euros a El Periódico, 457.496 euros a El Punt Avui, 205.484 a Nación Digital, 136.998 a Vilaweb, y un largo etcétera, cantidades que el público tiene dificultades para conocer, a pesar de que son fondos públicos”.

Cabe, pues, una pregunta más: ¿Cuánto y cuándo reciben del poder (político, económico e ideológico) como subvenciones directas e indirectas los distintos medios de comunicación en Aragón? ¿Dichos datos están a disposición de la ciudadanía aragonesa? ¿Puede considerarse incluso también como ayuda indirecta que el Gobierno de turno incluya en su nómina a diversos y relevantes cargos de algún medio privado de comunicación, evitando así a ese medio costosas indemnizaciones y el desgaste socio-económico de un previsible ERE?



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