jueves, 21 de noviembre de 2013

Diario de un perroflauta motorizado, 125

Hacia las 10,50 de esta mañana se acerca un cura vestido de cura con un traje, un abrigo y una bufanda de cura. Al final contaré este encuentro.
Ahora quiero que, si te apetece, puedas escuchar durante la lectura un fragmento del segundo movimiento de la Sinfonía n.º 3, op. 36, del compositor polaco Henryk Górecki, sinfonía que me descubrió hace años mi hermana Alicia. Aquí tienes un fragmento del segundo movimiento, inspirado en un mensaje escrito en la pared de una cárcel de la Gestapo durante la segunda guerra mundial. Se trata de una inscripción garabateada en la pared de una prisión de Zakopane, al sur de Polonia por una adolescente de dieciocho años Helena Wanda Błażusiakówna, encarcelada el 25 de septiembre de 1944: «Oh mamá, no llores - Inmaculada Reina Celestial, socórreme siempre»
Buena parte de su familia murió en los campos de Dachau y Auschwitz y Górecki cuenta, tras una visita a los campos: «En la prisión, toda la pared estaba cubierta de inscripciones que clamaban: 'Soy inocente', 'Asesinos', 'Ejecutores', 'Liberadme', 'Salvadme', etc. Todo era chillón y banal. Los adultos escribían este tipo de mensajes, pero he aquí una chica de dieciocho años, casi una niña. Ella es diferente. No desespera, no llora, no exige venganza. No piensa en sí misma, en si merece o no este destino. En cambio, piensa en su madre, que es quien experimenta la verdadera desesperación. Esta inscripción es algo extraordinario. Y realmente me fascinó».
No tiene explicación racional, pero hoy necesito sentir muy cerca a todas las víctimas de la violencia, la xenofobia, la esclavitud y la explotación laboral y sexual, la guerra, el odio. Quizá sea en parte por las leyes opresoras aprobadas últimamente por el PP, que pretenden arrebatarnos nuestros derechos y nuestras libertades. Tengo necesidad de estar con la inocencia del mundo que tanto amó y nos enseñó a amar Albert Camus.

Hoy algo menos de frío que ayer. El día ha comenzado con unos whatsapps repletos de buenas noticias de mi hija Bego. Bego es valiente y comprometida. Vive como piensa y piensa como vive. Estoy orgulloso y contento de ella y por ella.  
Cuando ha llegado Marisol, ha empezado a lloviznar.

Hemos tenido unas cuantas visitas, rápidas y bienvenidas. Gabriel se ha detenido unos minutos a conversar con Marisol y el perroflauta. Especial alegría ha sido poder saludar a Sergio. El perroflauta motorizado conoció a Sergio y a Marta, su actual mujer, en una concentración en la plaza de España. El perroflauta motorizado había anunciado ya por internet que al día siguiente comenzaba su visita diaria al portal de la Consejera, pero no tenía una camiseta verde de Marea Verde. 
A una decena de metros, el perroflauta motorizado los vio, les explicó la situación y les pidió hacer un trueque: la camiseta vede que llevaba Sergio por la camiseta roja –recién estrenada- de Stop Desahucios que llevaba puesta el desde la mañana siguiente perroflauta motorizado. Aquella camiseta verde era un regalo muy especial de Marta a Sergio. ¡Cuánto les agradezco su generosidad! El trueque se realizó y durante unas semanas, hasta que consiguió otra camiseta más, el perroflauta motorizado lavaba aquella camiseta los viernes para ponérsela limpia y seca los lunes. Marta y Sergio acaban de tener a Lidia, una niña que estoy seguro de que será tan hermosa por dentro y por fuera como sus papás.

Y ahora la anécdota del cura, al poco de llegar el perroflauta motorizado al portal de la Consejera:
Se acerca un cura vestido de cura con un traje, un abrigo y una bufanda de cura Me mira condescendiente, menea la cabeza, sonriendo, durante unos segundos (tiene, al menos una pieza de oro en su dentadura), y finalmente me dice: “Una educación sin fe no es una verdadera y completa educación”.
El perroflauta motorizado no contesta. Mira fijamente al cura, mientras aúlla por dentro de exasperación: no aprenden, porque ni siquiera  preguntan; no preguntan porque tienen la cabeza tan pequeña que no les cabe la menor duda.
Mairena también sonríe (su sonrisa nada tiene que ver con la de aquel cura), contemplando la escena. “Antonio”, dice Mairena, “hablan de lo que ni siquiera se atreven a pensar. Un acto de fe, decía mi maestro Abel Martín, no consiste en creer sin ver o en creer lo que no se ve, sino en creer que se ve, cualesquiera que sean los ojos con que se mire, e independientemente de que se vea o no se vea”. Y añade Mairena (apenas se ven sus ojos entre la gorra y la bufanda que le tapa boca y nariz): “Cuídate de los que hablan de la fe como una cláusula más de su profesión: esos no creen nada ni en nada ni en nadie”.
Aparece entonces Emmanuel Kant, menudo, con su considerable nariz enrojecida por el frío. Se frota las manos con fuerza para que entren en calor, y comenta: “Estamos empeñados en crearnos ficciones e ir con nuestra mente más allá de sus propios límites. Queremos creer en los cuentos, queremos que nos cuenten cuentos. Hace muchos años escribí en la Crítica de la Razón Pura que parecemos a una paloma que, al sentir la resistencia del aire cuando vuela, imagina y suspira por volar en un espacio vacío. Platón inventó otro espacio vacío con el mundo de las Ideas, donde el color, el sabor, el calor, el sonido, el tacto de las cosas concretas que tenemos a casa quedan arrinconadas y minusvaloradas porque Platón prefiere volar en la ficción por medio de las alas de las ideas”. 

Llega en esos momentos Nietzsche con un hombre alto y fuerte, de larfa cabellera y largas barbas. “Hola, os presento a Zaratustra”, nos saluda así Nietzsche, “acaba de bajar de las montañas y no para de pensar en el cura ese vestido de cura que ha pasado hace unos minutos. Di algo, Zaratustra”.
Zaratustra nos mira de hito en hito, y exclama: “¡Será posible! ¡Este viejo no ha oído todavía nada de que Dios ha muerto!”.
Son las doce en punto de la mañana. El cántico católico “Bendita y Alabada” se expande desde el Pilar por toda la ciudad.
“¿Y qué opinas de la enseñanza de la asignatura de religión en la escuela pública en periodo lectivo y del nuevo tratamiento que recibe en la nueva Ley Wert, perroflauta motorizado?”, pregunta una mujer, de nombre Ángela Carballino, que no ha perdido palabra de toda la conversación.
No hemos dejado de hablar sobre este tema”, responde el perroflauta motorizado. “Es un solo, único y el mismo perro, con distintos collares”.

 Hasta mañana.

3 comentarios:

  1. Eres capaz de llenarme el día, de darlo por aprovechado solo con leer todo lo que escribes. Gracias por mandarnos este maná de sabiduría.
    Al cura podríamos decirle, para que entendiese eso de la fe, que fe es lo que tenemos en ti. Con educación, eso sí. Gracias, Antonio.

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  2. Mucho animo Antonio. De los amigos del Frente Cívico.

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