martes, 15 de septiembre de 2015

Diario de un profeflauta motorizado, 565


Llego a Puerta Cinegia, luce el sol, a pocos metros terrazas con mucha gente acabando de desayunar. Despliego el cartel (es el momento eléctrico de la jornada: no pocas miradas se clavan entonces en el cartel y en el profeflauta) y Cioran con su pelo revuelto y peinado en cresta se cuela dentro de mí y me dice: “Toda la naturaleza es un embeleso decorativo de nuestra música interior”. Me quedo muy pensativo. La música interior, sí, en nuestro interior hay música o debe haberla. Es una música que no se percibe con el oído, sino mediante la inmersión en uno mismo, hasta hacer desaparecer el mundo que te rodea. Allí, escuchando su bello equilibrio, la naturaleza regala su “embeleso decorativo”. Árboles, hojas, nubes, personas, farolas, automóviles, tranvías, risas y llantos no provienen de fuera, si es que los queremos contemplar como realmente son, sino que bullen y brotan de dentro. Cioran se queda conmigo toda la mañana, compartiendo nuestra música interior, haciéndola una y la misma.

Mañana plácida, con buena compañía.






Chopin nos inyecta directamente en el alma quietud, tranquilidad y música interior.



Hasta mañana

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