sábado, 26 de septiembre de 2015

27-S, el síndrome de Tourette y el Baile de San Vito




PUBLICADO HOY EN EL HUFFINGTON POST
Aún no conozco los resultados de las elecciones catalanas del 27-S, pero he de confesar que, observando el lenguaje verbal y corporal de algunos candidatos y otros políticos, sus acciones y reacciones, sus actitudes en general, estoy hondamente preocupado, pues sospecho que no pocos de ellos padecen un trastorno neuropsiquiátrico, conocido como Síndrome de Tourette.

Dicho síndrome se caracteriza por la existencia de múltiples tics en movimientos y en el lenguaje que dificultan sobremanera la expresión y comprensión de lo que la persona afectada quisiera expresar. De hecho, las distintas opciones políticas en la campaña para las elecciones catalanas poco han dicho sobre lo que quieren y proponen, y mucho, en cambio, sobre las incongruencias y puntos flacos de las posiciones adversarias. Vete a saber, al final, si la votación del 27-S es un plebiscito o unas elecciones a un parlamento local, si es suficiente para declarar la independencia la mayoría de escaños o la de votos o ninguna de ambas, si hay que rezar y hacer vigilias por la unidad de España o repicar las campanas por una Catalunya lliure, si habrá más clásicos en la Liga española, si en el corralito se hablará solo catalá o también castellá, si podremos pagar la deuda en caso de secesión catalana, si los pensionistas de allá o de acá cobraremos nuestra pensión…

Nos hemos estado comiendo durante toda la campaña electoral un revuelto de apoyos, advertencias, conminaciones, descalificaciones, descripciones apocalípticas de la situación a corto plazo del adversario e incluso revolcones de presidentes de gobierno en alguna entrevista radiofónica. Finalmente, la conclusión parece clara: para unos, el edén advendrá con la independencia de su país; para otros, atentar contra la unidad de España es un error ciclópeo y sobre todo (la madre de todos los argumentos en contra) ilegal; para el resto, ni sí, ni no, sino todo lo contrario; y así mucha gente de buena voluntad estaba antes indecisa, pero ahora ya no está tan segura.

Los políticos en liza durante la campaña electoral del 27-S han aparentado estar, en cambio, tan firmes y seguros, que incluso a veces he llegado a pensar que no les cabía la menor duda por tener una cabeza tan pequeña. No obstante, me cabe la esperanza de que, así como los tics propios del síndrome de Tourette pueden aumentar o disminuir crónicamente, esos políticos pasarán por un recrudecimiento transitorio de los síntomas a medida que se acerque diciembre y las elecciones generales, pero encontrarán mejoría pasada ya la vorágine de tanta campaña y tanto descalificar, mentir y desgañitarse ante los ya convencidos.

Por otro lado, característico del síndrome es también en algunos casos la coprolalia o tendencia patológica a proferir palabras y expresiones  descalificatorias o despectivas, disfrazadas en ocasiones como chistes, chascarrillos u ocurrencias, cuyo primordial objetivo es arrancar el aplauso del auditorio, llamar la atención de los medios, pero en ningún caso describir o criticar seriamente al adversario. Debo añadir que los varones sufren este síndrome 3 ó 4 veces más que las mujeres, como fácilmente puede observarse en telediarios, tertulias, mítines u otros alborotos electorales.

Aunque de momento no hay cura para el síndrome de Tourette, muchos pacientes mejoran a medida que maduran, lo que me hace pensar en la inmadurez de algunos de nuestros políticos, pero también en la esperanza de su mejora si dedican tiempo a pensar, leer, reflexionar, alimentarse bien o ir periódicamente al psicoanalista, según los casos.

Por último, durante la campaña electoral del 27-S he podido observar también que algunos candidatos, abrazados incondicionalmente a la columna de un etéreo federalismo, padecen de un síndrome similar, conocido como la Corea de Sydenham, mal de San Vito o baile de San Vito, que en ciertos casos aparece como fuertes y ostensibles movimientos involuntarios, que pretenden asemejarse a una danza o baile. El político afectado incluso se cree entonces gracioso y popular. 

Pensando en los unos, los otros y los de más allá, siento ahora la necesidad obsesivo-compulsiva de ponerme a cantar algo que debería servir de común denominador a tirios y a troyanos:

Catalunya, triomfant,
tornarà a ser rica i plena!

Endarrera aquesta gent

tan ufana i tan superba!




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