lunes, 16 de mayo de 2016

Diario de un profeflauta motorizado, 709. Una estrella de barro


Ayer me entregaron una Estrella de Barro “A los valores humanos” en el salón de actos del Centro Cívico de Valdefierro, con motivo del IX Acto por los Valores Humanos coordinado por la Asociación de Vecinas y Vecinos Las Estrellas del Barrio de Valdefierro. Fue un hermoso acto donde se dieron cita muchas personas luchadoras por sus ideales y su entorno. Particular valoración me merece un escrito de la Asociación dirigido a mí y escrito particularmente por el entrañable compañero Eduardo Picazo.

Dirigí unas palabras de agradecimiento cuando me hicieron entrega de la Estrella, el escrito y también una hermosa rosa. No pude resistirme a manifestar la cierta confusión que me produce la expresión “valores humanos” (como si hubiese algún valor que no fuese humano). Consultando cualquier sitio web que hable de tales valores se roza la mojigatería. Por ejemplo, http://www.fotoscantabria.com/valores.humanos.htm. En mi opinión, la expresión es restos de la ideología implantada durante el nacionalcatolicismo, donde existían las virtudes teologales y los valores “transcendentales” y, dependientes de ellos, como valores de segunda división, estaban los “valores humanos” (algo así como la buena educación y la urbanidad).

Por lo demás, ayer 15-M. Observé el afán de fagocitación del 15-M por parte de algunos Partidos y asociaciones. Basta repasar los programas, las reivindicaciones y los silencios actuales sobre algunos temas fundamentales para percatarse de la distancia que media entre ellos y el movimiento 15-M. Por cierto, ¿ahora sí que ya nos representan? Quisiera que hablaran de deuda pública, del artículo 135 de la Constitución, de la deuda ilegítima del Estado, de la banca pública, de la nacionalización de los servicios públicos fundamentales, de la salida del euro, de la depauperación imparable de una parte considerable de la especie humana debida a un sistema de depredación económica en beneficio de una selecta minoría de hiperricos…

“No te sulfures, Antonio”, me dice Leonard Cohen, sentado a mi lado, mientras escribo. Me da unas palmaditas en la espalda y  se pone a cantar In my secret Life.


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